Opinión

Mi saludo al Ejército de Nicaragua


En el contexto de la celebración del treinta aniversario de la fundación del Ejército de Nicaragua, nacido en el seno de lo que fuera el Ejército Popular Sandinista (EPS), me quiero sumar a los que celebran el hecho, a los que reconocen su nivel de profesionalización y su carácter no beligerante en los asuntos políticos internos del país. Escribir sobre el Ejército, en mi caso, es remontarme a los años en que desde sus filas, era aprendiz de guerrillero en la Escuela el “Copetudo “, en el año de 1975 bajo la responsabilidad de los compañeros Manuel Morales, conocido popularmente como “Pelota” y jefe político de la Escuela; el Comandante de la Revolución Bayardo Arce Castaño, jefe militar de la misma; Omar Cabezas, como instructor militar; el profesor César Salinas Pinel, jefe de abastecimiento, caído en combate desigual en las riveras del río Coco, persona con las más altas cualidades humanas y Manuel Mairena, baqueano de la guerrilla; escuela que estuvo ubicada en Las Segovias, específicamente en Ococona en el municipio de Macuellizo; y posteriormente como guerrillero en la insurrección final desde el Frente Oriental “Carlos Roberto Huembes”, bajo la responsabilidad del Comandante de la Revolución Luis Carrión Cruz.
Como oficial del Ejército Popular Sandinista en mi segunda etapa, me tocó combatir a las fuerzas contrarrevolucionarias financiadas por el gobierno norteamericano, bajo la responsabilidad de entrañables compañeros como el Mayor ®; Marcos Largaespada, jefe del destacamento fronterizo del norte de Nicaragua; Coronel ® Óscar Lanuzas, famoso Nº. 16 en las filas de la guerrilla del norte, jefe del Batallón de Lucha Irregular (BLI), Germán Pomares; General ® Rodrigo González, jefe de la Brigada de Jalapa; Coronel ® Pedro Argucia, jefe de la Brigada de Quilalí, entre tantos otros que por espacio no los menciono.
Al Ejército le debo haber madurado como persona; la disciplina castrense es formadora de cualidades que posteriormente te dan la oportunidad de asumir otras tareas con cierta ventaja en relación con los demás. Los valores filosóficos e ideológicos, que por la naturaleza política de su génesis me fueran inculcados de manera conscientes, son una de las fortalezas que hoy me hacen sentirme orgulloso de haber pertenecido a sus filas y a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, su creador, aunque a algunos no le simpatice esa idea.
Asumo los aciertos y las equivocaciones que como mando superior tuvo que tomar nuestro ejército en el duro tránsito que tuvo que recorrer para ser hoy una institución reconocida por moros y cristianos. El recorrido no ha sido fácil ya que ha estado lleno de zancadillas que han buscado desestabilizarlo en función de oscuros intereses políticos y económicos provenientes de los grupos de poder organizados alrededor del gran capital.
Otros han pretendido desacreditarlo baja falsa premisas presentadas como verdades, entre ellas, la supuesta discriminación de un oficial que soñó que era General y que hoy aparece orgulloso al lado de los más recalcitrante de la derecha nacional.
Sé que no todo es color de rosa, pero la lealtad como principio a la institución que me formó, me permite el margen razonable de la duda en sus actuaciones, de la que no tengo ninguna es de que siempre estaré seguro como ciudadano porque ningún fusil y ningún cañón se enfilarán en mi contra.

*Capitán ®