Opinión

Los paramilitares del Frente


Ni al más imaginativo podría habérsele ocurrido que el Frente copiaría algunos de los vicios y procedimientos nefastos de la dictadura somocista, como llevar periodistas y medios de comunicación ante tribunales de justicia; atribuirse funciones de otros poderes del Estado y legislar tramposamente a su favor; o apropiarse indebidamente de bienes públicos. Por supuesto, no estaba en ninguna mente, por más creativa que fuera, que la cúpula del FSLN, superando a las fuerzas de choque nicolasianas (dirigidas por la Nicolasa Sevilla), creara un pequeño ejército paramilitar para enfrentar a la oposición.
No se trata de los empleados públicos llevados, muchos de ellos en contra de su voluntad, a diversas actividades progubernamentales, ni de gente de los barrios que en realidad apoya al Frente, sino de un grupo de jóvenes y algunos mayores, expresamente organizados y armados con lanzamorteros y bombas, varillas de hierro, palos y piedras, y vestidos con ropa y botas militares, para enfrentar todo tipo de expresiones opositoras al Presidente Daniel Ortega y su Primera Dama, Rosario Murillo.
Estos paramilitares actúan en grupos homogéneos barbáricos que han ido perfeccionando poco a poco, en la práctica, su modo de operar. En el pasado destruyeron buena parte de dos radioemisoras en León, donde también disolvieron a palo limpio varias manifestaciones opositoras. En Managua han chocado directamente con grupos de oposición, han intimidado, amenazado y golpeado a periodistas, y destruido vehículos de medios de comunicación social, así como atacado locales de organizaciones no gubernamentales, sedes partidarias y empresas privadas.
Para confrontar manifestaciones opositoras son convocados con antelación, algunos de ellos extraídos de las oficinas públicas; otros de sus aburridos retiros sedentarios, no tanto por sus bríos juveniles, como por su experiencia militar; y otros, son jóvenes transgresores muy agresivos, con serios trastornos de personalidad, sacados de pandillas delincuenciales caracterizadas, de varios barrios de Managua. Además, hay una parte que son jóvenes estudiantes fanatizados.
Varios locales de la Alcaldía de Managua han servido de centro de operaciones donde los grupos paramilitares han sido pertrechados con lanzamorteros, bombas de pólvora, mochilas, varillas de hierro, camisas verde olivo y botas militares. Ahí se han organizado en patrullas ofensivas con sus respectivos responsables, zonas de operación y misiones específicas a cumplir. Grupos de motociclistas han sido enviados a operaciones de inteligencia, en apoyo a los primeros. Vehículos de la municipalidad han sido utilizados en el transporte de estos hunos contemporáneos.
En varios momentos de los dos últimos años, estos paramilitares han sido vistos en la televisión operando en pequeños grupos, con una tremenda capacidad intimidatoria, por la ferocidad con que se lanzan frente a otras personas, generalmente indefensas, así como contra vehículos o instalaciones físicas. Algunos portan machetes y cuchillos.
En el vandálico ataque a las instalaciones del Hotel Holiday Inn, un pequeño grupo, de todo el contingente paramilitar destinado a esa operación, acometió reiteradamente y con entusiasmo la enorme fachada del edificio, los demás se mostraron un poco conservadores, quedándose rezagados en la absurda embestida. ¿Comprendieron la estupidez que estaban cometiendo? ¿O alguien estaba asignándoles otras misiones?
Por el comportamiento de estos paramilitares en diferentes acciones, es absurdo pretender que actúen como una fuerza pensante, ¡al contrario!, son como una horda vandálica, desbordada, histérica, poseída de dioses mesiánicos, dispuesta a arrasar con todo lo que se le ponga enfrente, sin ningún tipo de miramientos. Pero tienen límites, impuestos por la estructura y mando seudo militar.
La adrenalina de los paramilitares se acrecienta a medida que despliegan mayor violencia, se autoestimulan con cada acción. Cuando han incendiado vehículos, parecen atrapados por una fuerza sobrenatural que los emociona y espolea a seguir adelante, como inyectados de un mayor poder de destrucción.
Un grupo de jóvenes que reivindica su condición paramilitar se presentó orgulloso en una estación de televisión y se identificó como “El Ejército del Pueblo”. ¿Qué pensará el General Avilés? ¿Tenemos dos ejércitos en Nicaragua? El legal y el ilegal e irregular, que controla la cúpula que dirige al FSLN. ¿Qué tanta conciencia hay en los generales sobre el peligro que representan los paramilitares?
Los paramilitares son una fuerza estructurada al margen de la ley por el partido de gobierno para golpear a la oposición, pero también tiene conexiones enmascaradas con la Policía Nacional, pues hace poco se vio el extraordinario caso de supuestos “policías encubiertos” actuando junto a estos irregulares. ¿Miembros del Ejército también se integran a los paramilitares? No lo puedo asegurar, pero el fanatismo puede llevar a la gente a cometer locuras. ¿Las estructuras legales de Inteligencia proporcionan información a los jefes de los paramilitares que operan desde las sombras?
Parte de la fuerza de los paramilitares reside en su dirigencia, en los engendradores de este pequeño monstruo que atenta contra las libertades y los derechos humanos de los nicaragüenses al servir de instrumento de opresión de un proyecto autócrata y despótico. Sus dirigentes, como sabemos, tienen vasta experiencia conspirativa y militar. Y muchos de sus miembros son veteranos combatientes de la guerra de los años ochenta. Junto a ellos están indómitos imberbes de las canteras más fanatizadas de la Juventud Sandinista.
El Ejército de Nicaragua y la Policía Nacional deberían jugar un papel más activo hasta lograr que los que mandan en el FSLN desmantelen esta peligrosa estructura clandestina de represión pública que han montado al margen de la ley. Nicaragua ya tiene sus fuerzas armadas, y han sido barridos de la historia los temibles cuerpos de seguridad del Estado, cuyas sombras parecen levantarse desde la muerte para impulsar el proyecto autoritario, reeleccionista y dictatorial del Presidente Daniel Ortega.
Y, por supuesto, la sociedad civil, y todos los nicaragüenses, no debemos permitir que sigan actuando los paramilitares, debemos impedir que nos amenacen, intimiden, golpeen y repriman nuestras actividades organizativas y movilizativas a las que tenemos derecho. El pueblo de Nicaragua se desembarazó con las armas en la mano de una dictadura, pero no para caer en otra.
*Editor de la Revista Medios y Mensajes
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