Opinión

Ángeles de Batahola Norte


Los conocí escuchándolos, cuando el padre Ángel los dirigía. Recuerdo que terminaba empapado en sudor después de los conciertos. Y con la expresión resplandeciente de satisfacción cuando recibían los aplausos. Sabía que eran del Centro Cultural de Batahola Norte, pero desconocía dónde quedaba. Luego me fui enterando del barrio y hoy ya sé dónde se armonizan esas notas musicales. Es el Coro de Niños de Batahola Norte, ahora Coro Ángel Torrellas.
Cuenta la directora docente que fue creado para las misas dominicales que se realizan ahí. “Luego fue concebido como un proyecto de educación integral de adolescentes y jóvenes en un marco de entrega desinteresada y solidaridad”. Y no sólo se presentan en las actividades culturales del Centro, también en varias instituciones y han llevado nuestras melodías a otros países.
Cuando conocí el Centro me gustó, hay un no sé qué que ahí transpira. No es una gran infraestructura física, pero es agradable Y si tiene una infraestructura humanística. Los ángeles de Batahola no sólo cantan. Antes creía que era solamente el Coro, pero es mucho más. Ofrece cursos desde arte culinario, belleza y estilismo; hasta medicina natural e inglés, pasando por varias carreras técnicas. En arte destacan música, pintura, danza y teatro, que también son medicina. Además, tiene primaria acelerada y alfabetización, que fortalecen esos pilares de humanismo sobre los que se levanta.
Recorrer el Centro es caminar entre pinturas con fondo musical, el aroma de la cocina y una atmósfera positiva. En la capilla sobresale un gran mural que representa a la población haciendo la ofrenda con lo que la Madre Tierra y su trabajo le dan. Por los pequeños jardines se puede ir leyendo mensajes del Jefe Indio Seattle, que están diseminados en cartelitos. Un manifiesto en defensa del ambiente. Así, quien quiere leerlos se encuentra con reflexiones como ésta: “Nosotros somos una parte de la Tierra, y ella es parte de nosotros, las olorosas flores son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, la gran águila son nuestras hermanas”. Mensajes que seguro van fortaleciendo la conciencia ambiental, igual que la naturaleza pincelada en todas las paredes.
A niños y niñas les dan una merienda después de sus clases. Es que no sólo tienen beca, sino que se les da algo de comer, me dijo la señora que repartía, una madre de familia, pues ellas son parte del Centro. También se le da seguimiento a los alumnos, inclusive a los mayores. Si alguien está faltando, la profesora no lo borra de la lista; sino que lo llama o lo visita para ver qué le sucede.
Y no sólo dan beca a sus alumnos, también ayudan a estudiantes de primaria y secundaria de algunos colegios. Me comentó una profesora que hasta en la universidad tienen becados. Eso sí, les piden que retribuyan para la labor social del Centro. Los mayores ayudan a los pequeños a realizar sus trabajos de clase, atienden en la Biblioteca y colaboran de diferentes maneras. Es mejor, no es bueno que todo sea regalado, así van dándole valor al trabajo. Y no se acostumbran a esperar que todo les llegue con sólo estirar la mano.
No tienen presupuesto asignado. Lo van rebuscando durante el año, con diversas actividades, incluyendo las expoventas que hacen en los cierres de semestre. También cuentan con la cooperación de los “Voluntarios Amigos de Batahola”. Me pregunto cuánto harían si tuvieran un presupuesto fijo. O quizás la falta de presupuesto les da dinamismo, iniciativas y satisfacción, que se revierten en más entusiasmo y más iniciativas, para no dormirse sobre sus laureles.
Qué diferente sería Nicaragua si en cada barrio hubiese un centro “fuente de vida” para hacerle frente a la vida. Y personas como éstas; unas buscando cómo ayudar y otras cómo aprender, pues muchos de los alumnos y alumnas llegan con la ilusión de crearse una opción para salir adelante en la montaña del desempleo. Es más, una niña del grupo de danza ya quiere abrir su propia escuela. Ella piensa en crearse su empleo, no en egresar para salir a buscar trabajo.
Antes, con una amiga, hice un pequeño recorrido por el barrio. Existen en Batahola bastantes instituciones que podrían apoyar e imitar al Centro Cultural y hacer algo más que sus propias funciones. Hay financieras, instituciones del Estado, de la municipalidad, empresas privadas, que dentro de sus programas de responsabilidad social empresarial también podrían extender la ayuda al barrio que los acoge. Me llamó la atención que en muchas cuadras hay un pequeño solar para área verde comunitaria. Lástima que en la mayoría de los casos no está verde, sino con un desolado color polvo. ¿Por qué no airearlos y pintarlos con los brillantes colores de la Naturaleza?

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