Opinión

Hacia la seguridad alimentaria


A partir de la iniciativa del Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, el “Foro de Presidentes de Poderes Legislativos de Centroamérica y el Caribe” (Fropel) ha asumido el reto de proyectar, para su consulta y discusión, una “Ley Marco de Soberanía y Seguridad Alimentaria Nutricional”, concibiendo tal tema como “un derecho humano consustancial al derecho a la vida y una obligación que los distintos Estados deben garantizar a sus poblaciones”.
Ambas iniciativas son de vital importancia y forman parte del nuevo enfoque que se plantea para el tema de la cooperación o ayuda internacional en el rubro alimentario. Mismo que se centra en enfatizar que corresponde a la producción Agro-Pecuaria y Forestal ser el eje del Desarrollo económico-social de los países en desarrollo.
Este enfoque se agiganta con las experiencias que se viven en el sub-Sahara Africano. Lo que ha evidenciado que el ayudar enviando alimentos a las poblaciones afectadas es como poner una “curita” que no resuelve el origen del mal.
Objeto de estas críticas son organismos internacionales como la FAO, de Naciones Unidas, el Usaid, del gobierno norteamericano, Banco Mundial y toda una serie de ONG, que ahora reflexionan y buscan cómo canalizar la ayuda internacional hacia proyectos y programas que sustenten un desarrollo agrícola sostenible, dejando de ser meros repartidores de alimentos en momentos coyunturales, lo que generaría la producción suficiente de alimentos tanto para el consumo local como para el mercado nacional e internacional.
Especialistas en este tema consideran que desarrollar el sector agropecuario de un país como el nuestro permitirá logros como: i) superar el HAMBRE imperante en algunas regiones y que provoca una limitación de las capacidades productivas de la población rural; ii) aumentar los ingresos de los hombres y mujeres que laboran en el campo, mejorando sus niveles de vida; iii) generar suficientes alimentos para satisfacer las necesidades nutricionales de una población en constante crecimiento; iv) mejorar la asistencia escolar de niños y niñas del sector rural y por ende mejorando los índices de educación en general.
Logros que requieren el canalizar recursos de la cooperación internacional y recursos propios para abordar problemas como: mejorar la infraestructura productiva rural (caminos, energía, riego, centros de acopio, maquinaria agrícola, comunicación); así como ir superando a) la carencia de programas de capacitación en el uso de tecnologías para mejor producir (semillas e insumos orgánicos); b) la falta de relaciones directas del productor nacional con nichos de mercados locales o en el exterior (mercados nostálgicos, por ejemplo); c) la falta de mecanismos de fácil acceso al crédito productivo (Banco de Fomento, etc.); d) el continuo uso de sistemas de producción con remanentes feudales que, consecuentemente, provocan graves daños al Medio Ambiente y a nuestros Recursos Naturales; e) falta de criterios para priorizar inversiones que implican mayor valor agregado de lo que se produce y que generen empleo en la misma zona rural.
Todo lo anterior pasa por un Nudo Gordiano: la accesibilidad a la tenencia de la tierra para los hombres y mujeres que viven en el campo y que al no poseer tierra alguna se mantienen en estados de pobreza, incluso extrema. Tema esencial sería establecer como una política pública nacional el que la tierra sea de quien la trabaja y que deben buscarse mecanismos que permitan una justa distribución del recurso tierra.
Para el hombre o mujer del campo no poseer legalmente una porción de tierra significa, al menos: a) no poseer su propia casa o rancho; b) no tener acceso seguro a los alimentos diarios que requiere la nutrición de un ser humano para vivir dignamente; c) no tener asegurados un ingreso económico suficiente y con regularidad; d) vivir en un estado de Absoluta inseguridad.
Cuadro éste que se agrava al tratarse de casos de mujeres solas y jefas de familia. Aun cuando las experiencias internacionales evidencian que la mujer jefa de familia que llega a obtener derechos legítimos sobre algún trozo de tierra, logra conformar familias menos vulnerables al Hambre, a la Desnutrición y a la falta misma de una Casa propia.
En el fondo este reto implica, nada más ni nada menos, la transformación integral del sistema de producción agrícola y forestal en nuestros países convirtiéndolos en motor de la economía nacional y generador de empleos en las áreas rurales.
Estaremos expectantes ante los planteamientos que logre hacer la comisión de FROPEL encargada de esta tarea y que, probablemente, proyecta plantear la homologación de algunos rubros del proceso de producción agrícola, así como de posibles alternativas de solución, que podrían plantear toda una serie de reformas estructurales en cada uno de nuestros países. Todo encaminado a reforzar la lucha contra la pobreza rural.

*Secretario PRN