Opinión

Las dos Nicaragua


Argumentos para hacer sentir la importancia imperativa de adoptar un cambio, tan profundo como el de un nuevo paradigma de una verdadera democracia socioeconómica nicaragüense, sobran para salir de la fétida y manipulada democracia impuesta por los intereses mezquinos de los mismos políticos desde hace treinta años. Pero hay uno que es un argumento real, nada ideológico o teórico, que es la pobreza extrema en que vive el pueblo, a diferencia del mundo de los políticos y sus allegados.
Hay un grito desgarrador en los rostros y la conciencia de la gente del pueblo, que va más allá de todo límite, la reducción exponencial de capacidad de suplir los artículos de primera necesidad en el hogar dicen mucho, la duplicación y reduplicación de los fenómenos externos e internos que generan la pobreza bien pudieron ser amortiguados si existiera una voluntad política de parte de estas clases dominantes que hacen de la pobreza toda una apología sesgada para sacarle ventaja partidaria. ¿Dónde está el esfuerzo por una concertación nacional contra la pobreza? ¿Cuáles son las políticas inclusivas que permiten poner a Nicaragua por encima de los intereses partidarios? ¿Dónde están el patriotismo y amor por Nicaragua de parte de nuestros políticos y grandes empresarios?
Ya nos produce vahído el ver a los caudillos rasgarse las ropas ante el tabernáculo de la inanición paupérrima, de la falta de oportunidades, del olvido extenuante y del sacrificio económico asfixiante preconcebido por décadas, para darle vida a una nueva elite que se erige a imagen y semejanza de los huesos de la clase media alta y burguesa de la dinastía de los setenta.
La pobreza es un pecado capital generado por revanchismo, oportunismo, políticas prebendarias, corrupción por robos, abuso de poder e incapacidad administrativas. ¿Cuándo los nicaragüenses nos veremos como sujetos de cambio, de transformación y no como botín de las cúpulas políticas?