Opinión

“Revolución” o empresa política-comercial


Para el orteguismo es empresa política-comercial, ¡y de qué forma productiva! Su proveedora, la Alternativa Bolivariana para las Américas. El Alba, financia su proyecto político –y la reelección de Daniel Ortega, en primer término. Como se sabe, los recursos petroleros venezolanos le ha levantado al orteguismo un imperio económico al margen del Estado, pero disfrazado de cooperación de país a país --así lo confirmó el propio presidente Hugo Chávez, sin que eso se refleje en la realidad.
El poder económico personalizado en Daniel y su familia, paralelo al del Estado, le permite controlar y utilizar a la vez al Estado para acrecentar su capital privado. Es un círculo vicioso, pero el Alba es algo más que la fuente de ingresos del orteguismo; también la utiliza como su paraguas político.
Mientras, por una parte, el orteguismo succiona recursos en dólares, a través del petróleo, y recibe solidaridad efectiva con las misiones médicas cubanas y venezolanas, por la otra se refugia bajo el paraguas del organismo multilateral. Y lo hace paradójicamente: no le utiliza para protegerse de los ataques críticos y las campañas ideológicas del aparato propagandístico de los Estados Unidos y sus aliados, sino para recibir el baño imperial junto a Cuba, Venezuela y demás miembros del Alba y así ganarse una imagen de país “revolucionario” atacado por el imperialismo.
No hay duda de que a los Estados Unidos no le gusta el proyecto de cooperación económica alternativa que representa el Alba para sus países miembros, que le da impulso al rescate de sus recursos naturales y a su independencia económica y comercial respecto al condicionante mercado norteamericano. Y he aquí, la otra paradoja: los ataques deformantes y calumniosos contra el Alba no se los hace Estados Unidos por su carácter de competidor o como fenómeno económico y político opuesto a sus intereses, sino como una amenaza terrorista contra la “democracia”.
No vamos a hablar sobre todo cuanto se dice en contra de los gobiernos autoritarios de los países miembros del Alba y de su intolerancia hacia las actividades políticas independientes y la libertad de prensa, más los afanes de perpetuarse en el poder de sus líderes, porque en Nicaragua somos testigos y víctimas de todo eso. Pero es claro que --además de adulterar-- la propaganda gringa homogeniza adrede cuando hablan de la situación de Cuba con la de Ecuador, la de Bolivia con la de Venezuela y la de Nicaragua con la todos ellos.
Sin embargo, por mucha afinidad que haya entre estos gobiernos, el carácter parasitario del gobierno de Daniel Ortega y su oportunismo político de presentarse como “revolucionario” --teniendo una política interna reaccionaria--, no lo tienen todos. Cada uno de ellos actúa en condiciones diferentes, propias de sus países, y no todos tienen total afinidad con el método de gobernar de Daniel Ortega, pues no utilizan los recursos como si fueran personales, ni cuentan con el mismo nivel de rechazo popular, mucho menos que tengan igual tipo de partido “turbero” como lo es aquí el partido de las cuatro siglas secuestradas.
La uniformidad informática que aplican a todos los gobiernos miembros del Alba desde los centros de propaganda imperial, es aprovechada por el orteguismo. Entre más ataques llueven sobre los países del Alba, más le interesa al gobierno de Ortega recibir el mismo “baño”, porque eso le da legitimidad “revolucionaria” a los ojos de los pueblos latinoamericanos.
Para ayudarse, el orteguismo lo falsifica todo. Un ejemplo. En el programa “Mesa redonda”, de Cubavisión Internacional –lunes 3/5/10— un profesor orteguista de la UNAN-Managua, Freddy Franco, se presentó como delegado de la “clase obrera” nicaragüense y del FNT. Igual lo hizo en los encuentros que tuvieron las delegaciones sindicales de todo el mundo que asistieron al acto del Primero de Mayo en Cuba.
Como tenía que ser, Franco se deshizo en elogios al proceso “revolucionario” de Daniel Ortega. Y sin faltarle la pose de líder “sindical revolucionario” --aunque aquí sólo se le recuerda por haber participado en el acto lapidario contra los estudiantes de la UCA--, Franco se encargó de los elogios para su fuente de recursos, el Alba, al mismo tiempo que se amparó en su paraguas para defender a la “revolución sandinista” de las agresiones de la derecha y del imperialismo.
Dos mandados por la misma vía. En el primero, transmitió los “avances” sociales y económicos de Nicaragua, gracias a la solidaridad venezolana, pero nada sobre los enriquecimientos personales derivados del manejo privado de esa cooperación y mucho menos del carácter discrecional que tiene en manos de Daniel Ortega. En el segundo, el asunto político, el fraude electoral de 2008 nunca existió, sino como “campaña mediática” del imperialismo y la derecha interna para “desprestigiar” la victoria de la “revolución”, tan limpia y arrolladora como lo fue la elección presidencial de 2006, pese a que Daniel apenas ganó con el 38% de los votos.
Nada de lo dicho por Franco en su comparecencia televisiva es desconocido en Nicaragua. Tampoco él estaba transmitiendo su versión para los nicaragüenses. En primer lugar, habló para los televidentes cubanos y justificar la ayuda médica que Cuba le presta a nuestro país, y después para el resto de los latinoamericanos. Para el orteguismo, son importantes como creyentes en una revolución que no existe para que mantengan su solidaridad, al mismo tiempo que le interesa seguir cobijado bajo el mismo paraguas frente a la agresión extranjera.
De esta forma, toda alusión que en el exterior se haga sobre la coincidencia del orteguismo con el Fondo Monetario Internacional y el manejo privado de la colaboración con el pretexto de combatir “la pobreza” –expresada por el presidente del Banco Central, Antenor Rosales—, afuera será interpretada como parte de la “campaña mediática” de los medios imperialistas y sus agentes internos de la derecha. Pero estamos seguros de que los representantes de los gobiernos del Alba en nuestro país, no ignoran nada de nuestra realidad.
Pero también sabemos que en esos representantes no pesa nada la cuestión ética de los personeros de este gobierno, ante su papel de aliado político en el frente continental contra la injerencia de los Estados Unidos y su política contraria a los gobiernos integrantes del Alba. Y en la valoración entre las políticas demagógicas, aventureras y corruptas del gobierno de Daniel Ortega, y la necesidad de fortalecer la lucha continental frente a la injerencia tradicional de los Estados Unidos –ahora a través del gobierno colombiano—, ningún gobierno del Alba dejaría de decidirse a favor de Ortega.
Es mejor estar conscientes de eso, antes que pasar como ingenuos. La izquierda no orteguista de nuestro país, no puede tener la misma posición consentidora de los gobiernos del Alba. A nuestra izquierda no le debe fallar su sentido de la solidaridad con los pueblos, pero con los ojos abiertos para criticar justamente las desviaciones de quienes cogen con la izquierda, mientras en otros aspectos “batean” con la derecha.