Opinión

TOTALITARISMOS PARA RELACIONARSE (I)


Los tres artículos que iniciamos hoy tratarán sobre la reencarnación de la familia Somoza, o del brillo de los cuchillos carniceros preparándose para el destace de la palabra. Tratarán del Caudillo de todos los totalitarismos y demostrarán que los monarcas no tienen capacidad para el debate de las ideas. Todos sabemos que no exponer o decir abiertamente lo que se hace, es porque algo a podrido huele en Dinamarca. Los monarcas, por algo muy malo será, cometen el delito de no informar de sus acciones al pueblo al que se deben. Ya dijimos que trabajan con silenciadores para silenciar la libertad de prensa. La recién pasada historia nos enseñó que el periodismo no puede desenvolverse cabalmente en un estado totalitario e intimidatorio. La forma de actuar de los monarcas está signada por el secretismo, como respuesta a la libertad de expresión. Por eso estos tres artículos los elaborarán sus lectores, en base a los elementos de juicio que nos darán Jacques Bourquin y Emilio Filippi. Serán modelos para armar, atar cabos o relacionar, con el nuestro, los diferentes totalitarismos de la historia de la humanidad. ¿Cuál será el veredicto de ustedes? Sea el que sea, esta vez podrá ser emitido con entera libertad.
Supongamos que un día los monarcas se despiertan sinceros, y se levantan con las agallas de plantear un debate sobre la libertad de opinión, dentro del plano religioso que con frecuencia utilizan para “cristianizar” su despotismo. No podrían, digo yo apoyándome en el libro “Libertad de pensar, libertad de decir” (CISEC, 1979) de Emilio Filippi, soslayar esa misma libertad ejercida por Pío XII, cuando dijo: “Ahogar la opinión de los cristianos, reducirla al silencio forzado, es, a los ojos de todo cristiano, un atentado al derecho natural del hombre, una violación del orden del mundo tal como Dios lo ha establecido”. Y por si fuera poco, Filippi cita: “En el documento de Puebla (Nº 1063 y 1068), se dice: < La evangelización, anuncio del Reino, es comunión…Los Medios de Comunicación Social son factores de comunión>. A través de la historia los dictadores han llegado a creer que la libertad de prensa consiste en que ellos, sus funcionarios y su moral son intocables. No quieren que los Medios de Comunicación Social sean factores de comunión, sino de discordia y agresión al servicio de sus intereses, su moral y de su oportunismo religioso…Al escribir este libro –dice Filippi- me he ubicado en esta realidad. Pienso que no me ha de inspirar otra norma que la que dejara escrita el Papa Juan Pablo XXIII, en su encíclica Pacem in Terris, cuando señaló: “Todo ser humano tiene el derecho natural al debido respeto a su persona, a la buena reputación, a la libertad para buscar la verdad y, dentro de los límites del orden moral y del bien común, para manifestar y defender sus ideas, para cultivar cualquier arte y, finalmente, para tener una objetiva información de los sucesos públicos.”
Antes de que Emilio Filippi continúe, pregunto: ¿Tenemos, y tan solo pongamos el ejemplo de Albanisa, una objetiva información de los sucesos públicos? : “No es nada nuevo el que algunos gobiernos estimen indispensable preservar a los ciudadanos de las malas ideas, sobre todo si creen que éstas pueden provocarles una tentación política perjudicial a lo que los gobernantes consideran debiera ser el bien común. Ni lo es tampoco el que afirmen que la verdadera libertad no radica en la autonomía para hacer cuanto aconseja el buen juicio de cada cual, sino en la aceptación –impuesta naturalmente- de un ámbito preciso en el cual esa libertad es posible. Para quienes afirman esto, el Estado es el encargado de tutelar, por vía de la protección y de la represión, lo que conviene o no a los habitantes de un país.”
“Por lo general, son los regímenes no democráticos –llámense fascismos, nacionalsocialismos, comunismos, absolutismos o autoritarismos- los que consideran que la libertad de expresión –y su derivación, la de prensa- no puede quedar entregada a la voluntad de cada quien, sino que es preciso ponerla en un marco de restricciones a fin de evitar toda la secuela de males que pudiera producir. Benito Mussolini, por ejemplo, sostenía en El espíritu de la revolución fascista, que Pero, como es sabido, para Mussolini lo fundamental era que la disciplina general del régimen fuera aceptada, y en caso de que así no ocurriera, debería ser impuesta. Con este concepto meridiano sobre la libertad, en el régimen fascista se les decía a los periodistas que podían escribir libremente, siempre que lo hicieran dentro del . Si se salían de ese parámetro, debían sufrir las consecuencias.”

luisrochaurtecho@yahoo.com
“Extremadura”, 4 de febrero del 2010.