Opinión

Herencia colonial, recursos naturales y liderazgo


Los desafíos que enfrenta Nicaragua en el contexto de la crisis financiera mundial requieren de un análisis de la estructura y funcionamiento de la sociedad nicaragüense, partiendo de nuestro legado colonial que produjo fallas de gobernabilidad y de mercado, con una sociedad dividida, tanto en términos de etnia como de clases sociales, así como la excesiva centralización de partidos políticos y del aparato estatal en perjuicio de las estructuras regionales, territoriales, municipales u otras que teóricamente pudiesen brindar una atención más eficaz a la ciudadanía.
La distribución inequitativa de la tierra incide de manera fundamental sobre las posibilidades de desarrollo de nuestro país. 20% de los productores nicaragüenses desarrollan sus actividades en minifundios (fincas de 0 a 5mz demasiado pequeñas para proveer empleo a una sola familia), mientras que 1% de los productores nicaragüenses es dueña de fincas superiores a 500mz. Esto tiene repercusiones graves en la productividad. El minifundista es poco productivo debido al uso excesivo de sus suelos y el balance inadecuado entre tierra, trabajo y capital. El latifundista es poco productivo debido a que sus tierras cultivables no son utilizadas para la producción agrícola, sino como símbolo de prestigio personal. La carencia de una política fiscal que establezca impuestos sobre la tierra arable que no está siendo cultivada o de una política crediticia que permita al minifundista adquirir más tierras, hace que el mercado de tierras en Nicaragua funcione torpemente y resta productividad al sector agrícola.
La abundancia de tierra, recursos pesqueros, mineros y maderas preciosas constituyen a la vez una bendición y una maldición para Nicaragua. La exportación de estos productos en su forma bruta no provee al país las divisas internacionales ni las externalidades que genera la producción y exportación de manufacturas, es decir: empleo, avance tecnológico, cadenas de valor y economías de escala, capacidades administrativas y gerenciales, entre otros. Asimismo, la exportación de productos primarios expone a la economía del país a las fluctuaciones de precios internacionales, sin mencionar los obstáculos a las importaciones que en forma de subsidios elevados a sus productores imponen Estados Unidos y Europa. La incapacidad de desarrollar el sector de manufacturas es el talón de Aquiles de la economía nicaragüense y su situación endeble no permite obtener los beneficios que ese sector potencialmente puede generar.
El tránsito de una “economía de pulpería” hacia una economía moderna que puede desenvolverse en el actual ambiente globalizado, requiere de un liderazgo con alto contenido pragmático y visión de largo plazo en el proceso de toma de decisiones y formulación de políticas públicas. No se cuenta con el tiempo ni los recursos para exponerse a ejercicios de prueba y error en la conducción de los asuntos de Estado. Más bien, se tiene que aprender a asimilar las buenas prácticas de desarrollo de otras naciones aplicándolos a nuestro contexto particular.
Es preciso que en Nicaragua se enfoque a la sociedad en su conjunto hacia cuatro metas fundamentales: (1) Combatir la pobreza, priorizando las necesidades de unas 880,000 personas que viven con menos de US$1.25 al día para aprovechar ese capital humano hasta ahora desaprovechado. (2) Fortalecimiento institucional y estabilidad política, a través de mejores mecanismos de consulta, consenso y cooperación entre partidos políticos, así como entre gobierno y sociedad civil. (3) Incremento de la productividad y competitividad económica, a través de la definición de metas económicas claras que puedan evaluarse periódicamente. Inversión pública en investigación y desarrollo, educación técnica y superior, infraestructura de energía, transporte, comunicaciones y la creación de un ambiente de negocios estable y atractivo que propicie la inversión nacional y extranjera, particularmente hacia el sector de manufacturas. (4) Apertura económica e integración efectiva en la economía global, a través del establecimiento de relaciones comerciales y la búsqueda de oportunidades para productos nacionales, así como la creación de un paquete de incentivos que priorice a las empresas nacionales que demuestren interés en exportar. Igualmente, la capacitación de empresarios nicaragüenses sobre estándares internacionales de calidad y sistemas arancelarios y creación de zonas de comercio libre y justo, entre otros.
Estas metas no serían particulares a un determinado gobierno o partido político y más bien deben ser concebidos e implementados como políticas de estado, trascendiendo las divisiones de etnia y clase social heredadas de nuestra historia colonial, convirtiéndose en un proyecto nacional para sacar a Nicaragua de la pobreza y transformándola en un país dinámico con una economía vibrante y una población digna y trabajadora.
Hace unas décadas se encontraban en condiciones similares o incluso más precarias que la nuestra países como Corea del Sur, Singapur, Irlanda, entre otros, los cuales mediante estrategias pragmáticas y creativas pudieron en menos de dos generaciones transitar del tercer al primer mundo. Nicaragua cuenta con recursos naturales y puede desarrollar el capital humano que se requiere para hacer lo mismo. El componente de la ecuación del desarrollo, voluntad política, es el gran ausente. Podemos y debemos encontrarla.

*Movimiento Jóvenes Estableciendo Nuevos Horizontes (JENH)-CEDEHCA