Opinión

4 gatos

Ojalá que el dueño del partido entienda que no se necesita andar garroteando a nadie para vivir como personas; que se debe pagar sus pensiones a esos corajudos dirigentes de la tercera edad, que dejaron sus mejores vigores cuando les tocó trabajar; que se debe aumentar los salarios a los maestros, héroes anónimos y forjadores de la ciudadanía de hoy y de mañana; y a los trabajadores de la salud, sin cuyos conocimientos y destrezas literalmente moriríamos en las camas de los hospitales

Quienes vivimos la Revolución, tuvimos el privilegio de disfrutar cada mañana del asombro que nos proveía la genialidad del caricaturista Róger Sánchez, para los conocedores de este género, lo más destacado que ha producido Nicaragua, tanto que, a su temprano viaje, se le consideraba entre los 10 mejores del mundo. Sus Muñequitos del pueblo fueron célebres y fáciles de entender, sin importar la acera ideológica de sus lectores. A veces le bastaba un solo cuadro, sin palabras, para que Polidecto y sus camaradas transmitieran su humor y sus mensajes: elegantes y corrosivos, inteligentes y certeros, audaces y optimistas, oportunos y sin dobleces, como corresponde a un “acérrimo enemigo de todo tipo de autoritarismo, de la doble moral, la hipocresía, la falsedad, los excesos y abusos del poder, crítico de lo insólito y lo ridículo de la política y los políticos, pero que también reivindicaba el placer, la democracia, los derechos individuales y la igualdad entre hombres y mujeres”, como lo describió Sofía.
Y me he referido a Róger, porque recordé aquella caricatura, en la que los partidos de la oposición de entonces, representados por cuatro gatos, llegan a la casa del FSLN, y quien abre la puerta, después de reconocerlos, anuncia: “¡Son cuatro gatos!”, expresión que en Nicaragua la utilizamos para referirnos a un puchito de gente que asiste a un evento, o que integran un grupo. Y la impresión que me produce la actual oposición política al FSLN es la de cuatro gatos que, por separado, andan buscando su leche. Basta oírlos en sus comparecencias en los medios de comunicación, en particular en la televisión, para saber que su tan pregonada unidad es tan sólo una quimera azul, pues cada uno de sus flamantes líderes quiere ser presidente, sin pensar en Nicaragua, donde por antonomasia los resultados de las elecciones se resumen en la suma cero, es decir, que quien
gana se queda con todo, costumbre que se ha hecho ley, como si de un botín de cosacos la cosa pública se tratase.
Aquí los políticos siempre van contra alguien, jamás a favor del país. Durante la lucha revolucionaria la consigna fue ¡Todos contra la dictadura!, ahora se les oye decir ¡Todos contra Daniel! Pareciera que el nuestro no fuese un país, y quizá a eso se deba que no tengamos ni expresemos una visión de nación, enunciada en planes de mediano y largo plazo, que contribuyan a sacar a Nicaragua del légamo donde yacemos estancados. Aquí, cada quinquenio, los politicastros reinventan Nicaragua, en un interminable teje y desteje, como el practicado durante años por Penélope en su desesperante espera. En nuestro país, quien llega al poder cambia lo que el anterior comenzó a hacer, porque cree que no es así, no sirve o no le gusta, sin importar el costo de la inversión social ni el futuro de tanta gente desprotegida. Esa es una de las causales por las que algo más de un millón de nicas integren la diáspora que rueda por el mundo, cantidad diez veces mayor de los que se marcharan cuando la guerra en la década de 1980.
Los partidos políticos son empresas privadas. Eso explica que, a excepción de los fallecidos, hoy veamos las mismas caras del siglo pasado. La gerencia ejecutiva partidaria ha proscrito el relevo generacional. Por eso, con un cinismo de agarrar raza, se oye al Dr. Alemán ofreciendo transparencia en su próxima gestión presidencial; o a Eduardo Montealegre, acusado de la autoría de un alzo multimillonario con los bonos Cenis, sin que haya demostrado que esa imputación es una treta política o un embuste contra su honorabilidad. Entonces, el residuo es la desconfianza. Y se ha comenzado a hablar de don Fabio como la mejor opción para unir a grupúsculos desgastados, fragmentados y proclives a las prebendas, por ser honesto y trabajador, cartas de presentación que deberían ser la regla y no la excepción. ¿Se imaginan el bochinche de antología que enfrentaría si “corriera” y ganara la presidencia, al intentar repartir el pastel? Además, sin menospreciar las canas ni el decoro de nadie, en un país donde el 60% de su población es menor de 30 años, lo más lógico es que lo gobiernen los jóvenes.
Recientemente, entrevistado por Danilo Lacayo -Director del mejor Programa de Opinión de Nicaragua-, oí a Jaime Arellano afirmar que un “líder de la oposición” declaró en público que apoyaba a don Fabio, -“para no echarse encima a la (Radio) Corporación”-, pero en privado rápidamente se retractó de sus declaraciones. En contraparte, el FSLN está en palco, fresco y amplio; dueño de la situación, y con una oposición asustada. No es para menos. Los resultados de varias encuestas indican que si las elecciones fuesen mañana, las ganaría el Frente con suficiente amplitud, sin necesidad de recurrir a las marañas del Consejo Supremo Electoral ni a las bendiciones de su Cardenal. -“Estamos asustados”-, declaró días atrás un alto directivo de AMCHAM, y como dicen los abogados: a confesión de parte, relevo de pruebas. Por otra parte, los sandinistas opositores tampoco escapan de la tendencia a la dispersión: por un lado se ve al MRS y, por otro, a los del Rescate, sin coincidir todavía en sus puntos de encuentros.
El gobierno sandinista ha construido calles, aceras y cunetas; escuelas, hospitales y viviendas; carreteras, donde nunca antes llegó nadie; ha entregado miles de gallinas, chanchos y semillas, y seguramente muchas cosas más que, por su incapacidad divulgativa, la gente ni cuenta se da. Le hace falta ser menos soberbio, menos arrogante. Hace años, Tomás declaró que fue la soberbia la causa de su derrota. Éste es un gobierno que apoya a los pobres, aunque haya quienes refuten esa aseveración, pero hay una verdad grande como la catedral: quienes están en la oposición nunca se preocuparon porque los pobres aprendieran a leer y escribir; nunca les dieron una mano para ayudarles a salir de las más bajas categorías de la existencia. Nada. La gente no tiene un buen recuerdo de ellos. Entonces, ¿cómo pueden pensar en ganar si sólo los buscan cuando necesitan sus votos? Hay convicción en miles de sandinistas de que este gobierno les ayudará a salir de la pobreza, la que dicen que ha sido reducida, pasando de pobreza extrema a pobreza. Lo que no oí decir fue si han aumentado
los ricos. Parece que sí.
Ojalá que el dueño del partido entienda que no se necesita andar garroteando a nadie para vivir como personas; que se debe pagar sus pensiones a esos corajudos dirigentes de la tercera edad, que dejaron sus mejores vigores cuando les tocó trabajar; que se debe aumentar los salarios a los maestros, héroes anónimos y forjadores de la ciudadanía de hoy y de mañana; y a los trabajadores de la salud, sin cuyos conocimientos y destrezas literalmente moriríamos en las camas de los hospitales. Ojalá que se entienda que se debe quitar la
ley del bozal, impuesta a profesionales, técnicos y demás trabajadores estatales que pasan la semana acallados, pero fuera de las oficinas, en especial los fines de semana, se carcajean de las torpezas de sus improvisados jefes, aunque el lunes vuelvan aparentemente doblegados. El comandante debe recordar que, como se dice en Las Segovias, “en caminos más oscuros nos ha agarrado la noche”... que este país es de todos, y que juntos, los y las nicaragüenses, hemos salido airosos, y podemos hacerlo una
vez más, mil veces más... ¡Viva Nicaragua!