Opinión

Inicios del movimiento estudiantil en la UCA


Una visión de conjunto acerca del significado de la UCA en el desarrollo de Nicaragua, a lo largo de los últimos cincuenta años, tiene que ponderar la importancia y trascendencia del movimiento estudiantil. Después del Manifiesto de Córdoba (1918), las universidades latinoamericanas pasaron a convertirse en conciencia crítica de sus sociedades. Los dirigentes estudiantiles se percataron de que la comunidad universitaria, además de estudiar el entorno social, político y económico, constituía minoría privilegiada en el páramo del subcontinente americano. La insatisfacción derivada de las estructuras sociopolíticas y económicas existentes incidía en su ánimo. El paso inmediato era cuestionar, demandar e involucrarse en cambios que transformaran las realidades imperantes.
El movimiento estudiantil de la UCA, como heredero y continuador de las luchas impulsada por sus pares de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), no ha sido debidamente dimensionado. Las pretensiones de los fundadores de la UCA era convertirla en un centro de estudios dedicado únicamente a las tareas académicas, olvidando que los jóvenes son rebeldes por antonomasia. La primera manifestación de protesta en 1963 fue para rechazar los deseos de las autoridades de la UNAN, quienes querían obligarles a realizar sus exámenes de graduación en esa casa de estudios. La manifestación estudiantil resultó exitosa. Guillermo Vargas Sandino recuerda que el rector de la UNAN, Mariano Fiallos Gil, desistió de este propósito. La segunda expresión de rebeldía tuvo un matiz político. La UCA trasladó su sede durante el segundo semestre de ese mismo año, adonde permanece actualmente.
Congregados bajo el liderazgo de Róger Vélez, estudiante de ingeniería electromecánica, presidente del Centro Estudiantil Universitario (CEUUCA), una cincuentena de estudiantes se reunieron para demandar la entrega de los guerrilleros muertos en Bocay y Raití. Sin vínculos orgánicos con la guerrilla sandinista, los universitarios se solidarizaron con la lucha emprendida por los revolucionarios. Una de las características del núcleo fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), fue su origen estudiantil. Los caídos en combate en Bocay y Raití provenían de las aulas universitarias. Las autoridades de la UCA desestimaron esta iniciativa, bajo el argumento que la palabra huelga no existía en su léxico. En términos históricos esta protesta se convirtió en el primer asomo del descontento universitario. La UCA estaba constituida por una amalgama de estudiantes provenientes principalmente de familias conservadoras, socialcristianas y liberales. Los sandinistas, aunque minoría, contaban con poder de convocatoria.
La presidencia del Ceuuca en 1964 la ganó Carlos Sequeira, estudiante de Administración de Empresas, una de las tres primeras carreras con la que insurgió la UCA a la vida nacional en 1961. Las otras fueron derecho e ingeniería. La presidencia del Ceuuca tenía carácter rotativo. El año siguiente resultó electo Casimiro Sotelo, estudiante de derecho. Los estudiantes organizaron una manifestación para conmemorar la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959 en León, sin la venia de las autoridades académicas. Una de las principales debilidades de quienes estaban al frente de la UCA, fue su incapacidad para lidiar con las situaciones de rebeldía planteadas por los estudiantes. En su condición de presidente del CEUUCA, Casimiro Sotelo, acompañado por los integrantes de organismo estudiantil, Dionisio Marenco, Secretario General, Danilo Aguirre Solís, Humberto Belli, etc. en la víspera de la conmemoración, realizaron actividades encaminadas a crear las condiciones para que la convocatoria resultara un éxito.
Su decisión era celebrar el acto fuera de los muros de la universidad. Los dirigentes del Ceuuca se desplegaron por las aulas con el propósito de garantizar la mayor asistencia. Sotelo y Marenco se encontraban invitando a los estudiantes de derecho, cuando el padre Edgard Chamorro Coronel decidió expulsar a Casimiro, sin que mediase ninguna reunión de las autoridades universitarias. En el corredor de la facultad de derecho le dijo: “Estás expulsado”. Si las autoridades pensaban que doblegarían a los estudiantes, se equivocaron por completo. Con resolución resintieron la arbitrariedad. Abrieron negociaciones encaminadas a lograr la reintegración de Sotelo. Para presionar para que reconsideraran la decisión decretaron una huelga, la primera en su género en la UCA. Sus autoridades buscaban que se repitiese lo acontecido en la UNAN. En verdad la historia de rebeldía del movimiento estudiantil viene desde la misma génesis de la universidad en Nicaragua.
Cuando quedó únicamente la UNAN en la ciudad de León, el rechazo estudiantil al somocismo fue permanente. Las aulas universitarias eran centros de impugnación al somocismo. La fundación del Partido Liberal Independiente (PLI), fue una manifestación evidente de ruptura con el Partido Liberal Nacionalista (PLN), ante la decisión del Gral. Anastasio Somoza García de mantenerse para siempre en el poder. En la creación de este partido participaron un buen número de estudiantes. Símbolo emblemático de estas luchas, el asesinato del Br. Uriel Sotomayor en León (1948), por miembros de la Guardia Nacional, amamantada por Estados Unidos y una derivación de la intervención de la marinería norteamericana. El fundador de la dinastía sabía que para ganarse el favor de Estados Unidos, nada mejor que asesinar al guerrillero Augusto C. Sandino, quien había derrotado a los interventores con su gesta patriótica.
Después del Pacto de los generales (1950) entre Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro Vargas, los estudiantes de la UNAN cuestionaron de manera permanente los arreglos entre liberales y conservadores. La repartición del poder entre las paralelas históricas, se traducía en mutuo colaboracionismo, con la intención de disuadir y atajar cualquier pretensión de las fracciones liberales y conservadoras disidentes y evitar la organización de partidos de izquierda. Una buena parte del movimiento obrero era cooptado por Somoza, aunque jamás pudo asimilarlo y amilanarlo. A partir de la década de los cincuenta el movimiento estudiantil hizo tienda propia. La revolución cubana fue el fogonazo que alimentó sus esperanzas. La convicción que para salir de los Somoza pasaba por la lucha armada, prendió en la mente de la izquierda emergente, aglutinada alrededor del Frente de Liberación Nacional. Sus fundadores habían insurgido de las aulas universitarias.
La expulsión de Casimiro Sotelo ocurrió en un nuevo contexto. Los estudiantes universitarios sabían imprimir a sus luchas carácter político nacional. Sus reivindicaciones tenían profundo compromiso con un cambio de rumbo en la dirección del país. Las autoridades de la UCA albergaban la idea de que la huelga iba a ser desmontada rápidamente. Los estudiantes acamparon en el único acceso de entrada a la universidad en la carretera a Masaya, a la altura donde quedan ahora las gasolineras Shell y Esso, en la Rotonda Rubén Darío. La solidaridad estudiantil era explícita. Para demostrar que las demandas eran firmes, por las noches hacían tiraban bombas caseras en los alrededores de la UCA, con la finalidad de mantener la agitación y demostrar firmeza. Uno de los dirigentes que incursionaban por las noches estallando bombas era Humberto Belli Pereira.
Como escribió en sus memorias, Juan Bautista Arríen, en la separación abrupta de Sotelo “prevaleció ese concepto férreo y discutible del principio de autoridad”. Ante la falta de reconsideración de su reingreso, podemos deducir que contaba con la aquiescencia de la mayoría de su patronato económico. Los estudiantes se reintegraron a sus clases después de más de veinte días de huelga. El germen de la rebeldía había sido inoculado. A partir de ese momento la UCA no volvería a ser como pretendían sus gestores. Se inauguraba una nueva etapa de lucha estudiantil, asentada en principios políticos, más allá de reivindicaciones meramente académicas. El enlace entre las iniciativas desplegadas por grupos afines a los socialcristianos y sandinistas quedó forjado. El Consejo Electoral somocista nunca accedió a autorizar formalmente la existencia del Partido Socialcristiano (PSC).
Los jóvenes agrupados alrededor del movimiento político-militar encabezado por Carlos Fonseca Amador, jamás pensaron en la alternativa electoral. A la izquierda proscrita y perseguida políticamente, quedaba el camino de la lucha armada, su cantera de cuadros provenía de las aulas universitarias. Sus filas estaban constituidas fundamentalmente por estudiantes; con una plataforma programática diseñada para favorecer a obreros y campesinos. Siguiendo la tradición de la lucha armada en Nicaragua, iniciada por Sandino y luego del ascenso al poder de los barbudos en Cuba (1959), el escenario privilegiado fue la montaña.
Para evitar la parálisis del Ceuuca su coordinación (1965-1966) fue asumida por Nicho Marenco, quien resultó electo presidente para el siguiente periodo (1966-1967). Nicho se había integrado al Frente Estudiantil Demócrata Cristiano (FDC), pero gozaba de las simpatías de los integrantes del Frente Estudiantil Revolucionario (FER). Fue electo como candidato de los dos frentes estudiantiles, caso único en la historia del movimiento estudiantil universitario. Comenzaban a forjarse vasos comunicantes entre los estudiantes de la UCA y la UNAN. Todas las agrupaciones políticas tenían puesta su mirada en las dos universidades. Las luchas internas por la hegemonía del movimiento estudiantil, entre socialcristianos, sandinistas, socialistas, liberales y conservadores, se dirimían por controlar los cargos directivos del CUUN y el Ceuuca. Durante una buena parte de los sesenta el liderazgo de los socialcristianos en ambas organizaciones era ostensible. La izquierda continuaba siendo minoritaria.