Opinión

Lucha de géneros en la genómica humana


En el año 2004 el renombrado genetista Bryan Sykes sorprendió al mundo de la ciencia cuando publicó su controversial libro “La maldición de Adán”. Con mucha valentía exponía las diferencias genéticas entre el cromosoma X (femenino) y el Y (masculino), quedando este último en una posición tan disminuida que proyectaba una extinción del mismo en un término de 5,000 generaciones humanas. Para Sykes el cromosoma Y además de ser de un tamaño menor que el X femenino, presentaba unas altas tasas de infertilidad en el tiempo que amenazaba su sobrevivencia.
Si se compara en términos de cantidad de genes que tienen el cromosoma X con respecto al Y, este último representa un tercio del tamaño del cromosoma que llevan la féminas. La información necesaria dentro del cromosoma masculino para hacer un embrión varón es mínima, pues sólo son 364,000 pares de base aproximadamente, menos del 1.5 % de los que presenta el cromosoma Y. O sea, que la masculinidad está representada por un mínimo de información genética.
La hipótesis de Sykes trascendió al debate interminable de la lucha de los géneros. Fue vista como suculenta vitamina por el movimiento feminista, pues reafirmaba una vez más sus demandas con una tesis científica que las respaldaba. Para los hombres tradicionalmente machistas, fue un golpe bajo a su masculinidad dado por un científico de su mismo género. El prestigio adquirido por el genetista Sykes por su vasto estudio de las poblaciones europeas en su libro “Las siete hijas de Eva”, hacía más interesante el debate, pues en dicho libro analizaba el rastro genético ancestral del ADN mitocondrial, el lado femenino de la historia evolutiva humana.
El orgullo femenino se vistió de manteles largos independientemente de su militancia política en la lucha de géneros, porque el otrora sexo fuerte se veía disminuido y hasta extinguido en el tiempo evolutivo. El varón ya no sería necesario para la reproducción humana, reafirmaban las féminas más entusiastas. Y más aún cuando la comunidad científica informaba que en el reino animal la partenogénesis se daba con cierta regularidad. La partenogénesis es la reproducción de una especie sin intervención del macho. Existen algunos casos en insectos, anfibios y reptiles, los cuales tienen una reproducción asexuada o sea una clonación natural.
Pero la ciencia con sus métodos basados en evidencia, mostraba que la reproducción asexuada ponía en riesgo cualquier especie por la limitante de no tener el acerbo genético protector en términos evolutivos que da la mezcla de la reproducción sexual.
No obstante, en su obra dedicada al cromosoma Y, Sykes también hace gala de su cientificidad cuando demuestra que más de 16,000 millones de personas en la actualidad descienden del cromosoma Y de Gengis Kan, el emperador mongol.
La hipótesis de Sykes sobre el cromosoma Y degradado y rumbo a la extinción ha sido muy cuestionada por la ciencia. Muchos científicos evolucionistas afirman que no se puede hacer predicciones apocalípticas de tipo determinísticas en materia de evolución de las especies o los genes. La crítica más aguda de muchos genetistas se centra en el supuesto o premisa de Sykes; él supone que tanto el cromosoma X como el Y están sujetos a una competencia de sobrevivencia al más apto, tesis mal entendida de Darwinismo biológico. La mayoría de los biólogos establecen que tanto el cromosoma X como el Y, coevolucionan en el proceso de reproducción humana.
Una de las grandes virtudes de la ciencia es su capacidad y humildad para ajustarse a sí misma; para validar o refutar las más variadas hipótesis científicas. Sobre el caso que nos ocupa, investigadores del Instituto Whitehead del MIT en los Estados Unidos han publicado en la revista Nature, una contundente investigación que descarta la hipótesis de la extinción del cromosoma de los varones. Los científicos han comparado el cromosoma Y de los chimpancés con el de los humanos, y han demostrado que éstos cromosomas presentan una diferencia del 30 % de sus genes. Diferencia abismalmente mayor que el resto de los genomas de las dos especies, que es apenas del 1 %. Mostraron también que no sólo hay diferencia en los genes sino que en el cromosoma Y humano existen muchos más genes que en el de los chimpancés. Manifiesta el artículo de Nature “La diferencia en estructura y contenido genético de las dos secuencias del cromosoma entre humanos y chimpancés indica una rápida evolución desde que ambas especies se separaron en los últimos seis millones de años”. Los expertos de MIT manifiestan que la diferencia entre los cromosomas de las dos especies radica en la producción de esperma y en el comportamiento sexual. Los expertos sepultan así la hipótesis de Sykes, estableciendo que el cromosoma Y del hombre es complejo y que la tesis de la degeneración del cromosoma de los machos es falsa. No sólo esta investigación reivindica al cromosoma Y, sino también que lo hace participe y posible causa de la separación evolutiva entre el chimpancé y la especie humana. Un cromosoma masculino, con función evolutiva en la especie. Sin embargo esto no significa que los varones son más evolucionados que las damas, pues el “vals” de la evolución se baila en pareja de género.
Esta controversia sobre dos cromosomas humanos nos muestra que la ciencia no es inmune al manoseo de ideologías políticas, sin embargo, el mecanismo que la ciencia usa para evitar esos manoseos son las evidencias que producen las investigaciones de rigor. La ciencia debe estar al margen de cualquier ideología, el método científico debe ser su principal herramienta de conocimiento. Pero no deja de entusiasmarnos las evidencias cada vez más abrumadoras, que muestran que tanto las féminas como los varones, compartimos en una sola unidad armónica, el camino de la evolución.

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