Opinión

El pensamiento a debate


Desde los griegos hasta los alemanes, el pensamiento ha sido lo fundamental en la historia eurocéntrica: Platón (ideas perfectas), Aristóteles (sustancia), San Agustín (alma), Descartes (conciencia), Kant (crítica), Hegel (espíritu), Husserl (sentido), Heidegger (pensar). Toda la ruta ha sido despreciar “cuerpos que no piensan” (mujer, naturaleza, colonizados, iletrados) y situar al pensamiento, corona de la cadena, por encima de todo.
Las ex colonias han sido violentadas por una ruta epistémica que va de Atenas a Berlín y de Roma a París, le debemos a los decoloniales, recordárnoslo. El primer día de clases en todas las universidades occidentales, por ejemplo, inicia con términos en griego y en latín, para señalar el nacimiento de ciencias y filosofías, distribuidas entre Inglaterra, Francia y Alemania. Todo lo que está fuera de ese mapa geoepistémico, es derivado y subalterno; está detrás, afuera y debajo.
No se puede comparar, por ejemplo, a Buda con Hegel o a Lao Tsé con Heidegger y mucho menos, a Nicarao con Descartes o a Netzahualtcoyotl con Hölderlin. El poder de la cultura vencedora define el lugar y esencia del vencido. A los suyos le llamará filósofos y a los otros, cuando son muy generosos, sabios, con un acento cultural y subalterno, aunque el karma búdico sea más racional que Hegel y el I Ching taoísta más perfecto que la geometría cartesiana. Y, aunque la diferencia entre filosofía y sabiduría sea que aquella separe el mensaje del mensajero y ésta los una. Krishnamurti y Osho ilustran al respecto.
Las ex colonias siempre carecerán de “algo”, que sólo las metrópolis tienen, para perpetuar la subordinación epistémica. Aunque ese “algo” sea una magia parecida a la que condenan como atraso. ¿No es magia, acaso, la virtualidad de las nuevas tecnologías y la publicidad que hace creernos, por pocos minutos, los dueños del mundo y a artistas, deportistas y cantantes como nuestros dioses?
Sea cual sea el paradigma “euro” (incluyendo los estadounidenses, única ex colonia a la que respetan por su potencia y tecnología, pero desprecian por sus superficialidades), que apliquemos a nuestras ex colonias, no podremos alcanzarlos nunca. Nosotros no somos “ellos”.
La combinación desestabiliza y a veces subvierte los binarismos, como los mestizajes, pero al ser sólo raciales, dejando al pensamiento intacto y puro, se lo seguirá considerando superior. Un mestizo es quien tiene el cuerpo de varios colores, pero la cabeza la tiene siempre en Europa o en EU. Podemos orinar en Managua, pero pensar en europeo. Y sólo recordamos nuestras raíces aborígenes y nos victimizamos cuando nos ofenden.
Quedan, en consecuencia, dos caminos: los imitamos desde nuestros mestizajes raciales (pero no epistémicos) y morimos en el intento como copias ridículas; o, como fruto de las combinaciones que de todos modos ya somos, los desestabilizamos, provincializándolos y rehusando situarlos en el centro de un saber que han ocupado como poder para inferiorizarnos. Ellos no son “nosotros”.
En la batalla entre la episteme contra el locus, siempre ha ganado la primera. El caso de los decoloniales es irónico, porque en nombre del “lugar de enunciación” lo que de verdad buscan es derrotar la episteme eurocentrada con su episteme “otra”. Cuando los europeos borran su espacio, le llaman teoría y cuando los colonizados la reciben, borrando su espacio también, le llaman emancipación, aunque sea “otra”. Debido a ello, los decoloniales posiblemente terminen en brazos de los socialistas del siglo XXI.
Un súper mestizo, al contrario, provincializa en su cabeza a Europa y deja entrar en condiciones estratégicas a todos los demás saberes, por razones defensivas.
Toda filosofía occidental moderna ha terminado por convertirse en una acción que, articulando la representación que hace sobre los demás, imaginados generalmente como sufrientes, los estimula a emanciparse para siempre de un dolor atribuido por elites letradas.
Mientras postcoloniales y decoloniales giran todavía alrededor del pensamiento, fortaleciéndolo aún más por la vía de la oposición (“otra” para los decoloniales) y la crítica (apofática para los postcoloniales), las corrientes supermestizas lo cuestionan a fondo. No hay algo “fuera” del eurocentrismo, puro e inocente, sino algo debilitado por las mezclas que no quiere dejarse dominar.
Krishnamurti decía que la historia siempre se repite porque la estamos recordando. El pensamiento, como memoria y lenguaje (especie de Google en pequeño) sólo puede reproducir lo archivado y construir orígenes, y sentidos primeros y últimos, desde el pasado. “¿Puede la mente que ha creado estos problemas resolver lo que ella misma ha creado?”.
Se agradece a decoloniales y postcoloniales, que hayan llamado al pensamiento, desde una exterioridad colonial constitutiva, por primera vez, a un debate desnudo y despojado de todas las otras dimensiones derivadas (económicas, sexuales, lingüísticas, étnicas, político/ideológicas y culturales) de las que estuvo oculto hasta la actualidad.
En este escenario, los suscritos, a mediados del año pasado iniciamos el libro “Debates Contemporáneos”, el cual ya concluimos y está previsto su lanzamiento en Mayo próximo, gracias al apoyo brindado por el Foro Nicaragüense de la Cultura bajo el auspicio de la Cooperación Suiza para el Desarrollo (COSUDE). El pensamiento, por vez primera, está en la agenda como problema y ya no como solución.