Opinión

El machismo al volante y la tragedia de Rivas


Si bien el destino individual o colectivo parece insondable, creo que se vuelve un imperativo reflexionar sobre el trágico fallecimiento de doce jóvenes en el accidente ocurrido en la carretera Panamericana Sur el 3 de abril, la mayoría de los cuales viajaba en la tina de una camioneta y al parecer en estado de ebriedad.
Los comentarios de la población parecen dividirse entre quienes culpan a los jóvenes por haber bebido, o a sus padres, por la falta de supervisión hacia sus hijos, y quienes critican a la Policía por haberlos dejado pasar de un retén en la madrugada, pese a que la camioneta llevaba demasiados pasajeros y a que el conductor manejaba bajo los efectos del alcohol.
Pero más allá de estas consideraciones, hay temas que no suelen abordarse pero que sin duda tienen mucho que ver con este tipo de accidentes. Primero, ¿por qué beben tanto los jóvenes? En gran medida por un modelo de masculinidad aprendido y reforzado en la familia, en los grupos de pares, por la propaganda mediática y todo el entorno cultural en el que los hombres necesitan del alcohol como un recurso para el “desahogo”, para vencer inseguridades y temores que surgen en el contacto social y también para afirmar la “hombría” ante el grupo.
Esta necesidad del alcohol para abrir una comunicación que tiende a cerrarse por mandatos de género se agrava cuando existen tensiones, conflictos o violencia intrafamiliar, problemas en las relaciones amorosas u otras situaciones que empujan esta tendencia.
Segundo, ¿por qué los hombres conducen rápido y se muestran temerarios al volante? Porque muchos consideran que manejar rápida y agresivamente es una manera de afirmar ante los demás la “masculinidad”, de parecer “arrojados” ante las mujeres, especialmente cuando se establecen competencias entre conductores.
No es casualidad, por ello, que quienes más sufren accidentes de tránsito, tienen más accidentes fatales relacionados con el consumo de alcohol y conducen con más velocidad el carro o la moto son hombres jóvenes. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, cada año mueren un millón 200 mil personas en accidentes de tránsito, 75 por ciento de los cuales son hombres.
Los hombres sufren en el mundo tres veces más lesiones por accidentes de tránsito que las mujeres y son responsables de la gran mayoría de accidentes carreteros con graves consecuencias, según diversos estudios sobre el tema.
Los estudios advierten también que el estado del vehículo o las condiciones viales representan el 15 y 20 por ciento de las causas de los accidentes, mientras las razones humanas representan entre el 80 y el 85 por ciento.
Entre estas razones humanas destaca que los hombres por lo general no renuncian a conducir bajo los efectos del alcohol, porque muchos creen que en ese estado manejan mejor. En la Semana Santa del año pasado, un periódico salvadoreño reconocía esta situación al señalar que “la velocidad (al volante) incide más en el género masculino, resaltando aspectos de tipo cultural y conductual, o para ilustrarlo mejor, el machismo salvadoreño. La hombría puede estar antepuesta a la seguridad en nuestras carreteras, sin importar convertir a un simple automovilista recatado en un despiadado conductor temerario. “Mientras más veloz manejo, más macho soy”, así piensan algunos equivocadamente, cuando manejan a altas velocidades, o haciendo competencia con otros en alguna calle o carretera (el caso de los buseros). La situación se agrava si estos conductores están en presencia de las féminas, porque el exhibicionismo y la velocidad no cuajan con las carreteras, pese a la seducción con la velocidad, los resultados son siempre fatales.”
¿Cómo puede evitarse esta situación? Educando en nuevas mentalidades de género a los hombres desde la infancia, introduciendo estos temas en los procesos de crianza, en la educación escolar, en los medios de comunicación, en las diversas formas de educación popular que realizan organismos de la sociedad civil e iglesias a nivel comunitario.
Un estudio mexicano señala que hay muchas ventajas para los hombres jóvenes que analizan el tema de los accidentes de tránsito a partir de cómo viven su masculinidad: se sienten liberados cuando cuestionan los modelos estereotipados y rompen la idea de que deben arriesgarse y exponerse para sentirse “más hombres”, es decir cuando no necesitan demostrar públicamente su hombría. De esta manera cuidan más su cuerpo y pueden disfrutar de la vida social e incluso del consumo de alcohol, sin perder la cabeza.
Es un tema urgente alentar en los jóvenes un sentido de masculinidad no machista, no sólo para proteger sus vidas y la de los demás, sino también porque ellos merecen vivir la masculinidad de una manera mucho más satisfactoria y gratificante.

*Directora Centro de Prevención de la Violencia