Opinión

Nuestra tierra, nuestra sangre, nuestra historia

La UNAN-Managua fue la sede del X Congreso Centroamericano de Historia, celebrado entre el doce y el quince de julio de 2010, en el contexto del XXXI aniversario de la revolución nicaragüense y del lanzamiento oficial de la Cátedra Sandino

1. Contextualización
Al iniciar la última década del siglo veinte, sobrios caballos apocalípticos surcaban los cielos desde la antigua Europa del Este hasta los pequeños países centroamericanos, oscureciendo con sus alas los dogmas doctrinarios del socialismo real soviético y de los proyectos revolucionarios en Centroamérica y El Caribe.
En la URSS, la perestroika y la glasnot de Gorbachov profetizaron la caída del Muro de Berlín (noviembre 1989) y el fin de la guerra fría. La apertura y occidentalización del bloque soviético tuvieron resonancias inmediatas en Centroamérica. Panamá sufrió la invasión norteamericana en la Navidad de 1989. En 1990 el FSLN perdió las elecciones y la revolución sandinista fue interrumpida. Guatemala y El Salvador seguían ardiendo bajo el fuego subversivo y represivo, pese a los Acuerdos de Esquipulas. En medio de los últimos tres, Honduras preservaría hasta hoy bases militares dispuestas a intervenir o a revertir gobiernos subversivos del orden en su “patio trasero”.
Desde la teoría y desde la praxis de las ciencias sociales, el ámbito académico y el ámbito político vieron derrumbarse sus pilares paradigmáticos, como lo hicieran años después las torres gemelas de Nueva York.
¿Qué quedaba de los marcos teóricos socialistas como referentes para Centroamérica y América Latina? ¿Era verdadera la tesis del fin de la historia y de la sepultura de las redentoras utopías socialistas?. ¿Perdía la historia su carácter subversivo?. ¿Qué quedaba de la historia después del fin de la historia?. ¿Sería posible para las ciencias sociales construir nuevos acercamientos, nuevas categorías de análisis socio-histórico para las nuevas dinámicas sociales?.
Bajo una absorbente interpretación teórica de la realidad sociohistórica fundamentada en el marxismo, parecía que todas las disciplinas sociales quedaban sin marcos propios y sin contenidos específicos. Desde entonces se habla de la crisis de las humanidades
En el campo de la ciencia histórica se hizo necesario el encuentro y acercamiento de núcleos académicos para reflexionar sobre el contexto y los desafíos planteados a la historia desde la nueva realidad centroamericana. El primer congreso de expertos centroamericanos se produjo en 1992, en Tegucigalpa, Honduras, con tres mesas temáticas y la eventual generación de redes operativas. Dos décadas después la agenda ha incorporado un número creciente de temas relevantes alrededor de los cuales se construyen nuevas redes de trabajo.
Como anécdota significativa, los primeros congresistas narran el hostigamiento fronterizo de militares hondureños por los textos de historia que llevaban al evento: la historia considerada como conocimiento de subversión académica de la realidad.
En su última intervención como rector de la UNAN-Managua, el Maestro Francisco Guzmán enfatizó que la historia como proceso y como producto es subversiva. Al penetrar en su fenomenología revela la causalidad de los procesos sociopolíticos mediante métodos adecuados. Además, la historia es vigorosa porque renueva los sueños y aspiraciones de los actores, aún en medio de retrocesos, derrotas y decepciones. La formación integral universitaria debe incluir a la historia y a otras ciencias sociales, pues no hay universidad sin ciencias humanistas.
En mi opinión, si estas ciencias humanistas no están incidiendo con efectividad en las ciencias naturales, tecnológicas y administrativas, el punto de partida sería diagnosticar y humanizar las humanidades, y luego la universidad entera.
El rector Guzmán sugirió no quedarnos en un nivel macrocósmico y amorfo de la historia y de sus actores superestructurales, que pueden estar invisibilizados o sobredimensionados por los medios de comunicación, sino también apuntar hacia la construcción social de realidades regionales, municipales y comunitarias. Si la historia logra posicionarse en esa dialéctica científica, los distintos tipos de protagonismos personales serían superfluos.
El congreso celebrado en Managua intentó abordar ese tipo de reflexión y de posicionamiento.

2. Información general del Congreso
Nicaragua obtuvo la sede del Décimo Congreso Centroamericano de Historia durante el anterior realizado hace dos años en San José, Costa Rica, período oficial en que se han realizado los demás congresos.
El evento fue gestionado y organizado por el Departamento de Historia de la UNAN-Managua, logrando instalar un espacio de reflexión, intercambio y debate entre historiadores y analistas sociales extranjeros y nacionales en el contexto sociopolítico nicaragüense.
En ese espacio de reflexión tuve la sensación de que en medio de nuestras contradicciones Nicaragua sigue siendo atención del mundo y laboratorio, porque en ella concurren incertidumbres y voluntarismos de cara al devenir histórico. Sin que los académicos de distintas latitudes restaran relevancia a los procesos de sus propios países, pude ver en ellos a espectadores muy interesados en nuestros procesos sociopolíticos, como si Nicaragua fuese una especie de arquetipo o de medida de todas las demás realidades.
El banquete académico atrajo a más de doscientos visitantes procedentes de veintidós países y de varios continentes, y en él se inscribieron más de cuatrocientos participantes. Prevalecieron los historiadores docentes e investigadores, pero también hubo antropólogos, sociólogos, pedagogos y politólogos. Quines declaran asumir en sus prácticas profesionales una consciente vocación centroamericanista y latinoamericana, criticando y defendiendo a capa y espada sus perspectivas sobre las propias realidades de sus países.
Como elementos unificadores y aglutinadores de esta diversidad de pueblos y de cientistas sociales comprometidos se reconocieron la comunidad territorial, la herencia sanguínea que aún permanece en diversas comunidades étnicas de la región (pese a haber sido adulterada y diezmada por los invasores y colonizadores), así como los factores sociopolíticos, económicos y culturales de una historia común y cercana. Es decir, un sentido de pertenencia, integración e identidad basado en tierra, sangre e historia.
El gran desafío para el futuro inmediato es cómo potenciar estos factores en un contexto globalizante tendiente a la anulación de las identidades nacionales y a la desintegración de los intereses aglutinantes y propios de nuestros países. O sea, las aportaciones de la ciencia histórica a la integración e identidad de los pueblos Centroamericanos y del Caribe, como un acercamiento académico efectivo a la problemática real de los países.
Otros objetivos subordinados relevantes fueron la valoración y promoción de la historia en distintos ámbitos y niveles educativos, el protagonismo de los historiadores, los vínculos interdisciplinarios y complementariedades entre la historia y otras ciencias sociales, las fuentes y la historiografía, la docencia y la investigación, las redes de historiadores, y el impulso de un plan de acción a corto y mediano plazo que fortalezca e integre todos esos aspectos.
Todas estas finalidades fueron abordadas en el Congreso bajó distintas modalidades y medios de enseñanza-aprendizaje, entre conferencias magistrales, mesas redondas, coloquios, mesas de trabajo y videos orales documentales de recientes procesos políticos que han dejado abiertas las venas de las familias centroamericanas. En diecisiete mesas de trabajo se presentaron trescientos cuarenta ponencias. Institutos de investigación y editoriales universitarias ofertaron sus publicaciones y bases de datos en línea.
En buena medida los debates y desafíos actuales de la ciencia histórica centroamericana apuntan hacia aspectos conceptuales, epistemológicos e historiográficos; y hacia los usos más eficaces de las metodologías de investigación y enseñanza (como la provocativa historia oral y las novedades pedagógicas de la teoría crítica).
Los países manifiestan esfuerzos significativos para que en medio de la crisis de las humanidades, la historia ocupe un trono de princesa en las aulas de educación básica, media y universitaria; y para que su sabiduría sea escuchada en el diseño de políticas públicas.
Por tanto, persiste el ideal de que la historia se constituya en un instrumento de conocimiento y de acción en los distintos niveles o subsistemas educativos, y en distintas carreras, incluyendo las tecnológicas y las ciencias naturales. También interesa la práctica organizativa de los adeptos a la historia, sus nuevas formas de hacer historia científica y su relación con otras disciplinas en términos de aportes y enseñanzas recíprocas.
Pero, ¿podemos concebir un congreso de ciencias sociales que no haga alusión a los aspectos históricos de la política y de la ideología? La enseñanza de la historia y la investigación histórica, ¿son productos puros de quehacer científico o sobre ellas gravitan múltiples determinaciones? ¿Es factible aspirar a un balance entre lo técnico y lo ideológico, entre lo científico y lo político?
El siguiente apartado muestra parte del discurso oficial de las autoridades de la UNAN-Managua y una breve reflexión personal.

3. El mes de julio en la historia política
La inauguración del Congreso coincidió con un hito importante en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Centroamérica:
El doce de julio de 1927, Nicaragua fue intervenida por marines norteamericanos que al plantear la rendición de Sandino, produjeron su protesta enérgica contra la “sangre traidora e invasora” y el énfasis de “patria libre o morir” en el movimiento constitucionalista.
Ochenta y tres años después, la vigencia de esa ética nacionalista dependerá del posicionamiento de los agentes políticos, en un contexto en el que nuevas polaridades de actores internacionales oscilan entre el restablecimiento de procedimientos militares (bases, maniobras, guerra preventiva) y la aspiración de una paz regional que aún no se consolida.
Pero también en el mes de julio coinciden otros hitos de la historia mundial:
La independencia de los Estados Unidos de Inglaterra (1776); la revolución francesa (1789); la primera constitución política que con Bolívar en Venezuela aspira al ideal de integración latinoamericana (1811); la revolución liberal de Zelaya en Nicaragua (1893); el inicio de la gesta revolucionaria en Cuba inspirada en José Martí (1953); y la victoria revolucionaria de todo el pueblo nicaraguense (1979).
Nuevamente las palabras del Rector Guzmán me parecen siginificativas: Más allá de las apologías y de las críticas al programa y al desempeño del actual gobierno sandinista, como símbolo histórico el diecinueve de julio continúa siendo objeto de dualidades: encarnado en la conciencia de muchas personas adultas y en amplios sectores de una juventud efervescente, la conmemoración de la revolución sigue generando rechazo y resentimiento en muchos corazones.
Otra vez sus palabras orientan mi reflexión: Quizás, aparte de la lluvia de simbolismos de diversos colores musicales que la fecha propicia, el significado real de la conmemoración dependería de un desencadenamiento balanceado del actual proceso político, que con efectividad democratice la enseñanza de la historia.

4. La enseñanza de la Historia
La enseñanza de la historia es una moneda de dos caras. Cada una muestra visiones distintas y políticamente antagónicas sobre el drama de la sociedad humana.
Este tema fue abordado en una mesa redonda ante el plenario y en una mesa de trabajo por tres días, desde varias perspectivas: historográfica, pedagógica, didáctica, sociológica, política. El consenso interdisciplinario evidenció que esencialmente la enseñanza de la historia es una variable dependiente del poder político.
Distintas ponencias demostraron la hipótesis de que la instrumentalización de los contenidos, métodos, textos, formación docente y formas de enseñanza de la historia en los distintos subsistemas educativos, a menudo se convierten en armas ideológicas de los bloques políticos en el poder. Así ocurrió en México desde los primeros años posteriores a la revolución mexicana hasta fechas muy recientes. En Colombia, el análisis de contenido de textos editados por sucesivos gobiernos mostró una formación cívica repleta de manipulación ideológica. Los historiadores costarricenses desmitificaron la idea de que su país sea el Jardín del Edén de la educación “objetiva y neutral”, denunciando burocratismos institucionales y prácticas autoritarias relacionadas con la enseñanza de la historia en el aula y en la escuela.
Si la historia siempre alude al trabajo con la memoria colectiva de la nación o de sectores específicos, podrían ser ciertas las palabras de George Orwell: “Quien domina el pasado domina el presente, y quien domina el presente domina el futuro”.
La memoria es para la historia un medio efectivo de construcción de hegemonía y de conducción política, sin importar cuál sea la cara de la moneda que se exhiba en los procesos de educación formal, no formal e informal. En cada cara de la moneda encontraremos visiones opuestas y éticas políticas contradictorias, en cuanto a la interpretación y al uso intencionado que se haga de los acontecimientos y de la narrativa histórica.
Los debates actuales sobre las actuaciones del poder político y del poder depositado en los distintos subsistemas educativos en torno a la Cátedra Sandino, son una excelente oportunidad para la democratización de la planificación y enseñanza de la historia en todos los subsistemas educativos. Quizás sea bonita una cátedra que estimule el aprendizaje hacia el conocimiento objetivo de Sandino y de los sandinismos en sus distintos momentos, como lo sugiere Aldo Díaz Lacayo, y que además establezca el balance entre los agentes científicos y los agentes políticos, según el ideario de Max Weber.

5. Conclusiones
El debate de los últimos veinte años sobre las aportaciones teóricas y metodológicas de la historia y de otras disciplinas humanistas no ha terminado. Aunque los núcleos académicos que orbitan alrededor de las historias centroamericanas y del Caribe reconocen debilidades y deficiencias en diversas áreas cognoscitivas y de coordinación, la variedad y calidad de los informes presentados en el Congreso muestran una efectiva producción de conocimiento sobre nuevas temáticas de la dinámica social.
Ni la historia ni los hitos que ella puntualiza están desprovistos de carga ideológica, pero siempre es deseable aspirar al ideal de objetivizar sus métodos y sus contenidos.
El reto de integración e identidad de Centroamérica y El Caribe alcanza su mayor simbolismo en la escogencia de Chiapas como sede del próximo congreso en 2012. Chiapas es un Estado del sur de México con vínculos culturales, sociales y económicos de muchos siglos con Centroamérica.