Opinión

La decisión de emigrar


A pesar de las diferencias históricas y culturales entre los países de la región centroamericana y de las clásicas teorías migratorias, las causas de la emigración de nuestros hermanos son casi siempre las mismas: pobreza, desempleo, desesperanza y en general la falta de oportunidades.
Las secuelas de la migración son muchas veces inimaginables tanto para quienes logran cruzar la frontera como para quienes mueren en el intento. La edad y sexo de las personas hoy en día no determinan la migración; se van hombres y mujeres jóvenes, adultos, solteros, casados, profesionales, estudiantes y en general todas aquellas personas que no tienen oportunidades de desarrollo en sus empobrecidos países de origen, pero que tienen un capital humano mínimo que les permita afrontar los desafíos de un viaje desconocido y la difícil tarea de incorporarse en mercados laborales, por cierto cada día más saturados.
Hoy en día la migración irregular no solo encuentra sus principales amenazas en algunos estados receptores que invocando el principio de soberanía y seguridad nacional endurecen sus políticas migratorias ofreciendo la cárcel como una solución para frenar los altos flujos de personas que a diario intentan cruzar la frontera evadiendo los controles migratorios, sino también en el aumento del crimen organizado. La delincuencia común ha encontrado en los migrantes presas fáciles para saciar sus instintos criminales; violación sexual, extorsión, amenazas, secuestros, asesinatos, entre otras modalidades delictivas.
Uno de los hechos que más ha conmocionado a nuestra sociedad en los últimos días y que da cuenta del drama que sufren las personas que emigran en forma irregular es el asesinato de setenta y dos migrantes cuyos cadáveres fueron encontrados en una finca ubicada en el Ejido de Huizachal, San Fernando Tamaulipas, México. Del total de las víctimas solamente treinta y un personas fueron identificadas por las autoridades como procedentes de Honduras, Salvador, Guatemala, Brasil y Ecuador. Probablemente las otras víctimas quedarán en el anonimato y serán enterradas en alguna fosa común, lejos de su familia y de sus raíces.
Por el testimonio de uno de los sobrevivientes de la masacre conocemos que las razones de los crímenes fueron la extorsión, chantaje y falta de cooperación de las víctimas con el crimen organizado, pero más allá del resultado de las investigaciones, lo cierto es que los hechos sangrientos denotan una vez más los peligros de la migración irregular y en particular la vulnerabilidad de nuestros migrantes en territorio mexicano.
El Estado mexicano tiene el reto de esclarecer estos crímenes como única forma de hacer resplandecer la justicia y reducir la impunidad dentro de su territorio, lo cual no es tarea fácil por encontrarse prácticamente desbordado frente a la escalada de violencia en sus diferentes expresiones, lo que resulta aún más evidente con la ejecución del fiscal designado para instruir la causa.
En virtud que el fenómeno migratorio es de naturaleza multi -causual reducir los flujos migratorios no es una labor sencilla ni tampoco a corto plazo, requiere de cambios en el nivel de vida de las familias que viven en los países más pobres de la región. En este sentido mientras los Estados emisores no logren mejorar su economía y empiecen a generar empleo en condiciones “justas” -lo que se traduce en mejor salario y mejores condiciones laborales- nuestra población seguirá emigrando a pesar de las constantes amenazas de las fronteras y corriendo el riesgo de perder la vida en el intento. El sueño consiste en que un día las personas tomen la decisión de emigrar de una forma voluntaria, consciente e informada como un verdadero ejercicio de derecho y no como una alternativa de subsistencia.

Albertocz83@yahoo.com.ar