Opinión

Algunas tendencias de izquierda en la revolución nicaragüense (2)


La política de “izquierdas” es relativa a una situación concreta. Se podría exagerar el relativismo de esta frase diciendo que los partidos y grupos de Unidad Nacional del Gobierno de Reconstrucción Nacional (GRN) eran tan conservadores, y algunos tan arcaicos, que casi cualquier cosa que hicieran los del Frente Sandinista parecería de “izquierdas”.
El Frente Sandinista se presenta como movimiento de liberación nacional, equiparable a los movimientos de liberación del colonialismo y neocolonialismo. Pero esta apariencia no quita que los 48 militantes del FS al día del 20 de julio de 1979, no tenían discurso teórico de izquierdas, sino algo que Tomás Borge en “Paciente Impaciencia” (Managua, 1989) cita de Carlos Fonseca, excusando su desideologización: “El atraso político caracterizó cierto aspecto positivo del militante sandinista: la inclinación viva y práctica, con la acción”. De hecho, los estatutos del Frente reproducidos en el mismo libro de Borge no difieren de los principios de la UDEL de Pedro Joaquín Chamorro, o de las primeras proclamas de los partidos de Unidad Nacional de la Junta del GRN. Y la propuesta de Reforma Agraria que ahí se anunciaba no superaba el objetivo de las clásicas reformas liberales contra el latifundio feudal, que en Nicaragua tuvieron comienzo con la reforma de la propiedad de la tierra en las primeras constituciones liberales del siglo XIX.
Si bien, entre de la militancia del FS circulaban lecturas que demostraban una cultura de izquierdas como el “Ideario Político de Sandino”, selección de citas hecha por Carlos Fonseca con criterio de lucha de clase trabajadora. Y ahora se sabe que, a título individual, algunos del FS tuvieron contactos y una relación fluida con militantes del partido Socialista de Nicaragua (PSN) y sus fracciones. Pero no hubo relación partidaria abierta y pública del FS con el PSN que, más bien, rechazaba a este movimiento de intelectuales universitarios no trabajadores; porque anteponían las urgencias políticas a las necesidades materiales de los trabajadores, incluso de las mismas capas medias de las que provenían. Y porque, derrotar a Somoza a toda costa y descuidando las condiciones de los empleados públicos y de empresa privada, de los campesinos y obreros, era un objetivo del interés de los capitales de los conservadores que tenían en el somocismo una feroz competencia. De hecho, a medida que Somoza incursionó en sectores económicos de los conservadores, en una especie de guerra económica después del 73, aumentó la militancia del Frente Sandinista con hijos de estas familias que veían afectado su futuro por la dictadura. Sin embargo, al final, varias fracciones de PSN se unieron abiertamente al Frente Sandinista. Señal de que había compatibilidades y verían posible una tendencia interna de izquierdas.
Haciendo mucho trabajo de hemeroteca y “archivo vertical” (recortes de prensa), al comienzo de la década de los ochenta se encuentran dos discursos de Tomás Borge en que habló de “revolución social” (en una concentración sindical de un primero de mayo, y en las honras al “Coronel” Santos López); más una alusión al “Materialismo Histórico” como método de análisis de la situación concreta, en un discurso de Humberto Ortega dirigido a la tropa del EPS en Rivas. Pero, en general, la DN mantuvo un discurso populista estamental de Unidad Nacional (no popular, de las mayorías trabajadoras), y hubo pocas declaraciones de izquierda del Frente Sandinista. Más bien, en los primeros años el Frente acudió a la propaganda de la Asociación Nacional del Clero, sobresaliendo una carta pastoral de Monseñor Obando sobre “el socialismo” cristiano, en 1979; así como otra carta pastoral de 1980 de Monseñor López Ardón a favor de la “cruzada” o movilización de la “alfabetización” (en realidad, trabajo de agitación y de inteligencia, de recogida de información de la zona rural), a cargo del jesuita Fernando Cardenal y sus juventudes del movimiento de cristianismo social (de ahí se sacaron los mejores activistas para la Juventud Sandinista).
Es significativo que la central sindical CST, bajo la dirección vertical de la DN, se sometió a la política de conciliación nacional con el latifundio (la llamada “burguesía patriótica”); que la ANC tuvo escaño de representación con un sacerdote diputado en el Consejo de Estado, y hubo cuatro curas ministros, además del jesuita Javier Gorostiaga como director del primer Departamento de Planificación. Pero la CST ni siquiera consiguió un código de derechos de los trabajadores del campo y la ciudad que sustituyera el de Somoza, o una ley de servicio civil para los funcionarios. Y más bien, las familias trabajadoras del minifundio fueron tratadas con políticas de crédito como estamento de “pequeños productores”, no asistidos como trabajadores de la tierra sin salario. Esto motivó las sucesivas condonaciones de deuda, como la decretada en Masaya por aclamación popular el 19 de julio de 1982.
Nota al margen: El GRN de Unidad Nacional bajo la DN, dividió la economía autárquica de sociedad agraria en estamentos: “gran producción privada” y “mediana producción” (con el 63% de la tierra cultivable, las mejores tierras y con mejores infraestructuras); “empresas estatales de reforma agraria” sobre la expropiación del somocismo (19% de la tierra), “cooperativas agrícolas sandinistas” (7%), “cooperativas de crédito y servicios” de propiedad privada (10%), y “pequeña producción” (el 1%) (ver Jaime Wheelock, Entre la Crisis y la Agresión; ENN, 1985). Son datos anteriores a 1985. A partir de 1985, por el fracaso de la gestión de las cooperativas, la titulaciones de la Reforma Agraria pasaron a ser mayoritariamente de titulación individual en minifundio de “pequeños productores” (ver Beaumeister, con varias entradas en Pensamiento Propio). El estamento inferior era el campesinado sin tierra.
En cuanto a la organización del Frente, habría que diferenciar tres etapas. El antiguo Frente Sandinista de grupos dispersos (por indisciplina o conflictos de grupo, o por su aislamiento a causa de la represión y por muerte de sus mandos en la lucha). Su desorganización se acentúa en 1976 cuando caen sus principales dirigentes en medio de una gran desestructuración, que se ha querido encubrir como división de tendencias. En la “Marca del Zorro”, de Francisco Rivera, editado por Sergio Ramírez, se aprecia este momento de mayor anarquía. No hubo una organización coherente hasta el acuerdo de Unidad bajo una Dirección colegiada en los primeros meses de 1979, en la medida que se van coordinando las células de los diversos “frentes” insurreccionales. Pero estos pocos individuos y con escasos medios supieron liderar media docena de insurrecciones populares espontáneas (1978-79).
Hubo un segundo FS, ya como partido político entre 1979-1992, pero de carácter vertical, con una Dirección Nacional no elegida, con su aparato de secretarías y comités; más una Asamblea Sandinista como simple órgano de consulta y “bajada de instrucciones” a las organizaciones de masas, sin capacidad de elegir a su dirección. En esta fase, de 1979 a 1990, el ejercicio de la función de la Jefatura del Estado por la Dirección Nacional impedía que este partido tuviera estructura democrática. Y hay un tercer FS que surge del congreso fundacional de 1992, no como partido de cuadros sino electoral, y con órganos asamblearios de participación, decisión política y elección de su dirección.
En cuanto a las alianzas internacionales. El antiguo FS fue reconocido como “parte beligerante” e invitado a los congresos de la II Internacional. Y el gobierno de François Mitterand, del Partido Socialista de Francia, suministró la primera asistencia de equipo militar del GRN. Pero, después del cambio de la Administración Carter, en 1981, esta asistencia se suspendió por la oposición de Felipe González y Mario Soares dentro de la II Intl. (ver Pierre Shori: El Desafío Europeo en C.A., 1982; el autor dirigió junto a Bruno Kreiski el Comité de la II Internacional para Nicaragua). Parte de este aislamiento fue el posterior bloqueo del suministro de combustible de México y Venezuela, cuando el GRN tuvo que racionar por cupones la venta de combustible que hacía llegar desde la URSS. La DN y el GRN pasaron a depender de la geopolítica de la Guerra Fría y del movimiento de países No Alineados.
En resumen, la Dirección Nacional del FS instauró en Nicaragua la autarquía de una sociedad agraria estamental, en alianza con los partidos de Unidad Nacional, cuyas familias latifundistas se vieron beneficiadas. Como ha escrito Carlos Fonseca Terán: “se había confiscado a Somoza y sus allegados una cantidad de bienes que no rebasaban el 20% del total de los medios de producción en Nicaragua, una riqueza inmensa como patrimonio personal de sus antiguos dueños, pero bastante modesta para lo que debe ser una economía puesta al servicio del pueblo por una revolución social” (END 10.marzo.2009). Al fin y al cabo, los grupos económicos y las familias políticas de la Unidad Nacional, de la Coordinadora Democrática y, después, de la Unión Nacional Opositora mantuvieron suficiente poder como para reclamar los frutos del triunfo de la caída del somocismo. En el próximo capítulo la lucha ideológica, el populismo y la participación popular.
Nota: la base de esta información resulta de una investigación que hice en varios centros de documentación de España, años 1988-89, en IEPALA, CIDOB, Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, y la Biblioteca Hispánica de Madrid.