Opinión

Reflexiones

No basta con instruir bien a los jóvenes, hay que educarlos, es decir incrustarlos en el deber, hacerlos comprender que cada cual es una pieza distinta e importante del todo, del país. Hay que enseñarles a construir un plan nacional, de lo contrario los atrapará la necesidad de todo ciego, la necesidad de lazarillo. La de un líder o un partido que piense por él, que lo trate como rebaño.

Freud elaboró su teoría de la personalidad, descubriendo una triple estructura: El Id, el ego y el súper ego. El id representa la fuente inconsciente de toda energía, el súper ego, es la instancia moral, la voz social, la historia que nos habita resonando en nuestra conciencia. Y el ego, como un relámpago entre dos oscuridades, representa el momento racional, el momento sensato, que debe de intentar satisfacer las exigencias del id y del súper ego, procurando cuadrarlas con la realidad. No siempre es posible el acuerdo entre las fuerzas inconscientes y el ego, por eso el hombre es un ser conflictivo, limitado por su pasado. Hago lo que no quiero dice San Pablo. Con esto trato de expresar que para el hombre no basta comprender una situación para superarla, luchar contra los usos, contra los hábitos, contra las creencias es una labor lenta y tiene como partida la percepción del problema. La acción humana, para que sea tal, debe ser personal y conciente, o sea que lo que pienso, lo que quiero o siento, lo que hago, debe tener sentido, lo debo de entender y además debe surgir de mi voluntad, solo esa acción es la que me hace crecer como ser, si actuó en forma automática, sí uso la cultura como receta de cocina, sin que el relámpago del ego la ilumine y asimile, en lugar de crecer, me falsifico.
Cuando pasamos del ámbito personal al nacional, nos encontramos que la sociedad nos trasmite, queramos o no, el idioma, las costumbres, las creencias y otras muchas cosas que pueden ser deseables o indeseables, el ideal sería que tratemos de perfeccionar las cualidades y eliminar los vicios que nos esclavizan. Al respecto, dice Chésterton: No somos responsables de lo que somos, pero sí aceptamos este mítico ser colectivo que llamamos patria y nos jactamos de lo positivo, de lo mejor, también deberíamos arrepentirnos de lo peor, de los vicios, de lo contrario estaremos contribuyendo para que nuestros nietos puedan culparnos de ser lo que serán. Sobre el mismo tema, Santiago Argüello nos dice: nosotros expiamos los errores de nuestros abuelos y nuestros nietos sufrirán por los errores y omisiones que hoy estamos cometiendo nosotros. No basta con instruir bien a los jóvenes, hay que educarlos, es decir incrustarlos en el deber, hacerlos comprender que cada cual es una pieza distinta e importante del todo, del país. Hay que enseñarles a construir un plan nacional, de lo contrario los atrapará la necesidad de todo ciego, la necesidad de lazarillo. La de un líder o un partido que piense por él, que lo trate como rebaño.
El pueblo que se enamora de su pasado, que lo acepta sin análisis, sin asimilación, se vuelve estatua de sal, queda congelado en el pasado, sin progreso. La historia nos limita, las costumbres son de lento proceso, la continuidad es indispensable, no debemos perder de vista el pasado porque estamos sobre él, no podemos pensar en el tercer escalón sí destruimos los dos primeros, porque estos son los que lo hacen posible. Este ha sido hasta el día de hoy el error tanto de la derecha como el de la izquierda.
Nuestros intelectuales, nuestros periodistas y todo Nicaragüense en general debería meditar, que lo que ahora hace, se heredará como costumbre a nuestros hijos, lo que somos, es lo vamos a heredar a nuestros descendientes. Que no está en nuestras manos cambiar el carácter, la honestidad y el patriotismo de nuestros políticos actuales, pero sí podemos tratar de cambiarnos a nosotros mismos.
No es posible que cambie el tirano actual, pero sí cambiamos nosotros, estaremos y evitando al tirano futuro.
Nuestro vicio nacional por excelencia es no sentirnos como parte de ese todo que llamamos Nicaragua, es considerar que el otro es malvado e indeseable, y que por lo tanto, sí no se convierte por miedo o halagos, hay que eliminarlo. Enseñemos con nuestro ejemplo que la verdadera tolerancia, no es resistir con estoicismo los insultos de nuestros antagonistas, si no enriquecernos con sus puntos de vista.

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