Opinión

El Pacto de los Generales hace 60 años


Suscrito el 3 de abril de 1950 por los generales Emiliano Chamorro —entonces de 79 años— y Anastasio Somoza García —de 54—, el “Acuerdo político entre el Partido Conservador de Nicaragua y el Partido Liberal Nacionalista por intermedio de sus delegados plenipotenciarios” —tal era su título— es un ejemplo de arreglismo cortoplacista, uno de los constantes elementos de la cultura política nicaragüense.
En su investigación sobre la materia, el doctor Emilio Álvarez Montalván clasifica nuestros pactos políticos en tres categorías, de acuerdo con sus objetivos: aquellos que ponen fin la guerra civil (los de 1856, 1893, 1927, 1979 y 1990), los que pretenden buscar una salida electoral bipartidista a los conflictos políticos (1924 y 1936) y los prebendarios, utilizados por los caudillos para optar a una nueva elección presidencial (1939, 1950, 1971).

El pacto Somoza-Cuadra Pasos
El de 1950 no puede comprenderse sin su antecedente: el Pacto Somoza-Cuadra Pasos, firmado el 26 de febrero de 1948 para solucionar una crisis política. Emiliano Chamorro vivía exiliado en México desde 1936 y la figura más connotada del conservatismo en el país, aparte de conciliadora y civilista, era el doctor Carlos Cuadra Pasos (1879-1964). Como Jefe Director de la Guardia Nacional, Somoza García había sacado de la silla presidencial, el 26 de mayo de 1947, al candidato presidencial de su partido que hizo ganar fraudulentamente: el doctor Leonardo Argüello ( -1947).
Al derrocado Argüello lo sustituyó con Benjamín Lacayo Sacasa, quien sólo duró 80 días en el cargo, pues su nominal gobierno no tuvo el reconocimiento de la comunidad internacional. Entonces Víctor Manuel Román y Reyes fue designado por la Asamblea Nacional Constituyente que elaboraría la Constitución de 1948, promulgada un mes antes del Pacto Somoza-Cuadra Pasos y que fijaría el término de la presidencia de Román y Reyes el 1º de mayo de 1951.
Sin embargo, dicho Pacto no fue reconocido por la dirigencia y la corriente mayoritaria del Partido Conservador (la chamorrista), ya que Cuadra Pasos había representado sólo a “un grupo considerable de conservadores que han permanecido en la Oposición”. En consecuencia Somoza García, ya de regreso Emiliano Chamorro en Nicaragua, decidió entrar en pláticas con éste para lograr un nuevo acuerdo. A Cuadra Pasos los chamorristas lo aislaron en una especie de expulsión partidaria que poco después rectificarían al considerar que el Pacto Somoza-Cuadra Pasos abría las puertas a los conservadores para obtener una participación en el gobierno.

La versión de Emiliano
En su autobiografía, Chamorro cuenta: “En enero de 1950 vino de Costa Rica, donde residía desde hacía muchos años, el doctor Roberto Gutiérrez Silva, solicitándome una credencial para servir de intermediario en ciertas pláticas que él pensaba entablar para ver de conseguir garantías para una campaña electoral. Advertí al doctor Gutiérrez Silva que nuestra condición para llegar a un arreglo de nuestras divergencias políticas con el régimen era a base de elecciones libres, justas y honestas”. Estas, para Chamorro, debían ser garantizadas por la supervigilancia de la recién creada OEA; condición que rechazó Somoza García. En vista de ello, informó que el general Somoza deseaba “una conciliación en beneficio propio exclusivamente”, es decir, a base de retornar a la presidencia de la República. Y continúa:
“En aras, sin embargo, de la conciliación nacional y para evitar caer en la encrucijada de la violencia en la que necesariamente hubiéramos tenido que desembocar, accedí a concurrir, el 26 de marzo de 1950, a casa del doctor Alejandro Stadthagen para sostener una conferencia con el general Somoza. En la entrevista estuvo únicamente presente el doctor Emilio Álvarez Lejarza [1884-1969], quien había servido de intermediario”. Las conferencias continuaron, culminando en el documento suscrito por ambos el 3 de abril: “Al firmar este Convenio —señaló Chamorro— nunca tuve en mente colaborar con el gobierno del general Somoza [todavía estaba de presidente Román y Reyes], sino dar al Partido Conservador la oportunidad de influir con su presencia en los principales organismos del Estado”.
No ocultaba, pues, su naturaleza prebendaria. Lo que si olvidó Chamorro fue que el llamado popularmente “Pacto de los Generales” estuvo precedido por un negocio particular entre los dos individuos firmantes. La Compañía Nacional de Productores de Leche S. A. (mejor conocida como “La Salud”) se organizó en febrero de 1950 con Chamorro como presidente de la Junta Directiva y Somoza García como vicepresidente. Eventualmente, se convirtió en la planta lechera más grande del país.

Su contenido
En síntesis, el Pacto de los Generales obligaba a los dos partidos a convocar elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente y para Presidente de la República el 21 de mayo del mismo año; 2) a mantener el esquema bipartidista y eliminar no sólo al beligerante Partido Liberal Independiente, sino a los partidos políticos “de filiación internacional, salvo aquellos que tiendan a la unión de la América Central”, puesto que los nicaragüenses, pertenecientes a “la comunidad democrática de los pueblos libres de América, se encuentran amenazados por el peligro comunista que tiende a la dominación universal”, y 3) a garantizar el treinta por ciento de los asambleístas al partido que resultare minoritario en las elecciones generales, como también incorporar el principio de Representación de las Minorías no sólo en el Poder Judicial, sino en todo Cuerpo Colegiado, “incluyendo las juntas directivas de los Bancos o Instituciones de Crédito del Estado y demás Entes Autónomos, servicios descentralizados de Administración Plural, así como las misiones plurales y delegaciones a conferencias internacionales e integración de autoridades locales o municipales.”
Doce días después de suscrito públicamente el Pacto, la Asamblea Nacional Constituyente —bajo la dirección del doctor Manuel F. Zurita— apoyó su contenido, estableciendo las bases para las inmediatas elecciones y la promulgación de una nueva Constitución. Asistieron a la sesión del 15 de abril de 1950, entre otros diputados, los conservadores somocistas Luis Alberto Cabrales, José Coronel Urtecho, Diego Manuel Chamorro, Rafael Paniagua Rivas y Adolfo Benard; y entre los senadores del partido conservador Juan José Martínez, José Bárcenas Meneses y Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (director también del diario La Prensa, y cuyo primogénito lo enfrentaría —en dolorosas discusiones familiares— por ocupar ese curul, según Edmundo Jarquín en su biografía de P. J. Ch. C).
Como estaba arreglado, el 21 de mayo tuvieron lugar las elecciones generales. Los conservadores desarrollaron sus actividades proselitistas previas con bastante libertad, pero su candidato —el empresario granadino Emilio Chamorro Benard— perdió ante Somoza García al recibir menos de la cuarta parte de los votos. El editorial de La Prensa del 23 de mayo de 1950 manifestó: “Y ahora sólo nos queda decir al general Somoza: esta vez tiene usted el campo propicio para ser un gobernante perfecto. Nadie le echará en cara que ha usurpado el gobierno”.

Ruptura y consecuencias
A finales de 1953, cuando Somoza García habló públicamente de reelección —prohibida en su artículo 186 por la Carta Magna de 1950—, el caudillo verde rompió el Pacto, retornando a su acción conspirativa, no sin antes ordenar retirarse del Congreso a los diputados conservadores. Sin embargo, el doctor Eduardo Conrado Vado y otros no le hicieron caso. Así surgió el grupo parlamentario colaboracionista que el ingenio popular llamaría “zancudos”.
Tal fue una de las consecuencias importantes del Pacto de los Generales. Otra: el origen de la dictadura hereditaria. El mismo Chamorro, en virtud del “Acuerdo de Fraternidad Nacional que habíamos suscrito” —confiesa en su autobiografía— le concedió a Somoza García el favor personal que encarecidamente le pidió: que su hijo Luis fuese diputado. Por eso la Constitución de 1950, producto del Pacto, omitió la tradicional disposición de prohibir ser diputados a los parientes del Presidente de la República dentro del cuarto grado de consanguinidad —Chamorro reconoce ese error.
En suma, Somoza García engatuzó a Emiliano, quien escribiría en sus memorias: “Yo llegué a estar perfectamente convencido de que estaba haciendo un bien al Partido Conservador y un bien a Nicaragua. El general Somoza, según los rumores circulantes fidedignos, estaba bastante enfermo y decía a algunas personas, a fin de que me lo llegaran a repetir, que él deseaba que una vez que desapareciera del escenario político, por una u otra circunstancia, el Gobierno quedara en manos del Partido Conservador, y que de esta manera sus bienes y sus propiedades quedaban asegurados, porque creía que el Partido Conservador, después de ese Acuerdo Político, no podía atentar contra sus bienes, por vía de confiscación, represalia o de otra manera. Más bien llegó a expresar a más de alguno, que me lo repitió, de que tenía horror a que a él le sucediera el Partido Liberal Independiente, pues a éste le temía enormemente a que pudiera confiscar sus propiedades y hacer represalias contra él y su familia”.
Por su lado, el asesor de Chamorro en el Pacto, el doctor Emilio Álvarez Lejarza, refería que para Somoza García uno de los propósitos colaterales del mismo era desacreditar la figura de su mayor adversario político y para éste un espacio legal para seguir conspirando.
Finalmente, en su obra Gobernantes de Nicaragua, Aldo Díaz Lacayo —analizando el beneficio político que obtuvo Somoza García en las elecciones de 1950—, comentó: “Fue un proceso tan perentorio como la urgencia de Somoza por recuperar el poder constitucional, pues hasta entonces lo ejercía de hecho, como Jefe Director de la Guardia Nacional, cargo que siempre conservó, inclusive mientras ejercía la presidencia de la república.”