Opinión

¿Cómo esperar que los “ciegos” logren ver más que el “tuerto”?


Hace cientos de años se implantó en nuestro territorio y en los cercanos al mismo una cultura dominante, deformando nuestro imaginario social y resignificando los elementos sociales y culturales en nuestra estructura de vida.
Desde esos años hasta el día de hoy cada uno se ha encargado de replicar y deformar cada año, un poco más, las relaciones que establecemos, pasando de ser relaciones constructivas, a relaciones de dominio, poder, posesión, odio, masoquismo y estupidez.
Nuestra sociedad, la sociedad nicaragüense está plagada de muchos vicios y epidemias sociales, emocionales y psicológicas. De la mayoría de ellas no se es consciente, ni se quiere buscar una respuesta ante ellas o una solución, se prefiere seguir el día a día con ellas encima.
El “obviar” es una de las plagas más preocupantes que se hace presente en la realidad social de Nicaragua. Toda la invención económico-social del individualismo me pregunto si es una de las raíces del problema, ¿Cuándo se dejó de ver al otro y se prefirió exterminarlo antes que ayudarlo? Cuando mezclamos esto con los juegos de competidores por el poder que se hacen presentes en la esfera “Política” malentendida, dicho sea de paso, nos encontramos con que el entramado de prácticas, hábitos culturales, ideologías, se enredan de una manera tal que no se sabe dónde están los pies o la cabeza de la realidad misma.
Ese es uno de los problemas en la Nicaragua de hoy, la cultura y las prácticas que se hacen presentes en la realidad social nicaragüense, no responden directamente a los sectores sociales y a sus necesidades, responden a los intereses individuales, a los juegos de poder pervertidos (sabiendo que el poder siempre está presente), a nombres particulares, a pequeños grupos de clientes interesados en el bienestar de su propio pellejo y no a la sociedad como tal. La sociedad por su lado se ha construido el hábito de esperar que desde afuera vengan las respuestas, lo que responde a una concepción de la vida dependiente, con poca visión de futuro y resignada.
Al sumar estas dos partes del pastel se construye un juego social de complicidad en relación a lo que es permitido y lo que no es permitido. Se ha construido la idea de que lo permitido es lo que trae beneficio en lo personal y en lo cercano, y lo no permitido es lo que beneficia a “otros” y esos otros son entendidos como “los enemigos”. Lamentablemente esto contribuye a una ceguera e ignorancia social permanente, que se hereda y que mientras más tiempo se convive con ella, más se apropia del cuerpo social y humano, hasta chupar cualquier rastro de conciencia, de pensamiento propio, de análisis, de reflexión social, de empatía, de percepción de la justicia, de deseos a la libertad social y personal, de búsqueda de la verdad.
Al ir perdiendo estos elementos mencionados junto con otros que contribuyen a la construcción de la conciencia del ser humano, perdemos lo que según la filosofía y demás ciencias antropológicas denominan el progreso del hombre, más allá de la tecnología, de las invenciones materiales, ¿Qué es lo que nos diferencia de los animales “no pensantes”? dicen que es la razón, pero razón y lógica es lo que menos se ve en las prácticas sociales y culturales de la realidad social nicaragüense.
¿Qué es? Y mientras me pregunto esto hacia el interior de mi pensamiento, veo el caso del CSE acusando a Daysi por ayudar a visibilizar las prácticas corruptas en una realidad social que permiten que en cualquier casa se venda el cuerpo de una adolescente por 200 córdobas. Pero hay que ver que esto no es más que un síntoma dentro de un gran sistema enfermo y podrido, no es la primera ni la última práctica ilógica en la realidad social nicaragüense en perjuicio de los derechos humanos.
Se sabe que el CSE es un ente parte del gobierno y es parte de la estructura estatal, por ende no actúa solo, es toda la estructura estatal no sólo en este gobierno, sino en todo gobierno han ocurrido, ocurren y seguirán ocurriendo prácticas ilógicas, absurdas, y en contra de los derechos humanos; pues la estructura estatal es una competidora de poder, por ende no ve a la persona, no ve la necesidad humana, no quiere ver la verdad del otro, está interesada única y exclusivamente en “Su verdad”, en “Su beneficio”, “En su ganancia” y en “Aplastar al otro”.
De una instancia de este tipo no se puede esperar justicia, o respeto y mucho menos solicitar que actúe razonablemente en pro de la vida, pues la única razón y lógica que conoce, que le interesa conocer y que ve, es la propia, la de la misma estructura.
Ahora, la estructura está compuesta por personas encargadas de seguir manteniendo esa cultura egoísta, inhumana y obsesionada con el poder (entiéndase poder en este caso como cargos, dinero, beneficio de las mismas personas por tiempo indefinido, imposición, capacidad de atemorizar, amenazas…etc), significa entonces que tampoco se puede confiar en las personas-instrumento de este sistema enfermizo y podrido, en ninguna.
Me pregunto entonces, revisando un poco de historia: ¿Cómo esperar entonces que la estructura defienda a esta testigo de un crimen tan claro y con tantas evidencias, en vez de acusarla y querer perjudicarla? ¿Cómo esperar que un Estado que dejar pasar como si nada un caso de violación y abuso sexual del que hoy es presidente de la República, tome en serio la epidemia social del tráfico sexual? ¿Cómo esperar que una sociedad que sufrió, aprendió a callar y a “OLVIDAR” años de violaciones sexuales hacia las mujeres desde la dictadura somocista y desde la guerrilla sandinista, logre ver que es un problema real el tráfico sexual de menores?
Supongo que es mucho pedir esperar que los “Ciegos” vean más que el “Tuerto”. Sobre todo si éste no lo permite.

*Antropóloga social
gabrielamontiel13@gmail.com