Opinión

Hoy papá llegó más temprano


A las tres de la tarde, oirá desde la casa el ruido del carro. Lo tienen desde hace poco tiempo, pero la niña ha aprendido a distinguirlo entre otros por el murmullo del motor. Ése es papá.
Y le extraña, porque hoy no es día festivo. Seguramente se le habrá olvidado algo. Últimamente anda un poco despistado, apenas tiene tiempo para nada, pensará la niña. Cuando oiga apagarse el motor, la niña saldrá despedida. Dejará las tareas a medio hacer, abiertas sobre la mesa, como si no importara nada más en el mundo que atajar como una sorpresa el paso de su padre hacia dentro de la casa, y decirle con la mirada y la sonrisa, algo así como, “viste, supe que venías antes que vos” y abrazarse a la pierna con la vieja broma de hacer más pesado el caminar de papá elefante. “¿Te olvidaste algo?”, le preguntará la niña, y el padre contestará, como en las novelas: “Sí; me olvidé de darte un beso”.
La niña se pondrá a recordar las primeras horas de la mañana, algo así como el siglo pasado en su memoria, atorada como está ahora en ese presente estupendo y nuevo de tener tan temprano a papá en casa. Si se esfuerza mucho, sabrá que su padre está mintiendo, que esta mañana le dio el beso de los buenos días, y que seguramente está jugando con ella, probando si no se acuerda.
Sí. Papá está mintiendo. Ahora se sienta y deja las llaves del carro a un lado. Parece que no va a volver a salir. Y la niña se prepara todos los juegos que sabe para apurar esa tarde entera con su padre sin darle descanso a la imaginación. Él se sienta y la espera, fijándose en ella como nunca lo ha hecho, admirándose de cómo ha crecido, concentrándose en los primeros juegos que le propone, olvidándose de todo lo que tiene por delante, dejando sus tareas, igual que la niña, olvidadas como si no importase nada más en el mundo.
Sí. Papá está mintiendo. Me atrevo con su permiso a vislumbrar esta imagen, que ya habrá pasado cuando escriba este artículo. Los que leyeron (qué vértigo) esta columna la semana pasada, recordarán (espero que mejor que la niña su primer beso) que hablé de un amigo en una situación delicada en el trabajo, a punto de ser despedido. Otro amigo, me dice ahora, ahorita mismo, cuando iba a escribir de otra cosa, que por fin sus temores eran ciertos, y lo acaban de despedir. Es de las personas más honestas y responsables que he conocido. Con una excelente formación académica, tiene uno de los títulos más difíciles de conseguir por el esfuerzo que cuesta. Además no escatima horas al trabajo ni tampoco a ayudar a otros jóvenes en su formación. Ha ido sacando su familia adelante como un gigante. Y a pesar de todo, y a pesar de que los años van pasando, un ingeniero químico como él, tiene todavía mucha tierra que arañar para levantar una casa a la que llame propia y manejar por fin un carro que tanto le había costado.
El salario de los profesionales en Nicaragua sigue siendo de los más bajos de América Latina después de Haití. Se me olvidaba Cuba. ¿Saben cuánto gana un médico en Cuba? Claro, allí los servicios sociales, dirían algunos, aún podrían compensar la falta de ingresos. Pero cuántos médicos cubanos no se dedican por ejemplo a taxear ilegalmente por la Habana y servir de guías a los turistas (mientras no los descubra la policía) para aspirar a llegar a fin de mes. Y hablando de taxistas. Cuántos taxistas de Managua hay que tienen títulos, algunos de la época de la Unión Soviética, y otros más recientes, obtenidos a costas de miles de dólares, a raíz del negocio en que se convirtió obtener un título tanto para las universidades privadas, como las públicas. Eso que el liberalismo inventó como la clase media, y que en Nicaragua, llaman con un eufemismo “profesionales”, cada vez es más flaca, e incluso menos rentable para un país que no sale, que no termina de arrancar nunca. El problema no es sencillo, y la solución menos, pero mal vamos cuando tipos bien preparados, de lo mejor que un país puede necesitar, se ven sin otra salida, que buscar, otra vez, como en los tiempos de la guerra, el futuro afuera. Ahora no hay guerra en Nicaragua, y media Nicaragua o más, en edad de trabajo, está buscando su destino afuera. Y aún así, los políticos que gobiernan y los de la oposición piden más oportunidades para su gestión. Antes el problema era la guerra; ahora lo es la paz y la crisis. Es macabro.
Mi amigo me dice que debiera estar preocupado, pero que sin embargo siente que se trata de una liberación. Su trabajo, como el del artículo anterior, se había convertido, me dice, en lo más parecido a un infierno. Tiene la suerte de su familia. Y entre ellos, una hija que no le va a dejar de sonreír cuando llegue a casa, y también amigos, como los que preferimos ponernos a imaginar el día de ayer, desde los ojos de su pequeña, desde su sorpresa, ignorando que era el último día de trabajo, y poniéndose manos a la obra para aprovechar hasta el último segundo la novedad de una tarde entera junto a él y la promesa de jugar a todos los juegos del mundo “porque papá llegó a casa más temprano”. Mañana será otro día.

franciscosancho@hotmail.com