Opinión

El pensamiento democrático de Sandino


“He is a bandido”, decía Somoza, “a bandolero”.
Y Sandino no tenía propiedades…
“Claro que no es” –dice el Ministro Americano
riendo –“pero le llamamos bandolero en sentido técnico”
Ernesto Cardenal, Hora 0

Del pensamiento de Sandino siempre se ha enfatizado su antiimperialismo, sus creencias religiosas y su programa social. Una lectura cuidadosa de sus escritos, y de los escritos de los que lo conocieron, revela que Sandino también creía en la democracia. Obviamente, eso no agota la totalidad del pensamiento de uno de los nicaragüenses más importantes del siglo XX, pero ese es el tema de este artículo.
Para entender lo que Sandino pensaba sobre la democracia uno debe comenzar con las causas de su lucha. Cuando Sandino se las explicó al presidente de los EU, Herbert Hoover, en una carta fechada el 6 de marzo de 1929, lo hizo enfatizando la ocupación del país, y también la democracia y la constitucionalidad. Según Sandino, la elección de 1924, en la que salieron elegidos Carlos Solórzano y Juan Bautista Sacasa, fue “justa y honrada”, pero el golpe de estado que dieron en 1925 los conservadores rompió con el orden constitucional y con la Convención de Washington, en la que se acordó que no se reconocería a ningún gobierno que subiera al poder por medio de un golpe de estado o una revolución. A través de una serie de maniobras, EU terminó reconociendo a Adolfo Díaz porque favorecía sus intereses, en vez de reconocer a Solórzano o a Sacasa, que por ley tenían derecho a la presidencia.
La clave de su pensamiento sobre las elecciones está en esa carta. Para Sandino las elecciones deberían ser “justas y honradas” para que pudieran reflejar la voluntad popular. La razón por la que no aceptó las elecciones de 1928, que las ganó Moncada, es porque las consideraba una farsa electoral: los invasores manipularon el voto para elegir a Moncada, que también beneficiaba los intereses de los EU y no los del pueblo. Refiriéndose a la parcialidad del poder electoral presidido por los invasores, Sandino dijo, en una carta a Froylán Turcios, fechada el 14 de marzo de 1928, que “no hay libertad, desde el momento en que se apoya a un candidato y desoye la propia y verdadera voluntad del pueblo…”. Es decir, que las autoridades electorales no eran imparciales.
Dado que el sistema electoral organizado por los norteamericanos no era imparcial, Sandino consideraba que era necesaria la presencia de observadores internacionales, pero prefería latinoamericanos. En la carta que le mandó al contralmirante David E. Sellers, el 3 de febrero de 1928, le dijo que sólo depondría las armas si se retiraban las fuerzas invasoras y si existía “supervisión de las elecciones por representantes latinoamericanos, en lugar de supervigilancia de la infantería de marina yanqui”.
El pensamiento de Sandino no deja dudas de que él era partidario de elecciones libres, justas y honradas. Esto le dice al Capitán Hatfield, comandante militar norteamericano de Nueva Segovia, en una carta fechada el 12 de julio de 1927: …”si los Estados Unidos quieren la paz en Nicaragua, deben dejar en la presidencia un legítimo gobierno nicaragüense, electo efectivamente por el pueblo. Entonces, yo depondré las armas pacíficamente sin necesidad de que nadie me lo imponga”
Aun el Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar, dado a conocer el 20 de marzo de 1929, es una propuesta de unidad latinoamericana basada en la democracia y la constitucionalidad por su énfasis en elecciones (art. 12 y 13), la rendición de cuentas por parte de las autoridades (art. 17), la constitucionalidad (art. 18) y la apolitización del ejército latinoamericano (art. 21). El creía que “los tiranos no representan a las naciones”, como lo dijo en un documento fechado el 4 de agosto de 1928, en el que usó como epígrafe una cita de Abraham Lincoln (el que dijo que “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”). En su proclama de unión centroamericana, fechada el 16 de agosto de 1933, también enfatiza elecciones libres.
Elecciones libres sólo podían ocurrir si no había ocupación extranjera. Para Sandino la soberanía residía en el pueblo, y en un país ocupado, el pueblo no era soberano. Como dijo en su Manifiesto al pueblo de Nicaragua sobre las elecciones, fechado el 6 de octubre de 1927, “el pueblo es soberano y debe respetársele su derecho de elegir a sus gobernantes; y por eso luchará sin descanso (el EDSN) hasta hacer efectivo ese derecho, hoy pisoteado por los conquistadores”.
Además, su proyecto democrático no estaba basado en los intereses de las elites gobernantes, sino en las clases populares. Esto no es de extrañarse ya que la democracia ha sido posible cuando las clases populares han logrado participar en el poder. Así es como nació la democracia en Atenas. Solón y Cleístenes no sólo le garantizaron libertad, elecciones e igualdad frente a la ley al demos, sino que le dieron poder, beneficiándolo económicamente y asegurando la participación de los ciudadanos en el gobierno.
De ahí que Sandino se alió con los sectores populares y con los más progresistas de la Nicaragua de los años treinta. Estudiantes, campesinos, mujeres, obreros e intelectuales progresistas constituían su base social. También se alió a partidos no tradicionales como el Laborista y el Grupo Solidario. El proyecto de nación de Sandino partía de las reivindicaciones de esos sectores, y, por eso, se puede decir que era un hombre de izquierda, pero no de la izquierda leninista, sino de la democrática. En una carta fechada el 6 de enero de 1929, en la que Sandino propuso las bases “para que (Moncada) sea electo por el pueblo y para el pueblo”, reivindicó una serie de derechos para los trabajadores, las mujeres y los campesinos.
Ahora, cuando hablamos de democracia nos estamos refiriendo a la democracia liberal y representativa. Aunque Sandino consultaba a sus soldados, a su Estado Mayor, y le prestaba atención a lo que decía la gente con la que se encontraba, él no escribió específicamente sobre democracia directa o participativa.
Quizá porque creía en los ideales del liberalismo, aunque el suyo era más radical que el liberalismo tradicional, para Sandino los individuos tenían una serie de derechos, los cuales se garantizaban en la Constitución. El artículo 5 del documento que firmaban los que querían integrarse a su ejército decía claramente que se “debían respetar todos los derechos de los ciudadanos”. Esos son el derecho a la vida, al voto libre, a la propiedad, y a la libertad de expresión, los cuales profesa y promete respetar en muchos de sus escritos. De que luchaba por ideales lo dejó claro cuando depuso las armas y se unió al proceso político una vez que Sacasa había sido elegido (Sandino consideraba que Sacasa representaba la voluntad popular) y los marinos se retiraron de Nicaragua. El General Feland, comandante de los marinos durante la ocupación, le dijo a Carleton Beals que a Sandino se le podía llamar fanático, idealista, o patriota, y que el ejército le llamaba bandido en el sentido técnico, porque era miembro de una banda.
Es cierto que Sandino, como un jefe militar en tiempo de guerra, le quitó algunos derechos constitucionales a sus enemigos (EU lo hace también y lo está haciendo en pleno siglo XXI en su guerra contra el terrorismo y se le considera una democracia). En el documento titulado Acuerdo sobre los traidores a la patria, fechado el 14 de noviembre de 1927, Sandino dijo que respetaría los derechos de nacionales y extranjeros, siempre que no apoyaran a los invasores. Dice José Román en Maldito país que Sandino le dijo que tenía “valor y dignidad de confesar lo brutal de nuestros procedimientos, y sobre los cuales, si bien no hay explicación si hay justificación”. Según él, los invasores y la Guardia Nacional no tenían el valor ni la dignidad de aceptar responsabilidad por sus atrocidades.
¿De la libertad de expresión? De eso no dijo mucho. En su Estado Mayor la practicaba, permitiéndole a sus miembros que hablaran en completa libertad. Urbano Gilbert en su libro Junto a Sandino cuenta lo que pasó cuando él disintió en una reunión del Estado Mayor. Mientras que otros miembros del Estado Mayor lo tildaron de traidor, Sandino lo escuchó y lo elogió por su sinceridad y por sus servicios al EDSN. A Carleton Beals, el periodista norteamericano que lo entrevistó por cuatro horas, Sandino le dijo que estaba en libertad de publicar lo que quisiera. A Nicolás Arrieta le habló de sus planes de publicar un periódico para difundir los ideales de un partido que quería formar. En la misma entrevista expresó sus respetos hacia Pedro Joaquín Chamorro.
Se puede decir que Sandino, porque creía en elecciones libres, en empoderar al pueblo para que decida su propio destino, en derechos constitucionales y en la libertad, era un demócrata convencido.

*El autor es sociólogo.