Opinión

¿Qué citas de “Marx” no las publicó Marx?


La primera obra publicada impresa de Karl Marx fueron sus artículos periodísticos en la Gaceta Renana, entre 1842 y 1843, con una ideología democrática liberal y progresista, y contra la restauración de las instituciones feudales. Se trata de más de tres docenas de artículos que están editados en español por J.L. Vermal, bajo el título “En Defensa de la Libertad” (Valencia, 1983); más una introducción de Manuel Atienza, por cierto, demasiado filosófica. Su periodismo, según declaró Marx al jefe de redacción, estaba orientado por la “situación concreta y respecto de las relaciones existentes”; demostraba así su oposición explícita a la filosofía de la intelectualidad idealista de la “izquierda hegeliana”. Junto a sus artículos periodísticos sobre la libertad de prensa y la ley de divorcio, fueron célebres otros acerca del derecho de los campesinos a recoger la leña caída en los bosques y sobre la crisis económica de los viticultores del Mosela. Pero la censura de la monarquía prusiana cortó esta iniciativa editorial de la burguesía liberal de Renania en 1843.
Frente a estos artículos de calidad periodística, carece de sentido que se dé más importancia a unos cuadernos de notas de lecturas de Economía Política, los “Manuscritos de París de 1844”, con una redacción apresurada de esbozos conceptuales de economía y filosofía; en los que se ensayan diversas hipótesis de abordaje de la Economía, no necesariamente coherentes entre sí, y que no tuvieron mayor consecuencia en la obra económica de Marx. Además, se suele citar sólo una parte de estos escritos fragmentarios. Se extrapola de ahí alguna idea filosófica, sólo porque favorece a cierto existencialismo, pero sacándola de su contexto de debate con la izquierda hegeliana. En el boom editorial de Guerra Fría se escribió más de este “Marx” de los manuscritos de 1844 que del liberal de la Gaceta Renana, pretendiendo convertir en un filósofo de la ética existencial a quien estaba empeñado esos días en deshacerse de su relación con los “jóvenes hegelianos”. Y precisamente, los esbozos filosóficos de los manuscritos de París más bien le sirvieron para La Sagrada Familia, obra que sí fue publicada y editada en 1845 como burla de la filosofía “crítica” de los intelectuales filósofos de la izquierda hegeliana.
Para un símil, imaginemos que se conservaran muchos cuadernos de Rubén Darío con sus notas de investigaciones lingüísticas y literarias, aunque no fue el caso. Pongamos que una especie de adeptos darianos los publicaran exagerando la importancia de estos volúmenes de notas, de esbozos improvisados y contradictorios, por encima de su obra publicada. Pues, para el “San Marx” de los prolíficos literatos “cristianos por el socialismo” (los mismos seguidores del socialcristianismo de Paulo Freire), se ha llegado al extremo de convertir las notas de sus cuadernos manuscritos en rectificación de la obra cuidadosamente publicada. Estos, cuando encuentran contradicciones de su ideología socialcristiana con la obra publicada de KM, las resuelven a favor de alguna cita suelta de los manuscritos; quizás por una actitud fundamentalista hacia los textos sagrados, que les ahorra tener que criticar abiertamente y razonar contra una cita textual que no les convence. Pero entre los teóricos de los manuscritos también hubo “marxistas” como Marcuse y Althusser, muy favorecidos en el negocio de la gran inversión del boom editorial de Guerra Fría. Althusser ganó sus ventas enfrentando un “Joven Marx”, supuesto fílósofo de los manuscritos de París, a otro “Marx” viejo, supuestamente más cientificista.
Por otra parte, la cantidad de obra fragmentaria citada hace que se tenga la idea de que Marx era un cagatinta, y que los editores estaban esperando, deseando invertir en publicarla, tal como ha sucedido con la “obra” de algunos “marxistas”. Pero en la realidad, parte de lo que citan no fueron más que pilas de papel de notas encuadernadas ocupando mucho espacio en la habitación de un fumador de habanos que, “providencialmente”, no tuvo que llamar a los bomberos. De hecho, KM pasó muchos años tomando notas en la Biblioteca del Museo Británico, de teoría económica, de estadísticas, de noticias de economía mundial, de historia económica; estudiando y aprendiendo las categorías económicas y sociales que ya habían desarrollado los fisiócratas, los clásicos de la Economía Política y los precursores de la Sociología. Pero KM publicó pocos libros.
Dos libros de Economía. El año 1857, KM comenzó un esbozo al que pasaría sus notas de ocho años de investigaciones en la Biblioteca del Museo Británico con la intención expresa de sistematizarlas, no de publicarlas. Tardó dos años en componerlo. Los cuadernos de ese esbozo están editados en español en dos tomos de 580 y 476 páginas (“Líneas fundamentales de la crítica de la Economía Política”, Barcelona, 1978). De ahí KM sólo sacó materiales para publicar un libro impreso en unas 200 páginas: Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859), que contiene el famoso “prólogo” de síntesis sobre Materialismo Histórico. Y es claro que lo publicado en 1859 no fue copia del esbozo de 1857-58.
Pero después de trabajar en este libro, Marx quiso reformular sus hipótesis y reinició sus investigaciones, dejando incompleta la proyectada publicación de nuevos tomos, que sus compañeros esperaban para orientar y dirigir sus luchas. Es evidente que KM hacía frente a problemas teóricos y no encontró soluciones fáciles. KM volvió a sus estudios y comenzó a componer un nuevo esbozo, del que tomó materiales para componer El Capital en 1866, que publicó en1867 (unas 800 páginas impresas, menos páginas que El Quijote). En la segunda edición alemana de 1872 revisó el texto, y en el conocido “epílogo” de respuesta a los críticos de la primera edición viene un par de frases sobre método dialéctico. Esta clase de explicación dialéctica es una rareza en Marx, no así en Engels más dado a la filosofía de la ciencia. Después, KM se dedicó más a su actividad en la Primera Internacional y posteriormente a la Segunda Intl, pero no abandonó sus investigaciones, especialmente de la colección de estadísticas oficiales del Reino Unido.
El nuevo esbozo, del que salieron los materiales de El Capital, era tan extenso que, a mediados de 1863, ya contiene el manuscrito que Engels publicará como si fuera el “Segundo Libro” de El Capital de KM (son unas 500 páginas impresas); aunque está demostrado que para KM los esbozos no eran publicables, y Engels se encontró con hasta tres variantes de capítulos de los cuadernos del 63 redactadas con posterioridad. Del mismo manuscrito editó Kautsky, las “Teorías sobre la Plusvalía”, que es una historia de la teoría de la Economía Política (ocupa unas 1600 páginas impresas). Y también de ahí se ha publicado el manuscrito de un posible capítulo VI de El Capìtal de 1967. Pero son trabajos incompletos en los que el autor no había resuelto sus contradicciones. Fuera de El Capital de Marx (1867), los manuscritos publicados sólo sirven para la consulta sobre la evolución de las hipótesis, de los conceptos, la historia de la teoría económica, las fuentes de su investigación, etc. Pero no tienen la misma autoría que la obra publicada.
No hay ningún libro definitivo de la teoría económica, una ciencia que cambia con las sociedades. Y aunque sí hay un conocimiento acumulativo, que se construye “sobre hombros de gigantes”, todo conocimiento está expuesto al criterio de verificación. Y esto se complica más con la teoría social implícita en toda teoría económica. Por caso, querer traducir El Capital a los términos de la Economía keynesiana choca con la teoría del valor de Marx, que no es reductible a la Psicología Social del ahorro con interés que mueve el sistema de Keynes. En cambio, como Friedman convierte el índice de paro, un dato negativo del empleo, en una dato positivo de la masa monetaria en circulación bajo la forma de salarios que ejercen presión sobre la demanda/inflación, el monetarismo (Economía) y la Psicología de la racionalidad del interés de los saldos bancarios (Sociología del “inversor”) han venido a coincidir con El Capital de Marx como un reloj de arena puesto al revés. Inclusive el “estado mínimo” (de bajo déficit del gasto público) del “neoliberal” Friedman recuerda invertida la sociedad de hombres libres (sin estado) de Marx.