Opinión

Tras los pasos de la justicia


En el año 2007, a través de los medios de comunicación, conocimos en Nicaragua la denuncia que por abuso sexual contra el sacerdote –en aquel momento- Marco Dessi, realizaban seis jóvenes de Chinandega. Esta denuncia no fue presentada en los tribunales nicaragüenses, sino en Italia, la razón que refirieron para hacerlo en aquel país era que en Nicaragua Marco Dessi tenía muchos vínculos con personas de poder y por lo tanto no confiaban en que se hiciera justicia para
ellos.
Mientras estos seis jóvenes llevaban adelante este proceso en Italia, en Chinandega se inició una campaña de apoyo al abusador. Con Marco Dessi, como con otros abusadores, resulta increíble que una persona tan bondadosa, que ha realizado tantas obras sociales para la comunidad, que se ha dedicado a cuidar niños por años y que además está al servicio de Dios, sea un abusador sexual.
Marco Dessi fue condenado por la justicia italiana, hoy ha sido también reconocido por la máxima autoridad de la Iglesia Católica –el Papa Benedicto XVI- como un abusador de niños y por lo tanto retirado totalmente como sacerdote. Ahora varias personas dirán que, además de la justicia humana, la justicia divina está comenzando a ser aplicada.
Personas que en Chinandega han apoyado a los jóvenes que denunciaron al abusador, nos decían que en esta ciudad ha funcionado un dicho: “Dios en el cielo y Marco Dessi en la tierra”. Esto dice mucho de la influencia que tenía en diferentes sectores sociales chinandeganos; igual ha sido el factor que llevó a la división de la sociedad chinandegana, ya que también hay muchas personas que han creído en la denuncia que hicieron estos jóvenes.
El abuso sexual hace eso: Genera división en la familia. Esta es una de las evidencias de la culpabilidad del abusador; quien no mostró ni un mínimo de compasión por las personas a las que causó tanto daño, ni reconoció los abusos cometidos, sino que se hizo la víctima; incluso cuando se declaró “un hombre gravemente enfermo, en fase terminal”, para librarse de la acusación que tenía. Cada uno de estos elementos también lo reafirman como un abusador. Esa es la actitud que asumen los abusadores cuando se ven descubiertos. Salen de la cárcel después de haber terminado su condena y siguen diciendo que no hicieron nada.
Seis jóvenes llevaron adelante la denuncia contra Marco Dessi, a partir de esto otros más también se acercaron al Movimiento contra el abuso sexual en busca de apoyo emocional, expresando también haber sido abusados sexualmente por el mismo abusador. Solamente uno tomó la decisión de hacer su denuncia pública, otros han preferido mantenerse en anonimato. El apoyo al abusador, por parte de un sector de la población, ha sido uno de los factores para que otras personas decidan no hacer su denuncia pública.
Llevar adelante una denuncia judicial, hacer esta denuncia pública, buscar apoyo para curar las heridas o mantenerse en silencio, ninguno de estos casos implica que el daño sea más o menos. Cada una de estas personas fueron niños que confiaban en el hombre que se suponía estaba más cerca de Dios, en el que podía alimentar su espiritualidad; sentían afecto hacia él; como se lo enseñaron en la familia. Uno de ellos decía: “Nunca entendí porqué el padre Marco me hacía eso, si él siempre era tan bueno y yo lo quería mucho”. Otro más me dijo: “¿Dónde estaba Dios mientras Marco Dessi me abusaba?”.
Entonces el daño fue tan grave para cada uno, que podemos decir que ha marcado su vida.
El abuso ha pasado, el abusador está recibiendo su castigo. Ahora, siguiendo los pasos de la justicia, es justo que también la sociedad chinandegana, la sociedad nicaragüense, muestre compasión ante las heridas dejadas por el abuso. Heridas que han sido infringidas en la vida de cada niño abusado por Dessi, y que también se las ha provocado a la sociedad de esta ciudad, dividiéndola.
Lo ocurrido en Chinandega alcanza a Nicaragua. Es el momento de reconocer que el abuso sexual es un horror que no discrimina. No reconoce clase social, color, creencia religiosa, nivel académico, nacionalidad, sexo, ocupación, parentesco, etc. Igual no discrimina a quien puede ser abusador/a, sobre todo puede ser alguien cercano, a quien le guardamos mucho afecto, confianza y le reconocemos autoridad y respeto. Puede ser esa persona a quien consideramos tan bondadosa, tan piadosa e interesada en hacer el bien común, en llevar adelante el desarrollo de la comunidad. Es precisamente ahí donde se escuda la estrategia del abusador.
Siguiendo los pasos de la justicia es importante comenzar a creer en nuestros niños, niñas y adolescentes cuando dicen haber vivido abuso, sea quien sea el abusador, denunciarlo y buscar su condena para que no vuelva a hacerlo. Al menos ahora, esto lo lograron los muchachos de Chinandega.

*Psicóloga
hablemosde.abusosexual@gmail.com
lornanorori@hotmail.com