Opinión

La República Caribe


Cuando en el corazón de la selva del Bosawas, en la aldea miskita de Raití, se desató la epidemia de Grisi Signi (Enfermedad de la locura), una oleada de médicos, siquiatras, sociólogos, psicólogos del Minsa y periodistas de diversos medios de comunicación navegó en pipantes los casi trescientos kilómetros que hay desde Wiwilí-Jinoteguita hasta la reserva de la Biosfera con la finalidad de estudiar y detener esta extraña epidemia. Durante semanas los especialistas buscaron una explicación científica a la enfermedad que afectaba ya a más de cien personas y una cura definitiva para la misma, pero no lograron ni una cosa ni la otra. Los funcionarios médicos y siquiatras dijeron no poder aportar al asunto que ellos definen como Fuga Disociativa, que entre otras cosas puede generar histeria colectiva en algunos escenarios específicos. En una sugerente fotografía de Germán Miranda, enviado por un diario nacional, el doctor Carlos Fletes, Director Nacional de Salud Mental del Minsa, aparece sentado al fondo de una sesión de cura que realizaba doña Porcela Sandino, (Sol Fark), quien fue enviada por el Instituto de Medicina Tradicional de la Costa Caribe con sede en Puerto Cabezas para atender la enfermedad de la locura. El doctor Fletes aparece en la fotografía viendo a doña Porcela con el rostro desencajado, confundido y serio, y con las manos juntas colgando debajo de la silla donde él mismo se encontraba sentado. El fotógrafo Miranda comentó que ante la enfermedad del Grisi Signi el Minsa y la gente del Pacífico estaban con las manos vacías, como aparecía el doctor Fletes en la foto. Y así era.
Raití se encuentra en el curso medio, es decir en el centro del río Coco, Wanki o Segovia, en el territorio de Kipla Sait Tasbaika, que significa “El Territorio de los Raudales”, y es uno de los muchos territorios autonómicos del Caribe nicaragüense y uno de los pocos verdaderamente selváticos del área centroamericana.
El Grisi Signi o Bla Signis (enfermedad del mareo) surgió un 16 de septiembre en la comunidad de Raití, después del desfile de celebración de las fiestas patrias que con inusual orgullo celebran las comunidades indígenas de la rivera del sagrado Wanki. Se extendió como una epidemia vertiginosa y antes del mes ya había afectado a más de 180 personas entre adultos, niños y jóvenes de ambos sexos, quienes corrían sin parar, desvariando en una alucinante carrera sobre y a la par de caballos con ojos rojos color de brasas encendidas, desollados, enfurecidos, sangrantes y humeantes, exhalando vapores espesos de endurecido olor . Fue doña Sol Fark quien con extraños sortilegios y aguas de colores untadas en la palma de la mano de cada uno de los enfermos quien logró aplacar, reducir y terminar con la epidemia del Grisi Signi ante la mirada estupefacta de los galenos del Pacífico. La limpieza del cementerio de la comunidad, y la fogata y quemancina de hiervas bajo una mística y enorme ceiba en la entrada del centenario Raití fue solo el inicio de muchos días de ritos y limpias que generaron escenas de miedo, valor y lucha durante más de un mes de trabajo mágico y misterioso, cultural y ancestral, divino y mundano, con Dios y el diablo. Binaria cosmovisión.
Raití pertenece a ese extenso pedazo de patria que se llama Región Autónoma del Atlántico Norte y Región Autónoma del Atlántico Sur, con sus llanos, montañas, selvas, ríos, pinares, bosques, mares y una vasta cultura universal y local que alberga quizás una de las mayores riquezas geográficas, culturales, humanas y materiales de todo el istmo centroamericano.
La historia de los pueblos de estas hermosas regiones han sido escritas bajo la brutalidad de los ataques españoles en la Nicaragua colonial. La gesta de Sandino en los años 30, la asonada de la “Vuelta de Cerna” a inicios de los 70, el separatista plan norteamericano denominado “Navidad Roja”, el conflicto bélico generalizado de los 80, el éxodo del 16 de marzo bajo la presión de gringos y contras por un lado y el conflicto e incomprensión por otro lado, y todo ello ha definido un mundo de relaciones marcado por la desconfianza e incredulidad por parte de las comunidades multiétnicas, quienes sienten con vieja razón que el Pacífico sólo explota pero no invierte en la población Caribe, cual si fuera otra patria ajena y lejana.
En los últimos meses han surgido actitudes individuales y colectivas que expresan en voz alta una posición independentista de la región Caribe en relación con el resto de Nicaragua, misma que se expresa como una posición secesionista y antipatriótica que el estado y la sociedad nicaragüense en su conjunto debe poner mucha atención y cuidado para evitar que se extienda a más sectores y se vuelva un problema difícil de contener. Sería muy doloroso ver cercenada de Nicaragua la tierra de nuestros hermanos del Caribe estableciendo nuevas y propias fronteras. No concibo tener que sacar pasaporte para ir a Bilwi, Tuapí, Pearl Lagoon, Prinzapolka, Rama ki, o la bella Bluefields. Como visa para un mal sueño: La división de Nicaragua.
Atender las urgentes demandas sociales de los habitantes de las Regiones Autónomas, respetar y promover sus derechos comunitarios y culturales, establecer vías de comunicaciones efectivas y accesibles, promover el intercambio justo y amistoso, y detener el avance de la frontera agrícola serán solo algunas de las acciones que puedan evitar que voces radicales aprovechen como caldo de cultivo las difíciles condiciones de vida de las comunidades Garífunas, Miskitas, Mayagnas, Ramas, Creoles y demás.
A veces recuerdo la incomprensión y las carreras del Dr. Guillermo Gosebrush, del doctor Fletes, de los periodistas Juan Ruiz Sierra, Martisabel Barrios y las mías propias bajo los pestañazos de Germán Miranda en medio del Grisi Signi y la selva del Bosawás, en Raití, Río Coco, Kipla Sait Tasbaika.
Me turba pensar que las crisis planteadas por las comunidades y etnias del Caribe sean tratadas por el estado y la sociedad nicaragüense como el Minsa trató la enfermedad del Grisi Signis en esos largos meses de locura comunitaria: con las manos vacías.
Dios no lo quiera, Miskut no lo permita. Tinki Pali.

*Sociólogo.