Opinión

Un Sistema Educativo legal, pero inexistente


Ph.D. / Ideuca

El aparato educativo del país posee un padecimiento crónico. Su desarticulación histórica, su fracturación y falta de intercomunicación ha generado notables fisuras, discontinuidades y brechas difíciles de salvar. En el año 2001 el Plan Nacional de Educación supuso un primer eslabón en el compromiso expreso de articular los subsistemas, pero faltó voluntad política en las autoridades para concretarlo. En 2005-2006 el Foro Nacional de Educación alcanzó elevados niveles de concertación entre todos los subsistemas, con propuestas claras de articulación, once Mesas de Trabajo, un documento que sistematiza todas sus propuestas, llegando, incluso, a conformar Comisiones Nacionales que no llegaron a poner en práctica sus funciones. De nuevo, la ausencia de voluntad política lo impidió. Su mayor logro fue incorporar en la Ley General de Educación, la creación del Consejo Nacional de Educación, y la definición del Sistema Nacional de Educación con sus cinco Subsistemas.
Como producto de esta desestructuración y fracturación histórica, cada uno de sus componentes educativos se encuentran desacoplados entre sí, trayendo como una consecuencia inevitable el desarrollo de una subcultura organizacional de aislamiento, incomunicación, desconocimiento, autosuficiencia y pugnas entre los subsistemas.
Tal desarticulación no sólo se evidencia entre cada uno de los llamados subsistemas educativos, sino al interior de cada uno de ellos. De esta forma, por ejemplo, la Educación Superior continúa fragmentada entre lo público y lo privado, y al interior de cada uno de estos sectores los fragmentos también son evidentes.
Las consecuencias inevitables de esta situación no son recientes. La incomunicación e incongruencia curricular entre los subsistemas trae múltiples consecuencias, algunas de las cuales detallamos a continuación. Una primera cadena de consecuencias se operan entre los llamados subsistemas: No existe un continuum educativo ni curricular de manera que, entre la Educación Media y la Educación Superior, aún la brecha que deben superar los jóvenes al ascender de uno a otro subsistema, es enorme e infranqueable para la mayoría; entre la Educación Técnica y la Educación Media aún no existen las pasarelas correspondientes que faciliten el tránsito de los estudiantes de un subsistema a otro; no se han definido políticas educativas para todo el sistema educativo, siendo las existentes privativas de cada subsistema.
Las consecuencias al interior de cada subsistema son notables, también. Así, la Educación Superior no ha trazado una planificación concertada, por lo cual se aprueban universidades y carreras sin atender criterios de racionalidad ni de necesidad del país; aún no se han concertado indicadores de calidad ni el proceso necesario de evaluación y acreditación. Después de tres años de haberse aprobado la Ley General de Educación y conformado el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación, aún estos procesos son inexistentes, cuando en el resto de países de la región han avanzado considerablemente. Al interior del Subsistema de la Educación Básica y Media, a pesar de los esfuerzos realizados en este último período, prevalecen las discontinuidades entre la Educación Preescolar y la Educación Primaria, y entre ésta y la Educación Básica y Media. Aún la transformación curricular no ha resuelto estas discontinuidades, sobre todo en su puesta en práctica en los centros educativos.
Frente a esta realidad es notable el esfuerzo que se viene realizando entre el Subsistema de Educación Básica y Media y el Consejo Nacional de Universidades, para identificar acciones prácticas de articulación. Tales intentos, sin embargo, son claramente insuficientes y persiguen una respuesta parcial que no responde a las exigencias planteadas por la Ley General de Educación. Llama la atención que, mientras por un lado se operan estos esfuerzos, por otro se niega y bloquea, en la práctica al Consejo Nacional de Educación, único órgano nacional de articulación y coordinación del sistema educativo, la posibilidad de funcionar como tal y de crear y dinamizar las Comisiones Nacionales de articulación.
La Ley General en su artículo 12 establece los cinco subsistemas que conforman el Sistema Educativo: Subsistema Educación Básica y Media, Subsistema Educación Técnica, Subsistema de Educación Superior, Subsistema Autonómico de la Región Atlántica y Subsistema de la Educación Extraescolar, pero nada de ello se ha concretado en la realidad. En el Título III de la Ley General de Educación quedan establecidos el objetivo, composición y funciones del Consejo Nacional de Educación, máxima instancia de coordinación, articulación, facilitación y garantía de la educación del país.
El país urge de una educación articulada, coordinada e integrada en todos sus subsistemas, de manera que la formación de sus recursos humanos dé respuestas pertinentes, con visión de nación, al desarrollo del país. ¿Qué nos impide lograr esta articulación en torno al Consejo Nacional de Educación? El país merece una explicación, y lo que es mejor, requiere una solución. La fracturación del país es también la fracturación de la educación. ¿Por qué no hacer del Sistema Educativo el mejor laboratorio de la articulación y unidad nacional?