Opinión

Sobre la semántica tipográfica


La escritura está hecha de letras, pero ¿de qué están hechas las letras? Así arranca este texto demasiado técnico, pero al mismo tiempo interesante por lo estrictamente científico. Me refiero al texto de Javier González Solas sobre la tipografía en el mundo moderno.
Se trata de ir más allá de la letra por la letra, más allá de la forma por la forma. Más que estilizar, edificar por medio de lo visual aquello que nos inunda de significado. Ir más allá de la moda que puede imponer un carácter tipográfico, y con esta moda, perderse todo el significado puro de cada letra.
¿Leemos lo que entendemos o solo leemos lo que queremos comprar? Muchas veces somos víctimas de la propia publicidad que producimos.
Y también somos víctimas de ese monstruo de mil colores y formas que se llama Diseño Gráfico. Esa máquina tipográfica que hoy gobierna nuestros sentidos, porque, hasta cierto punto, conduce nuestro dinero, lo atrae como un imán, lo escoge y lo esparce.
El Diseño Gráfico está hecho para venderse a sí mismo como una técnica al servicio de un producto más: el ser humano.
Hemos alcanzado niveles ficticios de proceder siendo lo que somos, masas cefálicas con ansiedad material que penden de las emociones movidas por la publicidad y el engranaje comercial de cada día.
Hemos entrado a la Era Digital como una mercancía más dentro del supermercado de los espermatozoides desinformados. El Diseño Gráfico está fabricado para reproducir humanos materialistas. Asimismo, está fabricado para fabricar técnicas tipográficas que encausen ese materialismo.
Es como una cámara fotográfica que en vez de retratar personas, retrata futuros clientes, compradores y usuarios potenciales. Vivimos en un mundo supermodelado por los rótulos y los estilos de letras cada vez más variados que entorpecen la reflexión, impiden profundizar y desorientan los temas trascendentales que al fin y al cabo resultan ser los temas que nos atan irremediablemente a la cotidianidad.
Con tanta saturación visual en movimiento, olvidamos que somos pasajeros foráneos del tiempo, criaturas en proceso de envejecimiento, antropometrías que se deslizan sobre sí mismas como dentro de una geometría anatómica vulnerable ante la brevedad de la existencia, la miseria de la piel que se nos desgaja del cuerpo como un vestido nervioso, aletargado, en constante caída libre por las leyes de la gravedad que nos jala hacia el suelo con la inercia pronta del espacio.
La tipografía es parte de todo ese proceso de envejecimiento social, biológico y psicológico. Ella nos rebalsa el subconsciente de imágenes en venta. Y tampoco es algo nuevo decirlo. No es algo que solo pertenece a este siglo recién parido entre dígitos multicelulares.
La tipografía empezó con los jeroglíficos. Y de los jeroglíficos se desprendieron miles de formas hasta llegar a la modernidad, donde los nuevos hombres de las cavernas, esta vez apostados en sus sillas de ruedas (como discapacitados oficinistas) se enfrentan diariamente a esa pared de infinitos pixeles llamado Internet, donde circulan como naves espaciales, artículos y noticias sobre política, farándula empresarial y demás bagatelas, futilidades que no tienen fin e inundan de basura no reciclable todo ese espacio en emancipación constante llamado, nuevamente, Internet.
Las letras han sido la representación visual de la arquitectura y la construcción social de las culturas del mundo.
Los monjes copistas de la Edad Media estilizaban las capitulares con elegancia y barroquismo para atrapar a los lectores antes que Johannes Gutemberg inventara la imprenta. Los primeros periódicos de Norteamérica se basaron en linotipos para hacer planchas calientes sobre formas tipográficas primarias. Es decir, la tipografía es el reflejo de nuestra evolución social cuando ésta no se manifiesta como un fenómeno opuesto al progreso humano.
Los signos y las tipografías contienen un coeficiente emocional determinado. Cada letra refleja un estado anímico. Las letras acostadas, chorreadas, derramadas en su paso por la lectura, denotan cierto estado psicológico deprimente. En cambio, las letras firmes, en columnas sobrias y lisas, tienen otras connotaciones psicológicas: seguridad, agudeza mental, decisión. Y así, sucesivamente, las formas van comunicando y trasladando al lector hacia mundos diversos de nuestra psique humana.
Pudiera parecer banal, pero este tipo de letra en el que escribo este artículo, se inspiró en otra etapa cultural y se fue colando entre los siglos hasta convertirse en una de las letras más utilizadas de la actualidad.
La tipografía, como herramienta del Diseño Gráfico, es riquísima. Sin embargo, hemos abusado de ella hasta convertirla en un fetiche. Este abuso no sale en las páginas de sucesos, pero refleja un problema social aún mayor: el hombre ya no controla ni siquiera lo que produce.

*grigsbyvergara@yahoo.com