Opinión

Liderazgos políticos acabados


La situación de crisis que vive Nicaragua, única en su historia, se debe a la falta de liderazgo efectivo que dirija a la nación hacia el desarrollo y bienestar colectivo. Los líderes actuales son líderes acabados, trasnochados, con una visión sesgada y en manos de ellos este país ha llegado a lamer el suelo. Nunca se pudo bajo sus respectivas gestiones administrativas consolidar la gobernabilidad democrática. Elemento vital para desarrollar un programa inclusivo de desarrollo nacional Pero es terrible reconocer que los liderazgos han servido para enriquecer a sus familias y allegados. La falta de gobernabilidad democrática está profundamente evidenciada y oscurecida por hechos bochornosos de corrupción, clientelismo, caudillismo, populismo, nepotismos, entre otros.
El pueblo no cuenta actualmente con líderes potables debido a la persecución tenaz, por parte de los caudillos, que no dejan crecer arbustos alrededor de su sombra. Esta falta de liderazgo político es un problema que hay que solucionar por encima incluso de la falta de trabajo y pan. Ya los caudillos han abierto la granja y se han lanzado a la conquista del poder en 2011, esperan que el voto cautivo e irracional les sirva las tarimas y los lleve al poder para seguir manejando al estado como negocio propio.
El país colero en la pobreza en América se prepara para iniciar las elecciones presidenciales más largas y costosas del hemisferio, con muy pocas variantes observables en la vida de la nación. Los elementos que los líderes tratan de dar a conocer en toda justa electoral que son las características personales como: capacidad oratoria, poder de seducción, facilidad de adaptación, atractivo personal, formación ideológica, procedencia o clase, son arto desconocidas y hasta de esto nos perdemos los nicaragüenses de tener unas elecciones llamativas con rostros nuevos y programas novedosos.
Si bien nuestros actores políticos tradicionales son sujetos que no poseen sensibilidad y buena voluntad para con el pueblo, los veinte años de desgobierno, empobrecimiento, nos lo demuestran. Además han ejercido gobiernos autócratas que ni siquiera han podido normar su actuar de acuerdo con los fines superiores de la política, porque tienen cooptada las instituciones encargadas de arbitrar los procesos democráticos de una verdadera gobernabilidad.
Los millones de dólares, los vaivenes económicos, desajustes empresariales, tensiones sociales y hasta la sangre fanática derramada, todo este alto precio al fin, no vale la pena ante la farsa electoral montada para continuar el modus vivendi del estado botín y del sufrimiento prolongado del pueblo.
El pueblo reclama a voces cambios sustanciales, democratización desde los mismos partidos políticos, libertad para elegir a sus gobernantes, seguridad en el sistema de arbitraje y programas reales llenos de expectativas y no las demagogias con que han jugado con la conciencia de la nación.