Opinión

De la ignorancia, el fanatismo y la ridiculez


En medio siglo que llevamos sobre este planeta, hemos escuchado muchas cosas, causas y razones, pero pocas veces nos hemos enfrentado a defensores de causas perdidas carentes a todas luces de argumentos cabales o razonables que esgrimir.
Sabido es que desde hace años venimos luchando por los derechos de los animales, contra el maltrato animal, llevando asistencia veterinaria a todos los rincones de Nicaragua y promoviendo el bienestar animal así como el conocimiento de los animales a través de programas, conferencias, talleres o charlas mano a mano con la población.
En este marco, hemos ayudado a construir un anteproyecto de ley de Protección y Bienestar Animal, un bebé que nació de las entrañas mismas de la UCC, lugar donde se discutió, se intercambio ideas, se consultó y se redactó un primer borrador, hoy altamente modificado.
A finales de octubre pasado, en una reunión promovida por el Club de Jóvenes Ambientalistas, donde participaron diputados de la Comisión de Medioambiente y diferentes actores de los movimientos por y contra los animales, comenzó una diatriba eterna, entre los galleros y el movimiento por los animales, que los mismos han centrado sobre mi persona dada la carencia clara de argumentos en defensa de la actividad per se.
No vamos nosotros a entrar ni en ataques ni ofensas personales, porque no estamos contra las personas, sino contra las actividades y actitudes, entendiendo que cualquier evento donde se pongan animales a pelear, va contra las más caras normas de la ética y los valores morales del ser humano, atentando contra los mínimos derechos que los animales poseen en esta tierra, que otrora fuera suya y que nosotros destruimos sin parar.
¿Que qué podemos decir o argumentar? ¡Mucho! Pero aclaremos primero conceptos errados que se vierten impunemente a la población, las riñas de gallo no son un deporte, deporte es lo que un ser humano hace con su mente o su cuerpo para perfeccionarlo o ejercitarlo, ¿qué ejercitamos en la “gallera”? El alcoholismo, las apuestas, el gozo frente al sufrimiento de un animal, los vicios en general.
Las riñas de gallo no son una actividad cultural, de hecho, en los países donde se practicaba y de fueron traídas estas costumbres a América Latina, están prohibidas, léase España e Italia, donde estas prácticas son consideradas ilegales. Actividades culturales tradicionales son las danzas de Mayo del Caribe, las danzas del Pacífico, el huipil, el nacatamal, el yoltamal, la güirila, el perrerreque, el tiste, el pinol, el son nica, el Guegüense, y tantas otras cosas de las que el país debe de estar orgulloso por ser parte inherente de su esencia pinolera.
Hace poco, en un programa, cierto gallero aseguraba que los gallos de riña viven hasta mejor que nosotros mismos, como somos curiosos y tenemos una educación científica, nos fuimos a dos o tres criaderos de gallos de riña a constatar los hechos enunciados, por cierto, criaderos bien importantes con una producción de gallos que nos dejó asombrados.
Nacen los gallos y son hacinados en un pequeño espacio hasta más o menos el mes de edad, donde ya bien se diferencian no solo sexualmente, sino en actitud, aquellos que no muestran vivacidad, se matan.

Se sueltan en el campo o en patios, hasta los seis o siete meses, cuando ya se comienzan a pelear, volviendo en ese momento al criadero.
Ahí les afeitan en el vientre y muslos, echándoles y friccionándoles con alcohol, todos los que alguna vez nos afeitamos sabemos lo que esto duele, los asolean para derretirles las grasas y los comienzan a estimular con un “sparring” para adquirir bravura, se los somete a arduos ejercicios de alas y patas.
Luego, los descrestan, es decir, se les cortan las cinco crestas del gallo, sin anestesia, sin desinfección previa, con instrumentos no esterilizados, para que el gallo no lo “agarren” de ahí, no pueden quejarse, no “tienen derecho”, y si lo hacen los matan por cobardes.
Cuando ya están cicatrizados, luego del descreste, asoleados diariamente y peloneados y friccionados con alcohol de tanto en tanto, los comienzan a encolerizar y despertar su bravura a diario con un sparring, hasta que se los “ennavaja” y se los hace pelear hasta matar a otro para medir su corte y su capacidad de corte.
¿Viven mejor que nosotros? ¡Claro que no! Son torturados diariamente para ganarse un lugar donde matan o los matan para beneficio de unos pocos.
¿Es esto un deporte? ¡Claro que no! Es una pasión insana donde queremos ganarnos la vida ilegalmente viendo sufrir o morir animales.
¿Es esto cultura? ¡Claro que no! ¿Cómo pueden ser cultura de un país la tortura y la muerte, las apuestas y el vicio?
¿Sobre las cosas que dicen de mi? Me da risa. Como nunca dijo Don Quijote: “ladran Sancho, señal que cabalgamos…”

*Decano
Facultad de Ciencias Agrarias
Universidad de Ciencias Comerciales
Doctor en Medicina y Tecnología Veterinarias