Opinión

Más devastadores que las catástrofes naturales


La carencia de inversión obstruye el desarrollo económico, estanca la producción, contrae las fuentes de empleo, reduce el consumo, y afecta los componentes del ciclo anterior. En síntesis, los salarios se erosionan, y se reduce el poder adquisitivo del trabajador, afectando su calidad de vida, e impactando drásticamente en su desarrollo humano.
La inversión, el desarrollo, la producción, el empleo, el consumo y los salarios, son asuntos de interés nacional de los que se ocupan gobernantes, economistas, empresarios, empleados y usuarios. Por ello es difícil entender cómo estos asuntos, estando al cuidado de tan importantes grupos de la sociedad, estén en franco detrimento. Quizá sea necesario buscar sus causas en la ignorancia, incapacidad, mal manejo, despilfarro, desenfreno, insensatez, corrupción, engreimiento, codicia, servilismo, y mentiras.
La forma como se ha manejado la generación de empleos, los salarios y el poder de compra de los trabajadores en Nicaragua, es una de las mentiras más torpes de los gobernantes, empresarios y sindicatos. Cada año se discuten los salarios mínimos y, después de arduas negociaciones, se llega a una nueva cifra salarial, insuficiente, como el escuálido 6% del incremento más reciente. El engaño sempiterno se consuma afectando a los trabajadores y a la economía del país. Uno de los efectos es la pobreza que afecta al 46% de la población de 5,5 millones de habitantes. El 20% de la población está en pobreza extrema, y subsiste cada día con un dólar o menos.
Durante 2009, Nicaragua tuvo una tasa de desempleo del 5,2%, más baja que la media de la región (8.5%). Sin embargo, el subempleo ascendió al 30% de los trabajadores ocupados. Esta categoría incluye a quienes trabajan menos de 36 horas por semana, y a los que trabajan 36 o más horas, pero ganan menos que el salario mínimo. Más del 70% de los empleos generados por año se crean en la economía informal. Es probable que estas cifras sean mayores, considerando que el porcentaje de desempleados de países industrializados está entre el 8% y el 19%.
Nicaragua es un país de jóvenes. Casi el 64% de su población total es menor de 25 años, y el 30% tiene entre 15 y 29 años. Son parte de nuestra población económicamente activa. Cada año, 120 mil jóvenes se enfilan para integrarse al mercado laboral, pero la mayoría, por sus bajos niveles de educación o por falta de oportunidades laborales, sólo halla trabajo en el sector informal, sin protección social. Cuatro de cada diez jóvenes son afectados por el desempleo. La baja calidad de la educación universitaria impide que los jóvenes obtengan un trabajo decente.
Los gobernantes, economistas y empresarios han pregonado que en 2010 habrían nuevos empleos, pero el asunto parece incomprensible, pues si en 2010 se diese una recuperación de la economía del país, el empleo sería lo último en recuperarse, porque, estudios recientes estiman que en el 2010 la economía crecerá entre 1% y 2%; y porque el déficit de empleo se superaría si hubiese un crecimiento económico sostenido de al menos el 5.0% anual, durante diez años.
El costo de vida ha tenido un incremento desproporcionado respecto al aumento del salario mínimo. Entre 2005 y 2009, el Costo de la Canasta Básica (CCB), se aumentó 2.98 veces (de C$2,794.00 a C$8,329.00). En el mismo período, los salarios mínimos de las seis categorías más representativas se ajustaron entre un 1.95 veces (construcción) y 2.8 veces (industria). En términos de dinero, los salarios mínimos se movieron entre C$1,573.00 (agro) y C$1,999.00 (gobierno), los dos más bajos; C$2,940.00 (electricidad, agua), y C$3,587.00 (construcción), los dos más altos. Cifras demasiado distantes del CCB.
El poder adquisitivo del salario real de los trabajadores, siempre está rezagado, al grado de haber sectores de la economía que devengan salarios de subsistencia, situación complicada por la crisis de alimentos, iniciada en 2007, y la financiera, en 2008, y agravada por la “oportunidad” que se toman algunos empleadores, de contratar a empleados, con salarios menores al mínimo, y sin prestaciones sociales. Por ello, en este contexto, ni la inflación interna (17%) ni la importada (8%) auguran señales positivas para que el CCB disminuya.
De manera reiterada, los gobernantes, de derecha o de izquierda, hablan de la importancia de los sectores de Salud y Educación, pero es difícil de entender a estos gestores de la mentira. Cómo pueden esperar eficiencia y efectividad de los profesionales que laboran en estos sectores con los indecorosos salarios que reciben. El salario de los maestros asciende a US$140.00 mensuales, un médico general US$240.00, y un especialista US$306.00. Ninguno de estos salarios cubre el CCB, que es de US$399.00. Una asimetría mayor ocurre con los sueldos de diputados, ministros y altos funcionarios, que varían entre US$7,500.00 y US$,3000.00.
Durante el período 2005-2009, el promedio anual de las remesas enviadas por los migrantes a sus familiares fueron de US$727.8 millones de dólares, valor equivalente al 39.3% de las exportaciones promedio anuales en ese período. Si los trabajadores suspendieran el envío de las remesas, es probable que colapse la economía del país. Aquí la gran ironía: casi un millón de trabajadores, salen del país en busca de empleo, dejando patria y familia, en forma generosa inyectan cada año US$727.8 millones de dólares a la economía nacional. Sin embargo, el gobierno y los empresarios, se afanan en seguir pagando salarios de subsistencia, y dejando que el CCB continúe escalando y operando sin regulaciones.
Cuando nos graduamos (1970), varios compañeros de generación, deliberábamos con obtener trabajo en empresas multinacionales-transnacionales. Esto nos permitiría un buen salario y beneficios, capacitación, seguridad, viajes, etc. En resumen uno podía construir una carrera. Muchos de nosotros lo logramos. Lo que después descubrimos fue que en estas organizaciones, hay ciudadanos de clases diferentes, con sus correspondientes tratos diferenciales, como es el triste caso del minero José Villarreina, abajo descrito.
1979 Siuna “Retrato de un obrero en Nicaragua”
“José Villarreina, casado, tres hijos. Minero de la empresa norteamericana Rosario Mines, que hace setenta años volteó al presidente Zelaya. Desde 1952, Villarreina escarba oro en los socavones de Siuna; pero sus pulmones no están todavía del todo podridos. A la una y media de la tarde del 3 de julio de 1979, Villarreina asoma por una de las chimeneas del socavón y un vagón de mineral le arranca la cabeza. Treinta y cinco minutos después, la empresa comunica al muerto que, de conformidad con lo dispuesto por los artículos 18, 115 y 119 del Código del Trabajo, queda despedido por incumplimiento de contrato”.
Eduardo Galeano. Memoria del Fuego, Volumen 3, El siglo del viento. Primera edición 1986.
¿Treinta y un años después, qué ha sucedido con estas multinacionales-transnacionales? ¿Habrán logrado evolucionar; tendrán códigos de ética y prácticas de gestión fundamentadas en el respeto a la dignidad humana, la justicia y solidaridad; se habrán humanizado, existirá sensibilidad social? La torpe MENTIRA en el manejo de los empleos, salarios y la CCB, podría ser una respuesta.

*CPA y Maestría en Administración Pública
arnoldormartinezr@hotmail.com