Opinión

Cuando la ciencia se acerca a Dios


Decía San Isidoro de Sevilla (S.VIII D.C)
que “el mucho saber acerca a Dios y
que el poco, nos aleja de El.”

Ahora bien, existen hoy en día muchas personas que piensan todo lo contrario. Como han vivido su vida bajo la influencia cultural del cristianismo, ahora, con una “cierta” formación científica e intelectual, creen poder objetar todo aquello que ahora miran con desdén, desprecio y hasta odio. Es como una segunda adolescencia, no del cuerpo, sino del espíritu. Es la reacción racionalista a todo aquello que no comprenden o quieren procesar con sus cabezas. Al verse al fin libres (!) del prejuicio religioso, creen encontrar en sus inteligencias y en los avances de las ciencias, todas las explicaciones posibles a cualquier humano entendimiento o bien satisfacción o justificación a sus desordenadas pasiones (!). A como dice el viejo refrán, “el que no vive acorde con lo que cree o piensa, tarde o temprano creerá o pensará a como vive”.
Por esta razón, estas personas pasan de un estado de “ignorancia” a otro estado no menos funesto, a saber, el del “dogmatismo” de la razón. Oscilan entre el “sueño” de sus ignorancias, porque creen saberlo todo, a las vivas “pesadillas” de su nuevo racionalismo “dogmático” y seudo-científico.
Todos sabemos que el siglo XX perteneció a los científicos y a los técnicos. La filosofía positivista de Augusto Comte en el siglo XIX tuvo sus frutos, especialmente en lo que se refiere al origen y la naturaleza del conocimiento humano de corte científico.
Desde los años 90 del siglo pasado, muchos científicos, astrónomos, astrofísicos y científicos en general, se han dado la tarea de conocer más a fondo el origen y la naturaleza del Cosmos. Muchos de estos científicos, en una gran mayoría o son escépticos o se declaran ateos practicantes. Sin embargo, también existen científicos de gran renombre, que, si no aceptan la existencia de Dios, al menos creen en la presencia de un Ser que va más allá de nuestras comprensiones racionales.
En 1977, el premio Nobel de Física Steven Weiberg, de la Universidad de Texas, decía que mientras más comprendemos el Universo menos sentido le encontramos.
Por otro lado, John Polkinghorne de la Universidad de Cambridge en 1982 dijo: “Es difícil resistirse a la idea de que el universo no es casual, sino que tiene que haber un propósito en él”. Y el premio Nobel de Física (1964), Charles Townes, llegó a decir; “Mucho sentimos que la Inteligencia tuvo que ver con la creación de las leyes del Universo”.
En un discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias en 1951, el Papa Pío XII, decía: ¡… al indagar y descubrir los secretos de la naturaleza, y al enseñar a los hombres a dirigir sus fuerzas en su provecho, predicáis al mismo tiempo, con el lenguaje de las cifras…las inefables armonías del Dios sapientísimo”.
Y, poéticamente expreso que, “la verdadera ciencia, a medida que avanza va descubriendo más claramente a Dios, como si “Él estuviera alerta, esperando detrás de cada puerta que la ciencia abre”.
En 1916, con su novedosa teoría de la relatividad, Albert Einstein, (considerado el sabio fisico más importante del siglo XX) dijo: “La Ciencia cojea sin la religión. La religión es ciega sin la ciencia.”
Y para aquellos que todavía creen que la teoría de la Evolución es opuesta a la Teoría de la Creación Bíblica, vale la pena traer a colación al Teólogo John Haught, fundador del Centro de Estudios Científicos y Religiosos de la Universidad de Georgetown (USA). El opina que “Dios se distancia humildemente y permite que la creación se autoconforme, como lo haría un padre que deja que su hijo se desarrolle en libertad…”
Entre los científicos creyentes no-cristianos están los siguientes: Meldhi Golshani de la Universidad de Teherán, considera, tomando como base el “Corán”, que los fenómenos naturales, son “las señales de Dios” en el Universo. La investigación científica-según él- “es un acto de veneración en tanto nos revela más del prodigio de la creación divina”; y del judío Carl Feit, citando a Maimónides decía: “el único sendero que nos conduce al amor de Dios es el de comprensión de su obra, a saber, del Universo natural”.
Y al final del prólogo de su libro “Historia del Tiempo: un compañero del “lector”, el más grande genio de finales del Siglo XX, Stephen Hawking, se expresaba de la siguiente manera:
“Si llegáramos a descubrir una teoría completa, con el tiempo, ésta debería ser comprensible para todos y no sólo para un pequeño grupo de científicos. Entonces todo el mundo podría discutir sobre la existencia del ser humano y del universo”. Y más adelante subraya: “En caso de encontrar la respuesta a esta pregunta, alcanzaríamos el triunfo final de la razón humana porque en ese momento conoceríamos la MENTE de Dios. ¡Habríamos hecho realidad todos nuestros sueños”!
Compartimos el entusiasmo de Hawking, aunque para muchos, lamentablemente, esto es todavía un sueño iluso trascendental.
La vida de Teilhard de Chardin puede también servirnos como un ejemplo. Chardin considero el Punto Omega (el Cristo Cósmico) como la razón suprema y “personal” de todo el Universo. El jamás perdió su dimensión espiritual con el Dios encarnado en Jesucristo, a pesar de elaborar teorías sobre el origen del Universo y del hombre.
Finalmente, quisiera terminar este artículo con un consejo que le dio Elichad Hardini a un famoso, pero desconocido monje libanés llamado “Charbel”, hoy considerado santo por la Iglesia Católica:
“Dios habla al alma en silencio. Las grandes obras se llevan a cabo en la calma, en la claridad de la mirada interior, en el movimiento discreto de las victorias escondidas, cuando el amor toca al corazón. Los poderes silenciosos son los poderes verdaderamente fuertes”.
¿Estaremos por fin en los albores de una nueva era en donde el espíritu y la materia no sólo se complementarán sino que también se necesitarán mutuamente?
Religión y Ciencia ya no serán antinomias insolubles, sino necesidades complementarias para el diario vivir. Los que opinan lo contrario, todavía seguirán esclavos de la objetivización de la ciencia y de la lucha encarnizada y, por lo tanto, estarán lejos de alcanzar la verdadera paz para sus almas.

Juabos_2000@yahoo.es