Opinión

PALOMAS EN BANDADA


NOTA EXPLICATIVA: Interrumpo la secuencia de tres artículos –de los cuales el último hubiera correspondido a este jueves- sobre “Totalitarismos para relacionarse”, dejándolo para la próxima entrega de “Me queda la palabra” del 25 de febrero. La razón es muy válida: Saludar a todos los asistentes al “VI Festival Internacional de Poesía de Granada” en homenaje al poeta Azarías H.Pallais, tanto en mi calidad de Presidente del Centro Nicaragüense de Escritores, como de autor de ésta columna semanal que quisiera fuera de “palabras evangelizadas” como las del libro de Azarías, porque como afirma Rubén Darío, “cada palabra tiene un alma”.
El Centro Nicaragüense de Escritores tuvo mucho gusto en aportar a Este “VI Festival Internacional de Poesía” el libro “La voz de Azarías H. Pallais”, con selección, presentación y cronología de José Argüello Lacayo, y con una breve introducción mía que es ésta, “Palomas en bandada” y no “Bandada de palomas” como aparece en el libro; repitiéndose el error al citar mal el verso de Azarías en la penúltima línea final de dicha introducción. Aclarado lo anterior, los saludo en nombre de todos los miembros del Centro Nicaragüense de Escritores, y saludo a todos los visitantes y asistentes al acontecimiento cultural más importante que desde hace seis años se produce en Nicaragua. Son ustedes testigos libérrimos, de los que junto con Azarías, cuando se dirigía a hipócritas y fariseos, les dicen: “Y si te gusta, bueno, y si no, pues también. Como el dogma que tiene siete sellos, Amén.” Al agradecerles una vez más a ustedes, ángeles de la imaginación, su presencia en ésta su Nicaragua, me permito dejarlos con mi breve introducción, disminuida pero corregida, a “La voz de Azarías H.Pallais:
No podía ser mejor cuidada e ir mejor acompañada esta “Antología con visión panorámica de la creación poética” de Azarías H. Pallais, que por José Arguello Lacayo. Diría que como reciprocidad por haberlo adoptado como su padre predilecto, Azarías le ha correspondido a José con mayúscula florida haciéndolo, para nosotros sus lectores, discípulo por antonomasia. Me constan la devoción y entrega que José Arguello por años ha demostrado por el mundo de Azarías H. Pallais, divulgando su obra e interpretando su persona.
En el 2004, bajo su responsabilidad fue publicado “Caminos”, cercanía editorial por lo que se decidió no incluirlo en esta antología. En su prólogo para aquel libro, titulado “Los místicos caminos del poeta andariego”, José nos dice que “Pablo Antonio Cuadra lo recordaba atravesando un llano inundado, con el agua a la cintura y la raída sotana en alto, recitando alejandrinos”. Quizás así:

Palomas en bandada son mis alejandrinos,
palomas en bandada por todos los caminos.

A Pablo Antonio Cuadra y a Octavio Rocha, mi padre, les debo a Azarías H. Pallais. Me contaba mi padre que en una ocasión, yendo a caballo con Pablo Antonio y otros poetas por las faldas del volcán Mombacho, llegaron a un pequeño rio en donde se bañaban y lavaban ropa unas muchachas con el agua hasta la cintura y que sin malicia alguna llevaban descubiertos sus pechos, a lo que el padre Pallais sin inmutarse exclamó: “ ¡Ah, la naturaleza!”. Años después comprendí que aquel relato fotográfico fue mi primera imagen de un cura teólogo de la liberación: Ver con naturalidad lo natural, a lo que se unió la puerta que hacia su misticismo liberador me abrió Pablo Antonio Cuadra con “El libro de las palabras evangelizadas”, con el cual, según el mismo PAC, “se adelantó cuarenta años al Concilio Vaticano II”.
Hace poco, Tito Castillo y yo conversábamos sobre el P. Pallais y me contó que lo había conocido en las concurridas tertulias literarias que propiciaba Quico Fernández, padre de Chichí, en su casa de Granada. No por casualidad, por lo tanto, así hemos llegado por “bellos caminos griegos” a este VI Festival Internacional de Poesía de Granada dedicado a Azarías H. Pallais; festivales todos, los pasados y los por venir, que han sido, son y serán genéticamente una prolongación o continuidad ampliada de las inolvidables tertulias de aquel frondoso y bonachón Enrique Fernández Morales, en cuya casa estuvo el poyeta autor de este libro que es un aporte para el conocimiento de la obra del padre Pallais del Centro Nicaragüense de Escritores, cómplice gustoso de la organización y celebración de este evento, especialmente fraternal, al que han concurrido una “palomas en bandada” de todas partes del mundo: ¡Alejandrinos, Ustedes!

luisrochaurtecho@yahoo.com
“Extremadura”, 18 de febrero de 2010