Opinión

La próxima montaña que China ha de escalar


MILÁN
China está comenzando a pasar por una compleja serie de transiciones que sentarán las bases del estatus de país avanzado que espera alcanzar en los próximos 25 años. Tras tres décadas de crecimiento continuo y una respuesta notablemente exitosa a la reciente crisis global, la confianza del país en si mismo está en su punto álgido. Sin embargo, las lecciones que el gobierno saque de la crisis pueden no ser las mejores guías para el largo plazo.
El país enfrenta varios retos paralelos y relacionados entre si que son cruciales para su desarrollo interno y sus relaciones económicas globales. Algunos de ellos son:
* Una reestructuración microeconómica de proporciones para afianzar su estatus como economía emergente de ingreso medio
* Cambios macroeconómicos para lograr un mayor nivel de consumo e ingreso interno, y una expansión más rápida de la clase
* Revertir la creciente desigualdad del ingreso; reducir el muy alto nivel de ahorro con respecto a la inversión, y así bajar el superávit de cuenta corriente
* Reducir la intensidad del uso de energía y carbono en su crecimiento futuro
* Asumir mayores responsabilidades globales.
De hecho, China ha llegado a un punto en que sus efectos en la economía global son sistemáticamente importantes, pero con un nivel de ingreso per cápita menor que cualquier otro predecesor con un nivel de importancia similar. La razón es que China es, por lejos, el país más populoso en haber tenido un crecimiento económico rápido durante 30 años. Ponerse a la altura del impacto global del país es algo que se añade al ya complejo conjunto de políticas que debe emprender, en un punto en que la mayor parte de las naciones han podido darse el lujo de mantenerse centradas en sus temas internos.
China necesita equilibrar estas prioridades internas e internacionales, pero hay muy pocas experiencias históricas que puedan servirle de ejemplo. (India enfrentará este problema en cerca de una década, si continúa su rápido crecimiento.)
Con un ingreso per cápita de cerca de 4000 dólares (la cifra es superior si se hacen ajustes de poder de compra), hay partes importantes de la economía china que ya tienen, o están comenzando a tener, un estatus de ingreso medio. Se trata de una difícil transición durante la cual muchos países han perdido impulso por el estancamiento de las transformaciones estructurales necesarias.
Por ejemplo, los sectores exportadores de China, que hacen uso intensivo de mano de obra, están perdiendo su ventaja competitiva. Se debe permitir que declinen o se trasladen hacia el interior del país (y finalmente también terminen por declinar). Serán reemplazados por sectores que dependen más de la tecnología y el capital humano.
No hay duda de que en esta transición los servicios crecerán. También tendrán que florecer los sectores y funciones de mayor valor añadido que se encuentran hacia el origen y el destino de las industrias de procesamiento. Deberían comenzar a aparecer marcas globales, y la propiedad estatal de las empresas seguirá disminuyendo. La inversión del sector público pasará a poner énfasis en la educación y la I y D.
Los mercados global e interno, más que el gobierno chino, impulsarán cada vez más la transición. Declinará el desarrollo dirigido de sectores específicos, y el mercado interno y una creciente clase media asumirán una mayor prominencia. La urbanización se acelerará con el apoyo de la inversión del sector público.
El ingreso disponible de los hogares es cerca de un 60% del ingreso nacional en China, y la tasa de ahorro de los mismos se acerca del 30% del ingreso disponible. Comparadas con otros países, se trata de cifras bajas y altas, respectivamente. Para China, esto pone el consumo en cerca del 40 al 45% del PGB. Para potenciar el mercado interno con el fin de impulsar el crecimiento del ingreso y acelerar el crecimiento de la clase media, estos números tendrán que cambiar.
El ingreso de los hogares debe aumentar y el ahorro preventivo debería disminuir si hay una mayor disponibilidad de seguridad social, seguros y servicios. Ambos factores apoyarán la transición al estatus de país de ingreso medio, al ampliar el mercado interno como impulsor del crecimiento, y ayudarán a sostenerlo de cara a una demanda global que se prevé más débil en el futuro.
Sin embargo, lo más importante es que el rápido crecimiento del mercado interno, especialmente el sector servicios, debe reemplazar en gran medida al sector exportador como motor del empleo, haciendo que la población rural participe de la economía moderna. A medida que el sector exportador dé paso a sectores de mayor valor añadido, ya no cumplirá esta función tan eficazmente como en el pasado.
El sector corporativo chino ha financiado gran parte de su inversión con ganancias retenidas, sin tener que reunir capital desde el sector interno. El gobierno sigue siendo propietario de más del 50% de las empresas estatales restantes, pero no necesita ni utiliza sus ingresos. Es necesario redirigir al sector interno una gran parte de estos dos flujos de ingresos (corporativo y estatal).
El alto crecimiento y la urbanización han causado rápidos aumentos del ingreso en las áreas urbanas, con aumentos más pequeños en las zonas rurales. Gran cantidad de trabajadores migrantes y sus familias (cerca de 150 a 200 millones de personas) todavía son formalmente rurales, pero en la práctica son residentes urbanos marginales con limitados derechos y acceso a los servicios. El aumento resultante de las tensiones sociales se está enfrentando a través de una mayor provisión de servicios rurales, inversión en infraestructura y provisión de servicios en las ciudades, y la regularización del estatus de los migrantes.
En el pasado China ha enfrentado enormes retos, y por lo general ha superado las predicciones de los escépticos. Sin embargo, hoy enfrenta presiones y responsabilidades de tipo global, que en parte reflejan el inmenso tamaño e impacto del país. Pero también se enfrenta a un ambiente externo que ocasionalmente es hostil a su forma de gobierno, y que algunas veces subestima o pasa por alto cómo millones de chinos han salido de la pobreza, tiende a ver la economía global como un juego de suma cero, y equivocadamente atribuye el éxito económico de China a políticas no cooperativas en áreas como el manejo de los tipos de cambio.
China debe abordar el reto de hacer una reestructuración interna para poder sostener el crecimiento, al tiempo que afirma su derecho a desarrollarse sin que se la castigue por su tamaño. Sin embargo, también debe asumir una mayor responsabilidad por los desequilibrios, la estabilidad económica y financiera y el gobierno globales, así como representar los intereses de países en desarrollo menos poderosos. El resto del mundo tiene muchísimo que ganar o perder con el resultado de este complejo equilibrio.

Michael Spence recibió en 2001 el Premio Nobel de Economía y es Profesor Emérito de la Universidad de Standford. En la actualidad preside la Comisión sobre Crecimiento y Desarrollo.

Copyright: Project Syndicate, 2010.
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