Opinión

La unidad es un imperativo patriótico


En las últimas semanas se han dado varias expresiones de que existe una fuerte corriente de opinión acerca de la necesidad impostergable de constituir una sólida alianza de todas las fuerzas opositoras para sacar el país del marasmo institucional en que se encuentra.
La idea de que la unidad es un imperativo del momento y que sin ella el orteguismo seguiría avanzando en su proyecto autoritario y continuista, se está imponiendo en todos los sectores políticos y sociales. Solo se resisten a ella, o ponen dificultades, aquellos que se empecinan en mantener liderazgos desfasados, ampliamente rechazados por la opinión pública, motivados por personalismos y ambiciones de conservar cuotas de poder, aunque con ello le hagan el juego al avance del proyecto orteguista.
El día dos de septiembre, dos agrupaciones partidarias y de organismos de la sociedad civil, la Alianza Patriótica y la Coalición Democrática firmaron una Declaración conjunta en virtud de la cual decidieron conformar una instancia de coordinación permanente “dando así un primer paso unitario y para seguir avanzando con firmeza y prontitud, en el proceso de consolidar y culminar dicha unidad y, a la vez, concertar acciones conjuntas a favor de los derechos del pueblo y frenar los ataques que en su contra lanza, su enemigo principal, que no es otro que el gobierno de Daniel Ortega y sus aliados pactistas”. Además, los firmantes decidieron “exhortar a todos los demás partidos y organizaciones políticas y sociales del país para que ampliemos aún más el proceso de unidad contra el régimen y sus socios, basados en acuerdos programáticos y de principios, debidamente consensuados y no en torno de caudillos”.
El fracaso del intento de llevar adelante un proceso de elecciones primarias interpartidarias, que debe atribuirse a los partidos políticos involucrados que carecieron de la suficiente madurez y buena fe para llevar adelante este interesante proceso democrático, abre un nuevo escenario en el panorama político del país. Las primarias interpartidarias representaban un intento de encontrar la unidad de la oposición, por la vía de este novedoso instrumento. Sin embargo, su diseño, hasta el momento de su fracaso, omitía un punto medular para todo esfuerzo de unidad: La necesidad de consensuar, de previo, una agenda mínima o proyecto de nación, que sirviera de base a la alianza y que representara un compromiso a cumplir por parte del candidato único que triunfara en las primarias interpartidarias.
Ahora el reto de la unidad de la oposición se traslada a otro escenario: la posibilidad de consensuar una candidatura única, sobre la base de una agenda mínima de nación.
En este sentido, vemos con simpatía la primera propuesta que se ha hecho de un candidato de consenso, que ha despertado entusiasmo en muchos sectores, como lo es la candidatura de don Fabio Gadea Mantilla, cuya trayectoria es bien conocida y respetada por la gran mayoría de los nicaragüenses.
La oposición consciente, y que realmente se siente comprometida con Nicaragua y no con intereses caudillistas y personales, debe estar convencida de que si no va sólidamente unida a las elecciones del 2011 se repetiría la triste experiencia de lo que sucedió en las de 2006.
Sin embargo, todos estos esfuerzos deberán estar precedidos de la lucha por asegurar la conformación de un Consejo Supremo Electoral integrado por personas capaces, idóneas e independientes, que aseguren al pueblo de Nicaragua que sus votos serán contados con transparencia, honestidad y objetividad.