Opinión

Hacia un futuro climático más inteligente


Los pobres han de ser quienes más sufran con los efectos del cambio climático. Al elevarse las temperaturas, cambian las pautas de las precipitaciones y se multiplican los episodios extremos, como sequías, inundaciones e incendios forestales. Millones de personas de las zonas costeras densamente pobladas y de los países insulares perderán sus hogares a medida que se eleve el nivel del mar. Los latinoamericanos más humildes y de otras regiones en desarrollo enfrentan la perspectiva de pérdidas de cosechas, descenso de la productividad agrícola, hambrunas, malnutrición y las enfermedades. Resultará todavía más difícil alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio y garantizar un futuro seguro y sostenible después de 2015.
Para el mundo en desarrollo, el cambio climático representa la amenaza de multiplicar sus vulnerabilidades, erosionar los progresos conseguidos con tanto esfuerzo y perjudicar gravemente las perspectivas de desarrollo. Al mismo tiempo temen que se puedan imponer restricciones a través de nuevas regulaciones a su firme decisión de generar más energía e infraestructura, crecer económicamente y aumentar las oportunidades para todos.
El cambio climático es uno de los desafíos más complejos de este siglo. Ningún país está al margen, ni puede por sí solo, afrontar los desafíos interconectados que implican decisiones políticas controvertidas, un cambio tecnológico sin precedentes y consecuencias mundiales de gran alcance. Pero un mundo climático inteligente es posible en nuestro tiempo. Empero, según el nuevo Informe sobre el Desarrollo Mundial del Grupo del Banco Mundial, debemos actuar ahora, de común acuerdo y de manera diferente.
Ahora, porque lo que hagamos hoy determinará el clima de mañana y las opciones de futuro. Los gases de efecto invernadero que hoy se emiten retienen el calor en la atmósfera por decenios, incluso siglos. Construimos centrales eléctricas, presas, casas, sistemas de transporte y ciudades que durarán, probablemente, 50 años o más. Las tecnologías innovadoras y las variedades de cultivos que experimentamos hoy pueden modelar las fuentes de energía y de alimentos que colmen las necesidades de 3.000 millones de seres humanos más en 2050.
El problema del cambio climático no puede resolverse si los países no cooperan a escala mundial para mejorar la eficiencia energética, desarrollar y desplegar tecnologías limpias y ampliar los sumideros naturales que permitan absorber gases y proteger el medioambiente. Los países desarrollados han producido la mayoría de las emisiones del pasado y tienen hoy un alto nivel de emisiones per cápita. Deberían reducir significativamente sus emisiones y estimular la búsqueda de alternativas verdes.
Sin embargo, la mayoría de las emisiones futuras se generarán en el mundo en desarrollo. Estos países necesitarán recursos suficientes y transferencia de tecnología para poder seguir desarrollándose pero con bajos niveles de carbono.
Debemos actuar de manera diferente, no podemos prepararnos para el futuro tomando como base el clima del pasado. El clima del futuro nos obligará a construir una infraestructura más resistente, al tiempo que utilizamos los escasos recursos naturales de forma más eficiente. Adaptarse a esta nueva realidad ha de requerir un cuantioso financiamiento adicional para la adaptación y la mitigación y multiplicar a escala suficiente las ideas innovadoras.
Hasta este momento, los diversos países del mundo no han ni reducido sus emisiones ni financiado a los países en desarrollo lo suficiente. Necesitamos un nuevo impulso. La actual crisis económica mundial no puede ser un freno. Más bien, nos ofrece una oportunidad ya que los paquetes de estímulo fiscal pueden impulsar la innovación que se requiere para afrontar los problemas del cambio climático.
Es fundamental que, en diciembre, en Copenhague, lleguemos a un acuerdo que integre las necesidades del desarrollo con las acciones contra el cambio climático.
El Grupo del Banco Mundial, en cuanto institución multilateral cuya misión es un desarrollo integral y sostenible, tiene la obligación de tratar de explicar algunos de los desafíos interconectados que plantea el cambio climático (economía, ciencia, energía, ecología, tecnología, finanzas, gobernabilidad y regímenes internacionales eficaces), y de facilitar la cooperación entre Estados, el sector privado y la sociedad civil para alcanzar el bien común. El Grupo del Banco Mundial cuenta con varias iniciativas financieras para que los países enfrenten el cambio climático.
Entre ellas se incluyen nuestros fondos para el canje de emisiones de carbono, y un aumento creciente en las inversiones en energía renovable y eficiencia energética. Generamos conocimiento y experiencia práctica sobre cómo los países en desarrollo pueden aprovechar y respaldar un futuro régimen internacional sobre cambio climático: desde mecanismos viables que incentiven la forestación y la deforestación evitable, hasta los sistemas de compraventa de emisiones de carbono y los modelos de crecimiento con bajos niveles de carbono. Así respaldamos el proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) y sus países miembros.
Se necesita mucho más. Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde. Si actuamos ahora, de común acuerdo y de manera diferente, existen oportunidades reales de modelar una alternativa climática que haga posible una globalización segura, integral y sostenible.

*Presidente del Banco Mundial