Opinión

Libre comercio, subsidios y autosuficiencia alimentaria


Un reciente artículo de opinión escrito por Amaru Barahona arremete contra los tratados de libre comercio, especialmente contra el Cafta y el que se negocia actualmente con la Unión Europea. El propósito de este artículo es poner en evidencia las falacias de sus argumentos, desde el punto de vista estrictamente fáctico.
Primera falacia: Según él, cada país tiene que “autoabastecerse” de alimentos. Ningún país, aun entre los más poderosos y desarrollados, puede ser autosuficiente en alimentos, puesto que por su diferente dotación de clima, suelos, recursos humanos, capital y tecnología disponible, ninguno puede producir todo lo que necesita. Que diga Amaru dónde se puede cosechar trigo en Nicaragua, por ejemplo. Por eso existe el comercio internacional, desde antes de la era cristiana y por eso se negocian tratados de libre comercio, tanto para tener acceso preferencial a mercados externos para los productos que podemos exportar, como para importar más barato lo que el país necesita y no produce. Por eso exportamos carne, café, azúcar, mariscos, quesos, ron, etc., e importamos trigo, hortalizas, alimentos procesados, etc.
Los que pregonan la autosuficiencia alimentaria piensan que hay que producir en el país todos los alimentos, al costo que sea, aunque resulte más barato importarlos, aunque lleguen más caros al consumidor. Es una visión autárquica, prehistórica, chauvinista y que solo conduce a empobrecer más a la gente, especialmente a la gran masa urbana de obreros, empleados, cuenta propia e informales carente de tierras que es la mayoría de la población del país. Basado en esta falacia arremete contra los acuerdos de libre comercio, acuerdos a los que la palabra “libre” le queda muy grande pues todavía establecen restricciones para proteger de la competencia exterior a mucha de la ineficiente producción nacional, precisamente con el cuento de la autosuficiencia alimentaria que defiende Barahona y de “darles tiempo” de hasta 15 años a los productores para que aumenten su productividad mientras 5.5 millones de consumidores nicaragüenses pagamos precios más altos. Sr. Barahona, vaya a leer un poco de historia para conocer el papel del comercio entre naciones en el desarrollo de la humanidad y deje de vendernos cuentos trasnochados de autosuficiencia alimentaria que solamente creen los ignorantes obcecados en ir contra la corriente del progreso, teorías utópicas que de seguirse nos harían regresar a la era de las cavernas.
Segunda falacia: “Solamente con USA, después de la firma del Cafta, tenemos un déficit comercial acumulado, entre 2005 y 2009, de – 1.803.073.602”. Por el contrario, la verdad es que las exportaciones de Nicaragua a Estados Unidos crecieron de US,181 millones en 2005 a US,611 millones en 2009, mientras que las importaciones pasaron de US9 millones en 2005 a US0 millones en 2009, con un balance comercial positivo para Nicaragua de US,773 millones en este período. Estos datos están disponibles en la Web de USITC. Aquí miente para tratar de darle un barniz de realidad a sus quiméricos argumentos.
Tercera falacia: los países desarrollados, “con sus políticas de subsidios y neoliberales han devastado la producción alimentaria de la periferia”. Este señor repite los conceptos de la teoría de la dependencia que hace 60 años dio origen al movimiento cepalino de sustitución de importaciones, política que en toda América Latina apadrinó a grupos de inversionistas que gozaban de un mercado protegido por altos aranceles a las importaciones y que pugnaban por mantenerse gozando eternamente de mercados nacionales cerrados, extrayendo sus ganancias de los consumidores pues no tenían competencia que los obligara a modernizarse y aumentar su productividad o cerrar. La verdad es todo lo contrario, los países desarrollados son cada vez más importadores de alimentos provenientes del resto del mundo, pues se concentran en la producción de manufacturas de alta tecnología y venta de servicios que les produce más réditos que la producción agrícola.
En cuanto a las políticas de subsidio que Barahona vilipendia, no entiende que es derecho soberano del gobierno de un país que tiene ingresos fiscales suficientes, regalarlos a sus productores. Y si por esos subsidios esos productores pueden abastecer su mercado interno o exportar vendiendo más barato, los beneficiados al final son los consumidores finales (las mayorías). ¿Quiénes son los perjudicados? Los productores de países donde los gobiernos no entregan subsidios, como Nicaragua, pues se ven impedidos de exportar a esos mercados o se ven amenazados por la competencia de importaciones más baratas. A estos señores, si ya no les conviene el negocio, pues que busquen otro a qué dedicarse, pero que no vengan con el cuento de que los subsidios perjudican el país entero. Los subsidios los perjudican a ellos, grupos o segmentos minoritarios, pero benefician a las mayorías de consumidores con precios más bajos.
En términos económicos, los subsidios impiden una competencia justa y fomentan la ineficiencia y el atraso en los productores subsidiados, siendo barreras al libre comercio. Si el Sr. Barahona está en contra del libre comercio y a favor de beneficiar a las mayorías, debería entonces aplaudir los subsidios en los países desarrollados en vez de vilipendiarlos. Lo que pasa es que su análisis es de doble moral: los subsidios son malos cuando los practican otros países, pero son buenos si nuestro gobierno los diera para subsidiar a productores ineficientes con el objetivo de alcanzar la “autosuficiencia alimentaria”, usando para ello el dinero de los contribuyentes en lugar de destinarlos a salud, educación y tantas necesidades del pueblo, condenado en virtud de estas políticas a tener que pagar mayores precios por los productos. Al final son los pobres los más perjudicados. Sus aseveraciones contradictorias no resisten un análisis racional.

*Economista