Opinión

Una comisión de la verdad para comprender el presente


Estelí es una ciudad que siempre me asombra por sus referencias históricas. Al poco tiempo de encontrarse en la ciudad, las historias y anécdotas de la “guerra” fluyen entre los habitantes que les tocó presenciar esos momentos funestos como si fuesen ayer (y me refiero tanto a los 70 como a los 80). La memoria colectiva de los acontecimientos se mantiene presente y en cierta manera debe ser una razón por la cual la militancia es importante en la población. Como visitante al escuchar detenidamente los relatos, uno llega a tener una empatía que nos permite comprender el presente.
Sin embargo, la experiencia de Estelí casi nunca la he podido ver en otras regiones del país y la población ha decidido mayoritariamente borrar el pasado e iniciar un nuevo futuro como si nada hubiese sucedido. Esta actitud permite ahuyentar los traumas aunque no facilita que las nuevas generaciones comprendan su entorno y por qué las actitudes del presente. A mí siempre me ha inquietado por qué en Nicaragua nunca ha existido una comisión de la verdad para esclarecer los abusos y crímenes que se hicieron en las décadas anteriores por ambos bandos, como sucedió en El Salvador o Guatemala, dos países que conservan muchas similitudes históricas y culturales. El esclarecer este tipo de acontecimientos permite tener una visión y actitud informada del pasado para comprender el presente y buscar respuestas al futuro, pero principalmente aprender de sus errores para evitar replicarlos. Como lo planteara Andrés Pérez Baltodano, “el perdón sin justicia es injusticia; el perdón sin justicia es impunidad” y casualmente en países del Sur como Chile y Argentina, el esclarecimiento de los crímenes de guerra y el sustento de los desaparecidos conllevó a que el informe de comisión de la verdad se volviera una especie de best seller donde los habitantes estaban sedientos de información. No en balde uno lee los continuos procesos judiciales que se emprenden hoy en día para mantener vigente una pizca de justicia usando la ley como referente; ni tampoco es de extrañarse que muchas producciones cinematográficas hagan relación constante a esta época.
Hoy en día, las fotografías de jóvenes encapuchados disparando contra ventanales ya sea de un hotel o de un edificio público, solo ponen en evidencia que nuestra sociedad no tiene un referente lógico y posiblemente debe ser que todo lo hemos visto con prisa y poco nos hemos dedicado a analizar los actos. Podría comprender que los abusos de otras fuerzas de seguridad en otras épocas han influido para que la Policía actual sea más prudente pero me parece inconcebible que viendo el daño sin ningún tipo de agresión no se brinde la respuesta adecuada. ¿De qué manera se pueden hacer valer las leyes y normas cuando los actores políticos se ufanan de no cumplirlas? ¿Cómo podemos aportar a restablecer una identidad para el futuro si no existen referentes reales?
Como anécdota, hace unos años me topé con una llamada “Enciclopedia de Nicaragua”, realizada por una editorial extranjera aunque con información reciente de la historia. En ella salían datos del rostro de la guerra de los 80, y me pareció muy contradictorio que en el país los Centros o Institutos de Historia no hayan publicado algo parecido. Tal vez tal acción simplemente no lo hubiesen permitido los grupos de poder o simplemente todavía creemos que no es importante escarbar el pasado.

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