Opinión

Darío para escolares: Prosas Profanas (3)


Los grandes temas de Prosas profanas
Obra de cultura y de perfección formal, Darío se muestra erudito en algunos de sus poemas, pero aborda también grandes temas que constituyen constantes en toda su poesía: el amor y la mujer, el erotismo, la preocupación metafísica, la mitología, el arte y su relación con el ritmo del universo. Tomemos muestras por separado.

*La mujer y el amor con sus matices
El sentimiento amoroso en Rubén se centra y se concentra en la mujer, una y múltiple, en la hembra “de carne y hueso” a quien le canta con el más íntimo sentimiento:
Después ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías;
tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo;
tus risas, tus fragancias, tus quejas eran mías.” (“Margarita”)

Pero en “el vino del amor” hay también amargura, frustración, desengaño: que en el vino del amor/hay la amargura del mar. (“Dezir”)

*Erotismo
Es el erotismo en Darío, un impulso elemental, primitivo, que se identifica con el más puro sentimiento carnal o, como afirma Julio Icaza Tigerino, “su carnalismo americano fundamental”. Carnalismo esencial el de Darío, implica -como señala Icaza Tigerino- “un retorno a lo primitivo y elemental, de raíz étnica americana”, que encuentra “expresión cultural en los mitos de la antigüedad grecolatina”. El amor como sensación, el deseo carnal, Rubén lo expresa en “Venus”, la Soberana: Reina Venus, Soberana /Capitana /de deseos y pasiones, /en la tempestad humana / por ti mana /sangre de los corazones. Dezir”). O en la “Satiresa” que lo atrae con sus turgentes senos:

Un día oí una risa bajo la fronda espesa,
vi brotar de lo verde dos manzanas lozanas;
erectos senos eran las lozanas manzanas
del busto que bruñía de sol la Satiresa...
(“Palabras de la Satiresa”)

En el centauro, esa figura mitológica mitad hombre y mitad bestia, encuentra Rubén el símbolo de su carnalismo:

Junto a la oculta fuente su mirada acaricia
las curvas de las ninfas del séquito de Diana;
pues en su cuerpo corre también la esencia humana
unida a la corriente de la savia divina
y a la salvaje sangre que hay en la bestia equina.
(“Coloquio de los centauros”)

* Preocupación metafísica
El problema del ser, del existir y del más allá constituyen el centro de la preocupación metafísica en Darío. El mismo nos confiesa en Historia de mis libros: “Ciertamente, en mí existe, desde los comienzos de mi vida, la profunda preocupación del fin de la existencia, el terror a lo ignorado, el pavor de la tumba...”
Y agrega que en su desolación y abandono ha buscado a Dios como refugio, y se abruma y se desespera cuando examina “el fondo” de sus creencias y no encuentra suficientemente fundamentada su fe, porque “el conflicto de las ideas me ha hecho vacilar, y me he sentido sin un constante y seguro apoyo”. El misterio de la vida y los íntimos secretos de la naturaleza intrigan al poeta:

¡Himnos! Las cosas tienen un ser vital: las cosas
tienen raros aspectos, miradas misteriosas;
toda forma es un gesto, una cifra, un enigma,
en cada átomo existe un incógnito estigma;
cada hoja de cada árbol canta su propio cantar
y hay un alma en cada una de las gotas del mar.
(“Coloquio de los centauros”)

El poeta expresa, incluso en el mismo poema, su concepción de la vida y de la muerte, sus ideas filosóficas y religiosas: La Muerte es la victoria de la progenie humana./ La pena de los dioses es no alcanzar la Muerte.
Afirma Alejandro Hurtado Chamorro en La mitología griega en Rubén Darío, que “el centauro de Darío representa al hombre que debate en sí mismo la dualidad de su propia naturaleza, ante el misterio del amor y de la muerte”.
Su crisis espiritual, la tragedia del hombre atormentado por el problema del más allá, aparece condensado en los versos finales de Lo fatal: ¡y no saber a dónde vamos/ ni de dónde venimos!...

*Lo mitológico
Darío penetró al mundo mitológico pagano, dice Hurtado Chamorro, por su natural helenismo; de ahí supo seleccionar las figuras más adecuadas para expresar simbólicamente sus ansias de hombre y de poeta. Dos ansias le poseían: el amor y la poesía. Sus símbolos mitológicos – agrega Hurtado Chamorro- expresan “o añoranza amorosa o su visión poética del mundo del arte y del de la naturaleza”. Y nos explica la trilogía y el significado de cada figura-símbolo: Venus, el amor inmortal; Psiquis, el alma humana, y Leda la amada ideal. Otra trilogía: Apolo, el espíritu por el arte; Pan, el mundo sensual de la naturaleza, y Orfeo el divino poder de la Armonía. Recordemos algunos versos referidos a Venus.
El nacimiento de Venus, la “Reina”, la “Capitana” por quien “mana sangre de los corazones” (“Dezir”), Rubén la coloca en “Coloquio de los centauros” como emperatriz del universo, en versos matizados de erotismo: Ella es entre las reinas celestes la primera,/ pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura.

Pero “la más gallarda de las emperatrices”, la “princesa de los gérmenes” y “Señora de las Savias” es también impúdica y artera: Venus anima artera sus máquinas fatales; / tras los radiantes oros ríen traidores males, /de su floral perfume se exhala sutil daño...

Pero en “Friso” el poeta le imprime un matiz de espiritualidad a la hermosa Venus, la “celeste Cipris”: Era la hora del supremo triunfo / concedido a mis lágrimas y ofrendas/ por el poder de la celeste Cipris.

Y en “Yo persigo una forma” Darío ve en la Venus de Milo el “abrazo imposible” del arte como el amor inalcanzable en el amor ideal:

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.

*El arte y su relación con el ritmo del universo
Al ansia de amor en Darío va aparejada “una sed nunca apagada de poesía”. Y el ansia de superación poética la expresó conscientemente. Y la angustia de no encontrar la “forma” para su numen cada vez más exigente consigo mismo en busca de la “eternidad”. El mismo Darío lo revela:

“Como hombre he vivido en lo cotidiano, como poeta no he claudicado nunca, pues siempre he tendido a la eternidad.”

rmatuslazo@cablenet.com.ni