Opinión

“El Dios desconocido”


Es verdaderamente interesante observar hoy las ideas que manejan los ateos, agnósticos y detractores sobre lo que ellos creen es DIOS. Entre los agnósticos y científicos ateos, el solo aceptar la posibilidad de sus existencia, es una verdadero escándalo para sus inteligencias. Una supuesta realidad que no puede ser verificada empíricamente, es prácticamente descartada de su interés con desden y desprecio.
En los hechos de los Apóstoles (17, 18-19) se narra el primer encuentro que tuvo San Pablo con el filósofo ateniense Dionisio Areopagita. La fe y la razón produjeron en este encuentro un nuevo “converso”.
Siglos más tardes, un filósofo desconocido tomo ese mismo nombre para escribir una de las obras más apreciadas por la cristiandad medieval. Nos referimos al Pseudo-Dionisio, el Areopagita, inspirado en el auténtico y verdadero del siglo I.
El Pseudo-Dionisio antepone la fe a la razón, aceptando que la superioridad de la primera (La Fe) sobre la segunda (La Razón) es por el simple hecho de reconocer que el saber que produce la fe es un saber superior al que la razón puede alcanzar en el ámbito natural. Esta afirmación se mantendrá por más de mil anos en la cristiandad medieval. Hoy en día se maneja la falsa concepción de que solo la razón es la fuente única del saber y no la Fe. ¡La Fe cristiana se la ha venido reduciendo a algo así como a mitos y leyendas! ¡Los que creen, -según estos señores- no piensan y a los que piensan les parece “humillante” el creer!
Todas las falsas concepciones antropomórficas que tenían los paganos de aquella época sobre Dios quedaron prácticamente pulverizadas por esta nueva filosofía que postulaba que los contenidos revelados en la fe cristiana, no sólo eran la respuestas a las interrogantes de entonces, sino que representaba la “plenitud del saber”. ¡El ser humano se abría a una nueva dimensión del saber, a saber, la que procedía de Dios mismo por la Fe!
El Pseudo-Dionisio partía del hecho de que a Dios nadie lo ha visto jamás (Juan 1,18) y por consiguiente, era una tontería creerse capaz de tener un conocimiento apropiado de su verdadera naturaleza. Expuesta así la cuestión, si no existe una idea clara y distinta de qué “es” o “quién” es Dios ¿Cómo podemos creer en él? Tal sería el cuestionamiento de nuestro agnóstico o ateo profeso.
Uno de los dogmas más apreciados que siempre ha defendido la Iglesia Católica, a lo largo de su historia milenaria, es la total y absoluta trascendencia de Dios con respecto a su obra, la creación.
El Pseudo- Dionisio en el siglo V introdujo una nueva teología para comprender mejor esta realidad de Su Trascendencia con respecto al Universo.
En primer lugar, el Pseudo-Dionisio reconoce que el lenguaje humano, aunque habláramos todos los idiomas del planeta, es demasiado pobre para expresar lo que Dios es en sí mismo.
En segundo lugar, por consecuencias de lo anterior, nada de lo que digamos o expresemos de Dios, es Dios.
En tercer lugar, por fe sabemos y aceptamos que la Sagrada Escritura es como una carta escrita por el dedo de Dios a través de sus autores inspirados.
Dios se manifiesta en las Sagradas Escrituras como: Juez, Amigo, Creador Redentor y Señor, entre otros apelativos y adjetivos
El Pseudo-Dionisio llama “teología afirmativa o acatafica” a este tipo de lenguaje que utiliza Dios para darse mejor a comprender a nivel de la naturaleza y lenguaje humano.
Para evitar la idolatría, que consiste en tener muchas opiniones sobre Dios, el areopagita ofrece una segunda teología, la negativa o “apofatica”. Ésta consiste en negar categóricamente todo lo que suponemos o creemos que es Dios.
El fin de la Teología Negativa o “Apofatica” no es simplemente establecer una antítesis contra una tesis preestablecida, sino más bien eliminar o limpiar toda idea preconcebida que podamos tener sobre la naturaleza de Dios. Nuestro lenguaje es extremadamente pobre para expresar la riqueza inmensa de su Ser y por eso lo llenamos de objetivos y apelativos.
Para poner un ejemplo: hace unos años una persona me contó una historia sobre los Cursillos de Cristiandad en donde eliminaron (los predicadores) el nombre de “Padre” para referirse a Dios, precisamente porque se dieron cuenta que la mayoría de las personas que estaban allí, habían tenido o estaban teniendo una mala experiencia con sus progenitores.
La teología negativa o Apofatica pretende salvar, a la vez, la revelación puesta por escrito en las Sagradas Escrituras y la naturaleza trascendente de Dios. ¿Cómo negar algo que la mayoría de la gente acepta simplemente porque tiene fe? Es decir, que si las personas simplemente creen, no podemos decirles que no crean más, sobre la base de que todo lo que ellos creen que es Dios, en la realidad, Él propiamente no lo es.
El Pseudo-Dionisio enfatiza que la negación no es más que un medio para reafirmar algo que se conoce de una manera demasiado humana, ¿cómo es esto posible? Pongamos el ejemplo en forma silogística:

Teología Positiva: Dios es Amor.
Teología Negativa: Dios No es Amor.
Conclusión: “Dios es el Amor mismo”.

La negación tiene la sagrada misión de negar lo que se afirma de Dios, para luego afirmar lo que en verdad Dios es en forma “Superlativa” y esto basado en el principio de que en Dios no hay predicados. ¡Lo que se predica de El es eso y mucho más! Nuestro lenguaje usa esta forma de expresarse porque no somos capaces de ver las cosas en sus esencias, necesitamos agregar esos adjetivos (predicados) para saber lo que las cosas o las personas (incluyendo a Dios) son. Esto, por supuesto, no es un argumento para demostrar Su existencia a lo ateos profesos, sino más bien para ilustrar a los que todavía creen, pero que todavía no logran comprender a Infinitud del Ser de Dios.
Dios no es justo, precisamente porque es “la Justicia misma”; Dios no es bueno, porque es absolutamente la “Bondad misma”; Dios no es providente, precisamente porque es la “Providencia misma” y así podríamos seguir argumentando sin agotar la naturaleza infinita de su esencia y sus adjetivos.
Aunque esto puede parecer “fantasioso” para el no-creyente, ayuda mucho al creyente para depurar sus falsas concepciones que hasta la fecha ha tenido sobre Dios.