Opinión

El acoso a La Prensa


La decisión del Ministerio del Trabajo, ilegalmente ordenando al Diario La Prensa que “reintegre” como empleados a quienes nunca lo han sido, porque se trata de proveedores del servicio de distribución del periódico, solamente puede ser entendida como un acoso a la libertad dea expresión y parte de la fobia a la democracia del gobierno de Ortega.
Es probable que algunos ciudadanos vean este tema, como otros que tienen relación con la legalidad e institucionalidad democrática, como algo lejano, sin trascendencia para sus vidas diarias. Quienes así lo vean, están equivocados, pues el contagio puede ser terrible.
Lo mismo podría ocurrir mañana con las farmacias, que contratan también servicios de distribución. ¿Qué tal si un dueño de farmacia, con vínculos orteguistas, se colude con las autoridades del Ministerio del Trabajo, y para hacer “quebrar” a la competencia le aplican la misma medicina que a La Prensa?
O con las pizzerías y restaurantes, que también contratan servicios de distribución. ¿Qué tal si se da la misma colusión que mencionamos en el párrafo anterior?
Y ya no se diga de los servicios de mensajería, que tantas empresas contratan cada vez más.
Pero también puede ocurrir con un pequeño o mediano productor lechero, que contrata el servicio de un transporte para que le lleve las pichingas de leche al centro de acopio. ¿Qué tal, si quienes se apalancan en la influencia política de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) para desahogar venganzas personales o políticas, ponen a los productores agropecuarios de su municipio, que contratan servicios de transporte, frente a la misma arbitrariedad que el diario La Prensa?
¿O si el contagio se extiende a EL NUEVO DIARIO, por su línea informativa independiente, y con frecuencia crítica?
Es obvio que las empresas víctimas de semejante arbitrariedad, independientemente de su tamaño, no podrían soportar la carga laboral de incorporar como empleados permanentes a quienes solamente brindan un servicio temporal, muchas veces ocasional y de pocas horas.
Entonces, al final de este camino, tendremos menos libertad, pero también menos empleos. Otra receta orteguista para la pobreza y el fracaso.