Opinión

De negligencias médicas, confianza, seguridades y otras cosas

Entre el vicio de la tolerancia que genera indiferencia y el vicio del castigo que genera temor, parálisis e inoperancia y que tampoco son soluciones, hay una gama de acciones que tenemos que ir desarrollando desde el nivel superior de las estructuras de salud, hasta el recurso humano menos impactante de todo el Sistema; acciones que promuevan la confianza en el proceso médico, en el profesional de la salud, acciones que sustenten y evidencien la seguridad de dicho proceso, donde las dudas razonables, que siempre van a acompañar lo humano, sean llevadas a su mínima expresión

Partamos de un hecho; la negligencia, sea médica, sea técnica, sea administrativa o “sea como sea”, es siempre un acto u omisión del que se desvía como mínimo, de lo comúnmente aceptado o en la objetividad del concepto semántico, un acto, u omisión de el que no cumple con lo declarado (muchas veces escrito y refrendado) como conducta a tomar, en algún momento consecuente en situaciones muy específicas. Subrayo lo anterior, porque aquí se encierra una de las más agudas controversias de hoy cuando se va a juzgar un acto supuestamente negligente.
El estado del conocimiento (y el conocimiento médico no es una excepción), es dinámico, cambiante; más hoy, que la abundancia de información, desborda las capacidades humanas de su adquisición. Si antes un artículo médico se decía atrasado en un par de años, y un libro de texto se estudiaba sin correcciones durante diez, hoy sería muy difícil poner fecha de vencimiento, porque tan pronto como mañana mismo, el conocimiento, de la mano de la celeridad de la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+I), se hace viejo apenas enunciado. Todo esto aporta relatividad y complejidad al juzgamiento con objetividad del acto médico en sus aristas éticas y deontológicas
A raíz de esta problemática de las negligencias que sacuden el al Sistema de Salud, se ha estado hablando unos para justificar y otros para acusar, de la inexistencia de normas y protocolos que indiquen, señalen o conduzcan el ejercicio médico. Tengo el criterio que la falta de normativas, indicativos, leyes, etc., solo es una parte de nuestras carencias; es más, una consecuencia.
La convención (norma, protocolo, acuerdo) indica que ante una situación de tal forma, hay que tomar primero tal o tales conductas. Esta afirmación supone homogeneidad de medios y se deriva, en el caso de la medicina moderna, de las evidencias que van construyendo una norma o protocolo, de lo que hacemos y lo que deberíamos hacer. Cuando a la ligera se trasladan de otro medio, evidencias que lo son allí, puede que de nada sirva un Protocolo si esas evidencias no se observan en el nuestro.
A su vez, las evidencias son el producto de “un proceso sistemático de búsqueda, evaluación y uso de los hallazgos de la investigación biomédica como base esencial para la toma de decisiones en la práctica clínica”. Dicho proceso es dinámico en el tiempo, tiempo, en el que surgen más evidencias que afirman o niegan lo que hacemos y que hasta ese momento fue o sigue siendo por lo que no puede con tal proceso construirse una “horma” para el juicio, a la que debe ceñirse como lo hace un Juez en su momento con el articulado de una Ley.
En el mundo, se avanza hoy a pasos agigantados en el desarrollo de un buen número de áreas de la Salud, transversadas por dos actividades o herramientas como: la Evaluación y la Investigación, así se describen como categorías la investigación de los resultados médicos (outcome research), investigación de la efectividad de la práctica clínica, la investigación en servicios de salud, las ciencias clínicas de la evaluación, los estudios del uso apropiado de las tecnologías médicas, la evaluación socioeconómica en ciencias de la salud, el análisis de la calidad asistencial con herramientas bioéticas y muchas más que se relacionan y van construyendo un cuerpo “doctrinal”, una referencia y no más que eso, insuficiente siempre por su carácter dinámico y la intervención en el del llamado factor humano.
En Nicaragua ocurre un hecho muy particular; un salto brusco en el tiempo de desarrollo paulatino y consecuente del ejercicio médico. En los últimos años la afluencia (avalancha) de tecnología médica llamada “de punta”, ha desbordado las capacidades y las aptitudes médicas creadas, junto al desborde también de las capacidades económicas de servidores de salud y de receptores de esos servicios (pacientes). Esto hace que por el contrario de lo que pudiera pensarse en un País pobre como el nuestro, se perciba una alta disposición de tecnología y el recurso tecnológico diagnóstico y terapéutico. En un buen número de casos, tal posibilidad genera la tendencia al uso no discriminado y en otros, expectativas que se derivan en exigencias. Los pacientes buscan y exigen al médico ser sometidos a extremos en busca del diagnóstico; puede que para ellos sea razonable, pero los médicos no hemos sido capaces muchas veces de explicar y hacer valer nuestro juicio clínico, hemos cedido a esas exigencias en no pocas ocasiones y esto deja un equívoco mensaje y un peor precedente llegado el momento necesario de un juicio clínico basado en la suma de evidencias y no en nueva y más costosa tecnología médica. Estas incapacidades aprehendidas abonan generalmente el engorroso campo de las negligencias a la hora de interpretar el valor médico de un estudio, o la eficacia de un tratamiento o lo que es igual, si debió este hacerse o si fue posible su realización.

Los imponderables crecen
Nicaragua pasa hoy por una etapa convulsa en la evolución del pensamiento y el actuar médicos. Como se comportan las epidemias, así de igual se enferma el sentir y el actuar de un Gremio y las personas a las que sirve (médico-pacientes-familiares) cuando se maneja con ligereza un asunto de tanta importancia como la relación, interdependencia e interactuación de estos tres actores.
Castigos apropiados o desproporcionados, denuncias o invitaciones a denunciar, manejo ligero de la información, protección y amenazas de aseguradoras y otras muchas acciones que no van a las raíces donde nace cada posible negligencia, no le ahorra a los involucrados, inocentes primitivos siempre, ni lágrimas ni descrédito al momento, ni insatisfacciones.
Hay que evitar que toda esta situación se nos vaya de las manos a los actores y mucho más, evitar la tendencia polarizante, clasista y falta de juicio crítico científico. Los médicos en su trabajo no son oligarcas, ni son de izquierda ni de derecha, ni son ángeles ni diablos, son médicos y como médicos enfrentan los problemas. Los que den cabida a otra forma de ser, serán magníficos siempre en esa otra.
Entre el vicio de la tolerancia que genera indiferencia y el vicio del castigo que genera temor, parálisis e inoperancia y que tampoco son soluciones, hay una gama de acciones que tenemos que ir desarrollando desde el Nivel superior de las estructuras de salud, hasta el recurso humano menos impactante de todo el Sistema; acciones que promuevan la confianza en el Proceso médico, en el profesional de la salud, acciones que sustenten y evidencien la seguridad de dicho proceso, donde las dudas razonables, que siempre van a acompañar lo humano, sean llevadas a su mínima expresión.
El estudio cada vez más profundo de los errores médicos, las malas prácticas y las negligencias médicas entre otras, ha demostrado que todas estas se queman en el fuego de la seguridad a través del uso apropiado y racional de los recursos (tecnológicos y humanos), los controles, la medición del desempeño, la evaluación constante del proceso médico, la construcción de un entorno favorable (comunicación efectiva); todos estos y estoy seguro que se me escapan otros, dan seguridad al paciente y al profesional en primer lugar, pero también a la institución de salud y a sus autoridades.
Faltan en un buen número de nuestras instituciones de salud, comités formados por sus propios profesionales, que monitoreen de manera habitual el proceso de salud. Comités de Evaluación de expedientes médicos busquen las posibles debilidades en el registro y evolución de la enfermedad. Comités de Tejidos o evaluación de Intervenciones quirúrgicas que corroboren la coherencia de los diagnósticos con las operaciones realizadas. Comités de medios diagnósticos que califiquen y promuevan su uso racional; en fin, una Organización Segura que protege a todos y todas.
Debemos trabajar todos en esa línea. La confianza y la seguridad se restablecen, evitando, previendo. Lo peor para todos puede estar por venir. Después de un hecho desafortunado, todos perdemos y no hay medidas, leyes ni castigos que repongan lo perdido.

*Nicaragüense de origen cubano Médico Ortopedista
Ex Catedrático Universitario de Universidades cubanas y de la Facultad de Medicina de UCEM, Nicaragua.
emerladet@yahoo.es