Opinión

Un cronista de prosa irónica


Podría escribir acerca de ellos hoy, mañana
o el año que viene y no habría la menor
diferencia en cuanto a su actualidad. Esas
personas son intemporales. Podrán vivir
mientras viva el lenguaje empleado para
describir sus vidas, si ese lenguaje está
dotado de cualidades perdurables.

Gay Talese

¿Qué hace inmortal la memoria de un pueblo? ¿Cómo puede un pueblo conservar, ampliar y rescatar su historia? Jorge Eliécer Rothschuh Villanueva en su más reciente obra, Juigalpa Tierra de caracoles, rescata las costumbres e historia contemporánea de Juigalpa a través de sus personajes, paisajes y sitios populares.
Con su prosa cargada de ironía retrata y da vida a cada personaje. Como si se tratara de un elenco artístico, el autor describe el papel protagónico que jugó cada actor en ese teatro llamado Tierra de caracoles. Sin exagerar, pinta a imagen y semejanza la autenticidad de cada personaje. Donaldo López es el “connotado barbero y fino amante”; Patricio representa al campesino Maya, de extrema pobreza pero con actitud positiva hacia la vida; Mónico es el trovador del pueblo, “el campesino cantor”, “el último juglar”; Las niñas Montiel son el prototipo de la madre disciplinada, pero con la diferencia que estas nunca se casaron y tras el fallecimiento de sus padres han asumido las riendas en casa. Una forma de reconocer el liderazgo femenino en Juigalpa. La lista de personajes populares continúa; Chepe Cruz, Chicharrón Suárez, Chale Guerra, Moncho Fonseca, El Chilenito, El Gato Rayado, Los Chico Rivas, etc. Cada personaje constituye la luz y sal de cada hacienda, barreras de toros, montañas, parques, iglesias y desde luego el lugar que dio origen al libro: la Calle Palo Solo.
El autor ratifica qué tan importe es tener memoria prodigiosa como recursos literarios. De otro modo, difícilmente lograría que sus amores íntimos aceleren los corazones al tocar las zonas húmedas de Afrodita Pérez; y provocar ese frenesí erótico de estar por primera vez en los brazos de la mujer madura,” nos lleva a bailar una pieza en las tardeadas dominicales del Hotel Imperial de Doña Güicha Márquez, pobladas por divas con “traseros rumberos”, guarachas y merengueros. Consigue que el lector adquiera ciudadanía juigalpina al identificarse rápidamente con los personajes, paisajes y lugares de este municipio. Lograr estos resultados es tarea solo de cronistas letrados. Un campo donde Jorge Rothschuh inició a temprana edad. La influencia literaria del Poeta Mayor de Chontales, Guillermo Rothschuh Tablada está reflejada en esta obra, aunque Jorge Eliécer mantiene su propio estilo, claro está.
¿Una autobiografía implícita? Basta escuchar su canto melancólico sobre los distintos bañaderos “Paiwuas”, “La vuelta de los Coyoles”, La poza “Comabanca” y “La Tonga y El paso de los Lanzas”- sobre la Juigalpa de los años sesenta y setenta; esos capuchones que recuerda con nostalgia: “tengo un río que va caminando con el tiempo, hemos crecido juntos, su edad pertenece a mis días de gloria y noches de hastíos”. Una forma explícita de abrir su corazón; y es a su vez, una denuncia por el despale indiscriminado, como confirmó 27 años después de regreso a la Nicaragua natal.
Después de habernos sumergidos en este volumen, el poeta nos confirma que sus personajes están clonados en cada rincón de Nicaragua. Quizás por eso nos resulte tan familiar Pata de Chopo quien no tiene oficio ni beneficio, arquetipo del vago sano. Este gran reportaje muestra la riqueza cultural de los municipios, comarcas, valles y quebradas del centro de Nicaragua; rompe con el estigma de violencia y machismo con que son percibidos los hombres de “tierra adentro”. Un estigma promovido por los medios de comunicación.
Jorge Eliécer Rothschuh Villanueva con su texto confirma que en cada comarca, región y comunidad hay trovadores, poetas, cronistas, jugadores de gallos, aficionados a las corridas de toros, liderazgo femenino, filósofos, etc. Actores “comunes” que normalmente están invisibilizados por los medios de comunicación. ¿Qué hace célebre a los personajes de Juigalpa al resto de municipios? La diferencia de fondo estriba en la prosa humorística de JERV. Sin cambiar nombres o falsificar los hechos, saca a luz las vidas de cientos de personajes “oscuros”, inmortalizando estas figuras con su pluma.
Una ciudad que carece de cronistas está condenada a la demencia. La memoria oral es frágil y vulnerable a la tergiversación de los hechos. Juigalpa tiene identidad cultural no solo por tener hijos literatos encabezados por los Rothschuh, sino por tener cronistas comprometidos con su terruño. En eso consiste la esencia histórica de cada pueblo. JERV con su más reciente texto coloca en el mapa mundial a sus raíces. Juigalpa es para Jorge Eliécer el equivalente a New York de Gay Talese (New York: los paseos de un afortunado y Retratos y encuentros), confirmando que solo se escribe con más propiedad el mundo que se conoce.
El escritor Jorge Eliécer Rothschuh Villanueva, con casi tres décadas de vida en la tierra de Octavio Paz y Carlos Fuentes, por medio de su escritura placentera, hace de la autenticidad de los personajes populares y costumbres de Juigalpa, una literatura de la realidad. Su texto pasa a formar parte de los artífices más brillantes de la historia contemporánea de la cabecera departamental de Chontales: Guillermo Rothschuh Villanueva, Asalto a la memoria (1998) y el Maestro Guillermo Rothschuh Tablada, principal cantor de la chontaleñidad, forjador del mito de Vicente Hurtado Morales, Catarrán.