Opinión

Partidos políticos versus organizaciones de la sociedad civil


Avanza en Nicaragua el fenómeno, donde importantes segmentos de la sociedad civil expresan su rechazo y repudio contra los partidos políticos tradicionales. Aumenta el número de ciudadanos que se sitúan ajenos a los partidos políticos, muchas de estas personas que en el pretérito reciente fueron simpatizantes y militantes de las agrupaciones partidarias ahora reniegan de éstos. Esta fracción social de la sociedad denota un estado de frustración política por la conducta corrupta de los dirigentes de las organizaciones partidistas, por esa razón connotados dirigente sociales han buscado otras alternativas de participación en el quehacer de la vida política nacional, por ello se encuentran en organizaciones de la sociedad civil, pues están persuadidos y convencidos que los dirigentes de los partidos políticos (FSLN y PLC) no están interesados en resolver los graves y acuciantes problemas de pobreza, de ingobernabilidad, por los que atraviesa la sociedad nicaragüense.
Es una verdad incuestionable que en los últimos treinta años los partidos políticos han demostrado con creces una actitud inequívoca de naturaleza oportunista, prebendaria y venal. Se puede aseverar que el desprestigio de los partidos políticos, quedó acreditado en las recién pasadas elecciones regionales de la Costa Atlántica, dónde quien gana la contienda con un 65% es el abstencionismo. La pérdida de credibilidad y la desconfianza está diezmando las bases y la organización de los partidos políticos. La ciudadanía percibe que los dirigentes políticos en sus diferentes niveles no trabajan en función de resolver los graves problemas del país, sino que se ubican en los cargos públicos para satisfacer sus intereses personales. La preocupación primordial de un dirigente político es conseguir un buen puesto de trabajo en el Estado, acelerar el enriquecimiento personal a costa del erario, defender sus cuotas de poder, utilizando los pactos políticos en función de sostener el status quo.
Ante esa actitud displicente es que sectores de la clase media, profesionales e intelectuales, con diferentes signos político-ideológico, se han reagrupado constituyendo organizaciones de la sociedad civil con expresiones organizativas departamentales y municipales, a través de las cuales han incentivado luchas de protesta, de movilización social, con el fin de hacer oír su voz, se lanzan críticas al modelo político, se hacen propuesta de solución para enrumbar al país por un verdadero Estado de Derecho, se exige cambiar el modo de elección de funcionarios públicos, se demanda la despartidización de las instituciones del Estado. Mas la mayor reivindicación es la destitución de los magistrados del Consejo Supremo Electoral, se demanda reformar la ley electoral, para que las elecciones de candidatos a cargos públicos sea bajo el método uninominal y no por planchas partidarias.
Los caudillos de los partidos políticos, al leer las propuestas de las organizaciones de la sociedad civil se burlan de tales propósitos, otros menos descarados dan muestras de interés hipócrita, por eso han firmado varios acuerdos (Metrocentro I y II) en los cuales se comprometieron trabajar por la unidad, aceptando las justas demandas de las organizaciones de la sociedad civil. Pero a la hora de las piedras pómez lo firmado queda en papel mojado, regresan las viejas prácticas de pactar y de venderse por unas cuantas lentejas, de esta manera las organizaciones de la sociedad civil, ven frustradas sus esperanzas y aspiraciones depositadas en los partidos políticos tradicionales.
En muchos países de América Latina se ha manifestado el mismo fenómeno de frustración hacia los partidos políticos tradicionales, por la corrupción, la demagogia, la prepotencia política, abandono a los principios democráticos. La experiencia de Venezuela es digna de tenerse en cuenta. En éste país los partidos políticos tradicionales, prácticamente desaparecieron de la escena política, éstos perdieron la base social que tenían, así surge un nuevo movimiento encabezando por el coronel Hugo Chávez Frías, que denominó V República, con el cual se lanzó a la palestra política alcanzado el poder en las elecciones del año 2000. Han pasado diez años y los partidos políticos tradicionales de Venezuela prácticamente desaparecieron.
Ese mismo fenómeno aconteció en Bolivia, los partidos políticos tradicionales quemaron sus últimos cartuchos, surge el movimiento socialista liderado por el dirigente cocalero Evo Morales, quien desplazó del poder a la tradicional clase política. Las derrotas electorales que han recibido los partidos políticos tradicionales en Bolivia, han sido tan contundentes, por lo que no se vislumbra que en el futuro inmediato, la posibilidad que resurjan esas fuerza políticas que por muchos años detentaron el poder en el país andino.
En el caso de Nicaragua, los líderes de las organizaciones de la sociedad civil, deben abrir su mente, dejar de seguir siendo los tontos útiles, sirviendo de escalera, como hasta hoy lo han sido, deben darse cuenta que las propuesta de solución para cambiar este país, política, económica y socialmente, nunca se concretizarán hasta tanto no tengan la fuerza y el poder político necesario. Los partidos políticos tradicionales no están interesados, en cambiar el modelo político, pues tal como lo dijo con descaro y la mayor desfachatez del mundo, un dirigente del PLC, que su partido no está dispuesto a compartir las cuotas de poder que tienen en el Estado, ya que esas cuotas son consideradas como un derecho patrimonial del partido.
Bajo estas circunstancias, es preciso que los líderes de las organizaciones de la sociedad civil, si en verdad aman este país, deben hacer a un lado el sueño utópico de estar creyendo que los cambios en Nicaragua vendrán por la buena voluntad de los partidos políticos tradicionales. Hay que quitarse la venda de los ojos, jamás las reformas en el Estado nicaragüense provendrán de los caudillos políticos, pues eso sería ir contra sus propios intereses. En esas condiciones las organizaciones de la sociedad civil deben a lo inmediato constituirse en una fuerza política nacional con presencia en todo el país, para luchar por la vía cívica y en un proceso electoral con observación nacional e internacional, y enfrentar a los desgastados partidos tradicionales (FSLN y PLC), para desalojarlos del poder político.
Una vez alcanzado el poder, empezar a implementar las reformas, iniciando con una convocatoria para una Asamblea Nacional Constituyente, para que ésta formule una nueva Constitución Política, que sirva de base jurídica para transformar todo el andamiaje legal del país, lo que implicará cambiar las reglas del juego político, el sistema de justicia, el modelo económico y social. Los dirigentes de la sociedad civil tienen planteado un gran reto, tienen la disyuntiva de seguir siendo objeto e instrumentos de los partidos políticos tradicionales, o se convierten en sujetos activos y factores de cambio para beneficio de la nación.

*Abogado y Notario Público