Opinión

Las comunidades de aprendizaje


Ideuca

Abrir la escuela a la comunidad y a la sociedad es hoy una necesidad. Esto quiere decir que la escuela, es decir, que la educación está y va más allá de la escuela sistemática regular, y por tanto es la educación la que debe abrirse a la comunidad de diversas formas, hasta constituir lo que se ha llegado a denominar “las comunidades de aprendizaje”.
Esta necesidad, tan palpable en nuestro país, se debe a que se han diversificado las herramientas y los espacios de aprendizaje en conexión o incluso más allá de la escuela sistemática, lo que vuelve indispensable trazar el mapa de necesidades de aprendizaje de la población y distribuirlo colaborativamente entre diversas instituciones y espacios de aprendizaje que están con frecuencia ocultos en una sociedad y en la dinámica de los pueblos.
Resulta, pues, indispensable vincular familia, escuela, comunidad en una relación multidimensional, es decir averiguar qué pueden hacer juntas para asegurar la educación para todos y el desarrollo humano.
Es aquí donde cabe el concepto articulador y con un fuerte potencial transformador de la “comunidad de aprendizaje”, concepto en el que ha incursionado con acierto la pedagoga Rosa María Torres (2005).
El razonamiento es simple: Toda persona tiene algo que aprender y algo que enseñar. Toda comunidad humana tiene problemas y necesidades, pero también tiene saberes, capacidades y recursos que a menudo no son valorados ni siquiera reconocidos como tales. Se trata en primer lugar de identificar los haberes de la propia comunidad. Antes que el clásico “diagnóstico” que termina en el largo y conocido listado de “lo que falta”, se requiere un diagnóstico que identifique el también largo, pero generalmente desconocido, listado de lo que se sabe y lo que se tiene quien sabe qué y qué puede enseñar a cambio de qué, qué potencial hay de trabajo voluntario o de trueque de recursos o saberes, qué espacios existen que no están siendo utilizados o que están siendo mal aprovechados (parques, plazas, iglesias, edificios abandonados, escuelas cerradas o usadas a medio tiempo, terrenos baldíos, etc)I. Qué está haciéndose de manera descoordinada y pudiera coordinarse, quiénes están trabajando en los mismo, quiénes resultan complementarios.
Queriendo aclarar lo que entendemos por comunidad de aprendizaje podríamos decir que se refiere a una comunidad humana organizada dentro de una determinada área o territorio (barrio, pueblo, ciudad, municipio, que asume el compromiso colectivo con el aprendizaje a fin de satisfacer las necesidades de aprendizaje de todos –niños, jóvenes y adultos- y, a través de ello, potenciar el desarrollo personal, familiar y comunitario. Es decir, una comunidad que valora el aprendizaje, aprovecha y sincroniza todos los recursos y potencialidades disponibles en esa comunidad, convirtiendo la educación en una necesidad de todos –en tanto útil y relevante para la vida y en una tarea de todos asumida de manera solidaria.
En nuestro país han existido experiencias significativas a través de las cuales las escuelas, es decir, el sistema educativo, se ha conectado y se han fusionado para generar un saber con raíces de ciencia y un saber con raíces de pueblo o de dinámicas populares. Estas experiencias las encontramos en las páginas de nuestra historia educativa.
La experiencia de la educación familiar y comunitaria del Río Coco en los 50, las escuelas rurales educación-trabajo (ERET), la formación y capacitación de campesino a campesino (interpares), los preescolares comunitarios de los 80 aún vivos, la alfabetización y postalfabetización en sus distintas expresiones y formas complementarias y sistemáticas y la educación comunitaria popular. Estas experiencias educativas han saltado del sistema educativo a la responsabilidad de las organizaciones populares con el fin de generar y desarrollar el bienestar ciudadano.
Tal concepción y práctica en tanto es educativa, tiene que cumplir los requerimientos científicos básicos de la educación como ciencia, pues de lo contrario no sería ni educación, ni popular, ni comunidad de aprendizaje. De ahí la dificultad de sustentar con los requisitos científicos de la educación y sus componentes (currículum, programas, los aspectos técnico-pedagógicos, las didácticas, la evaluación, el impacto comunitario y social y la utilidad de los aprendizajes).
Estas alternativas de educación se asemejan a la par rebasan a la educación hoy denominada desde el Ministerio de Educación como Educación no-regular.
En este sentido una comunidad de aprendizaje donde se combinan e interactúan los elementos de la educación sistemática formal con los de la educación no-formal, informal, popular, no regular, valora, integra e involucra a todos los sujetos de aprendizajes (nños, jóvenes, adultos, con necesidades no satisfechas; a los principales educadores que conforman el amplio abanico de educadores que intervienen en la dinámica de una sociedad (maestros, promotores comunitarios, funcionarios públicos, etc.); a los distintos y cada vez más diversificados medios y modalidades de aprendizaje (presencial, a distancia, radial, virtual, etc.); a todas las necesidades básicas de la gente en tanto personas y grupos de población (salud, vivienda, nutrición, techo, seguridad, medio ambiente) y a todas las organizaciones que estructuran la fuerza y la dinámica social, económica, productiva y cultural.
En todo caso la educación es el bien social y público de mayores y mejores posibilidades y alternativas para que llegue a todos.