Opinión

La educación, parte de la agenda de seguridad nacional


Algunos pensarán que el título es una exageración. Otros, que es un recurso de comunicación para llamar la atención. Norma Lezcano, en su artículo La Revolución del conocimiento, que escribe en la Revista Estrategia de Negocios, así lo señala, argumentando que “en la era de la globalización, la educación es el único engranaje eficiente para enlazar las economías emergentes con las desarrolladas”.
El Presidente del Uruguay, José Mujica, en su discurso de asunción a la Presidencia, enfatiza en que una de sus prioridades será invertir más en educación, porque es uno de los asuntos en los que “se juega el destino, la identidad de esta sociedad. Allí se anticipa el rostro de la sociedad que vendrá. De ella dependen buena parte de las potencialidades productivas. Y también la futura aptitud de nuestra gente para la convivencia cotidiana”.
Y es así. Mejorar los niveles de producción y productividad; la calidad de los productos, su tratamiento, empaque, comercialización, competitividad en precios; lograr una producción sostenible de alimentos y de energía, en armonía con el medioambiente, con la madre tierra; el desarrollo de la ciencia y la tecnología, tan necesaria en nuestro país de poetas y escritores. El fomento de nuestros mejores valores, la convivencia humana, solidaridad cotidiana, respeto a la ley, tolerancia, inclusión, gobernabilidad. Todo pasa por una buena educación, a la cual deben contribuir los centros de estudio, la familia, la sociedad y los medios de comunicación.
En ese contexto, si no estamos preparados, otros llenarán esos vacíos, que en muchos casos ya lo hacen. Por eso seguimos siendo, a pesar de los esfuerzos, el segundo país más empobrecido y con mayores desigualdades de América Latina.
La educación, la formación, la capacitación del potencial humano que tenemos, es determinante. Como también lo es el uso sostenible del potencial de nuestros recursos naturales, que ya quisieran otros países.
¿Estamos preparados, avanzando en la dirección correcta y con la velocidad requerida?
Sin duda, incrementar los niveles de acceso y mejorar la calidad de la educación, se dice fácil, pero es un enorme desafío que implica muchas voluntades reales, capacidades, consensos; una gestión dinámica, organizada, con apertura, descentralizada y amplia participación social, sin exclusiones, ni privilegios, que permita desatar las potencialidades y saberes de cada quien, nuevos saberes. Muchos recursos y su manejo eficiente.
En los últimos años se han realizado esfuerzos importantes y se han alcanzado logros, como la alfabetización, no cobros en las escuelas, merienda para niños/as, reformas curriculares que comienzan a llegar a las escuelas, formación y capacitación de docentes, mejora de la infraestructura de algunos centros y cierta mejora en la calidad reflejada en los resultados de exámenes de los estudiantes que quieren ingresar a las universidades.
Pero los desafíos siguen siendo inmensos. Por el rezago acumulado a lo largo de muchos años, la insuficiente inversión y articulación de actores. Y porque los conocimientos, la ciencia y la tecnología avanzan rápidamente. Y tantas cosas más.
Si la educación preescolar es base para el desarrollo de los conocimientos de los niños y niñas, y el desarrollo de la nación, ¿estamos haciendo lo necesario cuando sólo la mitad de los niños de 0 a 6 años están recibiendo algún tipo de educación en ese nivel? ¿Y la mayoría de 0 a 3 años se encuentra sin acceso a la educación? Debemos tener presente que una parte importante de esa cobertura es vía preescolares comunitarios, en manos de padres y madres de familia, de organizaciones comunitarias y otros organismos de sociedad civil en los territorios.
Se dice que las personas necesitan al menos 11 años de escolaridad para encontrar un empleo que contribuya en forma significativa a salir de la pobreza o mantenerse alejado de la misma. ¿Podrá entonces la educación contribuir en esos términos a la reducción de la pobreza y cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el campo de la educación, cuando a la educación Primaria sólo ingresa el 85% de la niñez en edad escolar, y más aún, si de los que ingresan sólo la mitad la finalizan?
¿Será suficiente para la transformación que necesita nuestro país que a la educación Secundaria sólo asista el 45% de los jóvenes que deberían asistir. Y que de los que ingresan al primer año sólo se bachilleren un poco menos de la mitad. Y que los que se bachilleran, sólo lo hagan para intentar ingresar a la Universidad, sabiendo que como máximo sólo un 20% logra hacerlo ?
Con relación a la calidad de la educación, en el año 2000, en el Plan Nacional de Educación 2001-2015, se concluía que “la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo era un embudo, en función de la pobreza; que el sistema y tipo de educación, no era alentador ya que reproduce la estructura de pobreza y tiende a mantener las desigualdades económicas y sociales. Y que continuar y extender el mismo tipo de educación no contribuirá sustantivamente a resolver el grave problema de pobreza y de capital humano y social”. Nueve años después (2009) el Ministro de Educación, hablando de la educación nacional, señaló que “la educación es el mejor contribuyente a la reproducción clasista de la sociedad, la inequidad y la desigualdad social. Una educación de calidad para las clases pudientes y acomodadas, y una educación de baja calidad y deficiente para los sectores empobrecidos y en situación de miseria”.
¿Podrá la educación en esas circunstancias contribuir a generar los cambios que necesitamos las personas, las comunidades y el país?
¿Podremos desarrollar los sectores agropecuarios, forestal, infraestructura, energía y turismo que son base de nuestra economía, si a lo sumo, el 2.5% de los jóvenes estudian carreras técnicas, pero la mayoría no relacionadas con esos ámbitos del desarrollo ?
¿Será que los cambios de algunos funcionarios a nivel central e intermedio, que se han producido y seguramente continuarán en el Mined, y la misma reingeniería o la refundación, de la cual se habla en la institución, son para lograr los niveles de acceso y de aprendizajes relevantes y útiles que requieren el desarrollo de las personas, los territorios y el país en su conjunto? ¿O existen otras razones?
¿Contará el país, a partir de entonces, con Políticas de Estado en educación, de largo alcance, que no cambien con gobiernos y ministros que asumen la responsabilidad? ¿De esas políticas, se derivará un Plan Nacional de Educación consensuado por toda la comunidad educativa (padres y madres de familia, estudiantes, docentes) y otras fuerzas sociales, económicas y políticas?
Se requiere, igual, ampliar y fortalecer la gestión educativa, una mejor organización y articulación -a lo interno y hacia afuera-, la descentralización en los niveles que corresponda, la participación social y los espacios e instancias institucionalizadas, para que cada quien, según sus responsabilidades, asuma sus compromisos en beneficio de la educación y de la nación.
Pero igual, para ello, la educación básica y media, necesita contar con los recursos necesarios. Ojalá y los compromisos del Presidente de la Asamblea Nacional para incrementar en forma progresiva el presupuesto a la educación, se materialicen a la mayor brevedad. Se puede comenzar desde este mismo año. Una meta base es lograr el 7% del PIB para la educación no superior. Pero es imprescindible definir a cuánto se llegará en 2011, 2012, 2013, en el 2015. ¿ Y para la educación técnica ?
Y definir en conjunto el orden de prioridades. El menú es amplio, entre otros: un mayor número de maestros, con mejor formación y capacitación, mejores condiciones de vida y trabajo, mejores salarios; más escuelas, mantenimiento y reparación de las existentes, acondicionadas con pupitres, bibliotecas, laboratorios, y lo necesario para enfrentar los fenómenos naturales; merienda escolar, libros de texto, materiales educativos; un mejor currículo, contextualizado, con un calendario escolar ajustado a las necesidades, para responder mejor a la educación de los excluidos, de los más empobrecidos, de los pueblos indígenas, grupos étnicos y afrodescendientes, de las personas con discapacidades.
De todas esas cosas y más, fundamentales para la vida de los niños y niñas, adolescentes y jóvenes, para el desarrollo sostenible, integral de las personas, las comunidades, el desarrollo y la seguridad nacional, tenemos que hablar en todos los espacios existentes y que se deban abrir, en particular en el proceso de elaboración del Plan Decenal de Educación, que ojalá se construya a partir de un amplio y suficiente consenso nacional de las diversas fuerzas de la comunidad educativa, fuerzas sociales, económicas y políticas.
Y a la par de hablar, concretar acciones, incidir en cada nivel, para generar los cambios necesarios y que estos no sólo sucedan, como ya ocurre en algunos casos, sino con la velocidad, la fuerza, la profundidad y la sostenibilidad con que se necesitan.