Opinión

¡Un mal estudiante de Darío!


Managua, sábado 28 de agosto de 2010

Lic. José Dolores Gómez

Mi estimado amigo Lolo:

He leído con atención y mucho de tristeza, los últimos escritos del señor Douglas Salamanca, quien dice ser estudioso de la vida y obra de nuestro panida Rubén Darío. Posiblemente lo sea, aunque todo indica ser mal estudiante, porque su estudio, con claro empeño de desfigurar y con evidente intencionalidad de ignorar y de no reconocer la grandeza y genialidad de nuestro poeta Rubén Darío, es a todas luces muy claro como asunto sobresaliente. Caso contrario o sus escritos revisten cinismo o manifiestan ignorancia.
Sus piedras dejan al descubierto su banal intención y fútil empeño de hacer el daño previsto, porque ante el muro de olas de la obra creadora del poeta, que ha reinado siempre en la cima donde se escucha la citara de Pan, las mismas piedras le rompen la cara al carísimo don Douglas.
En lo personal reconozco como nicaragüenses a dos figuras héroes y preeminentes como dignos representantes de nuestra identidad en el ámbito internacional. El primero y sin lugar a dudas el más grande, un héroe sin fusil y el otro un héroe que pequeño en tamaño fue un gigante luchador que tomó el fusil para hacer de su patria una Patria digna y sin injerencia extranjera en su suelo patrio. Esos personajes son Rubén Darío en primer orden y Augusto C. Sandino.
Darío como poeta genial permitió que nuestra Nicaragua sea reconocida con grandeza en el ámbito literario al ser cuna del genio de las letras que revolucionó la lengua y la historia literaria a través de su poesía, para que su nombre marcara un antes y un después en la lengua española.
El otro, Sandino, que como luchador consiente de la amargura que provocan los malos hijos, esos que ansiosos del poder que no escatiman el dolor y sufrimiento de los demás por mucho daño que provocan, con dignidad tomó las armas como un David, para hacer velar en su suelo patrio el honor soberano a costa de su vida, sin pedir un palmo para su sepultura.
Ayer conversando con el amigo Rolando Espinosa R., hacíamos referencia a la incapacidad prevaleciente en la naturaleza del nicaragüense. Esa incapacidad de no reconocer ni siquiera la grandeza de un hombre que como Darío sobresale en toda la historia de nuestra amada patria. Un Príncipe de las letras Castellanas que sin recibir en vida el honor de tanta genialidad, volcó en todas las latitudes y en todo su tiempo su amor por Nicaragua, sin dejar de ser cosmopolita ante la trascendencia de su obra. El fue un príncipe que admirando la belleza de la aristocracia, la tomó con sus manos de marqués sin dejar de reconocer el deleite ante sabor de su rico pinol en la jícara de su tierra natal. Y es que a pesar de los 15 años de ausencia por Buenos Aires, Madrid y París entre otros países de un mundo ajeno y diferente en ese tiempo, la nostalgia le acompañó por su trópico. “Su país ardiente y pintoresco habitado por gente brava y cordial, entre bosques lujuriantes y tupidos, en ciudades donde sonríen mujeres de amor y gracia…”, Rubén amo su bandera por muy parecida a de su querida Argentina.
Esa incapacidad de librarse del egoísmo, de sacudirse el ego maligno para reconocer lo bueno por ser grande y grande por ser bueno; esa incapacidad de hacer grande su Patria a través de los laureles de sus buenos hijos, por muy pequeño que su terruño lo fuese. Esa incapacidad y de provocar el fracaso ante la mediocridad, y la falta de visión con esperanza en el futuro, como “enseña triunfal”. Esa incapacidad de no reconocer que la plenitud del lenguaje poético de Darío perdura porque es Águila que vuela cerca del cielo, y es Alondra que canta con dulzura angelical y es León que ruge aun frente a las piedras y la tierra de sepultura, que manos de ciegos, que como los Douglas Salamanca hoy se empeñan en tirarles para su olvido, son en gran manera lo que hace prevalecer, esa incapacidad antes aludida.
Pero para el caso que nos ocupa, ¡vano esfuerzo de un mal estudiante de Darío!, porque Rubén a partir de su muerte física es el príncipe de las letras castellanas que subió para acompañar al grupo sacrosanto donde le acompañan entre otros Dante Alighieri, Miguel de Cervantes y Rebeláis, ante el llamado de todos “ven a ocupar tu asiento, ven a expandir tu espíritu detrás del firmamento. ¡Ven!”.
Atrás dejemos a los Salamanca, y junto sigamos firme hacia adelante acompañado del espíritu del que subió, como todo un bardo Rei ahí nos llama.

Abrazos.