Opinión

Algunas tendencias de izquierda en la revolución nicaragüense


La “izquierda” política es relativa a una situación concreta. En el caso de la revolución de los nicaragüenses contra la dictadura, tras la derrota de su aparato militar y la desaparición de la legalidad del Estado de la constitución liberal (porque no tuvo lugar la transición pautada entre la Administración Carter y la OEA con la Junta de Gobierno en el exilio y sus aliados), el eje de la correlación de fuerzas internas y alianzas internacionales con que se reconstruyó el Estado nos indica si hubo alguna tendencia de “izquierda” en este proceso. Como nota al margen: llamo “revolución de los nicaragüenses” al estado de agitación y movilización social con sucesión de cambios políticos institucionales desde 1978 hasta 1996. Desde las elecciones de 1996, aunque se han desarrollado nuevas formas de lucha política, de agitación y movilización social, las instituciones políticas y los mecanismos (funciones) de consenso se han conservado como referentes establecidos y aceptados.
Pero antes de hablar de tendencias de “izquierda” en la revolución nicaragüense en el próximo artículo, explicaré la evolución de la estructura política de Unidad Nacional (1979-1996) que ha sido la principal característica del proceso y razón de sus limitaciones estratégicas.
La política de Unidad Nacional tuvo su gestación en un período que va de la formación de la UDEL, cuando se comienzan a juntar los actores políticos y el movimiento social, que luego conformarán los Frente Amplio Opositor (FAO), Frente Patriótico (FP) y Movimiento Pueblo Unido (MPU). Con estos partidos y grupos se formó la Unidad Nacional de 1979, el improvisado Gobierno de Reconstrucción, más el Consejo de Estado instaurado el 4 de mayo de 1980. Del MPU salió la imprevisible Jefatura del Estado de un Directorio Nacional (la DN con su estructura de secretarías políticas, comités de base y milicias) y sus órganos verticales de propaganda, agitación y movilización por los que “bajan instrucciones”: la Asamblea Sandinista y las organizaciones de masas (CDS, ATC, AMLAE, CST, ASTC, etc.). Casi todos esos grupos y partidos se mantendrán en la política de Unidad Nacional del Gobierno de Reconstrucción, hasta la formación de la Coordinadora Democrática antes de la campaña electoral de 1984.
En el momento de la conformación de la primera Unidad Nacional del Gobierno de Reconstrucción, ni los partidos Conservador Nacional y el Demócrata, ni los Social Cristianos, ni los Liberales Independiente y Constitucional, ni el mismo Grupo Doce imaginaron que los 48 “muchachos” que les estaban sacando las castañas del fuego se harían con la jefatura del Estado; y crearían en pocos meses un partido de “cuadros”, en decenas de miles, con secretarías políticas y comités de base, con miles de sindicatos y células de organizaciones de masas. Y no se dieron cuenta de que los 48 “muchachos” habían pasado a dirigir la Unidad Nacional, como un directorio de Jefatura de Estado, hasta que sus aliados extranjeros les llamaron la atención ya en los primeros meses de 1980.
Había sucedido lo imprevisible, porque Urcuyo Maliaños incumplió el protocolo de transición y por la derrota en toda regla de la dictadura y su guardia. El somocismo dejó el poder en manos de la insurgencia, muy inferior en capacidad militar respecto de la imaginada en la leyenda de los distintos frentes; como en el insostenible relato de Carlos Núñez y Moisés Hassan del, sin embargo, valiente “repliegue a Masaya”. Precisamente, por esa pobreza de medios y de números, los partidos de la Unidad Nacional confiaron en la combinación pactada con la Guardia Nacional de las fuerzas del Frente (48 con capacitación político-militar y no todos o todas en el mismo grado, incluidos los nueve de la DN, según el censo de supervivientes realizado el día 20 de julio) y algunos guerrilleros más. Pero, ante el vacío de poder, la ceremonia de posesión de la Junta en el Palacio Nacional sucedió humildemente con el saludo del obispo Obando y el embajador de EU, como la recuerda Sergio Ramírez en esa memoria superficial y apolítica que es “Adiós Muchachos”.
Junto a ese censo de supervivientes del Frente se hizo otro de “500 elementos de confianza” de la Unidad Nacional. Esto indica que sólo el día 20 de julio la DN se ha dado cuenta de que tiene el poder en las manos. Con estos nombres de confianza se coordinó y negoció los mandos de los ministerios. Es decir que la DN pasó a coordinar y supervisar el gobierno de Unidad Nacional, aunque la Junta ya traía preparado su propio consejo de Ministros con sólo un ministro del Frente, Tomás Borge. Así, el coronel Larios en Defensa quedaba bajo la secretaría DN de Humberto Ortega, el ministro de Agricultura Coronel Kautz bajo el comandante Wheelock, el de exteriores Miguel Escoto (de los Doce) bajo Bayardo Arce, etc. En la primera oportunidad de cambios, los comandantes DN ocuparon algunos ministerios. De esta manera, se llegó hasta el final de la Junta y el Gobierno de Reconstrucción, siempre con el discurso de Unidad Nacional, pero básicamente con el Conservador Demócrata y Socialcristiano Popular. Más los grupos religiosos, algunos clérigos, intelectuales de prestigio independientes y del antiguo Grupo Doce.
La política de Unidad Nacional tuvo continuidad, aunque ya muy disminuida, en el primer gobierno del Frente Sandinista (1985-1990); hasta la campaña de las elecciones de 1990, cuando pasó a ser Unión Nacional Opositora (UNO) de una miríada de partidos contra el Frente. Pues, la Coordinadora Democrática de los ochenta y la UNO pertenecieron al mismo movimiento político y social iniciado en la UDEL. Ya en el cogobierno de facto de Violeta Chamorro y Antonio Lacayo se volvió a recomponer en cierta manera la antigua Unidad Nacional de 1979, hasta con los mismos sujetos y el mismo movimiento social, por los pactos de gobernabilidad Ortega-Chamorro-Lacayo (nótese que el cogobierno de facto Chamorro-Lacayo representó la desaparición de la función de la Vicepresidencia de Virgilio Godoy, tal como estaba prevista en la Constitución). Es decir que hubo siempre una política de Unidad Nacional de 1979 a 1996 si se incluye este “gobierno desde abajo” del Frente.
Los pactos posteriores a 1996 ya no han tenido calidad de política de Unidad Nacional, las instituciones se han estabilizado y el estado de revolución se ha contenido en la sociedad. Por otra parte, conviene añadir que en el proceso de alianzas y conflictos de la Unidad Nacional de 1979 a 1996, nunca se perdieron las primeras identidades de grupos y familias. En este sentido la organización de los partidos políticos no ha evolucionado mucho, aunque sí ha habido cambios institucionales en el Estado, y cambios en las formas de lucha política. El hecho es que hay muchos dirigentes políticos en activo hasta hace poco, como Virgilio Godoy, que pasaron por todas las fases de quince años de la Unidad Nacional, y continúan donde estaban hace treinta años; aunque nadie más como Rosario Murillo, conocedora de las interioridades de La Prensa en Managua y de las negociaciones con Carlos Andrés Pérez en Caracas, participó en la trastienda de todas las trincheras de la Unidad Nacional desde la formación de la Junta en el exilio. Lo que da una idea de que las políticas de Unidad Nacional han sido conservadoras de un statu quo (sobre este aspecto ver el próximo artículo, anexo a esta introducción).