Opinión

LA PATRIA


Estamos en el mes en que la patria se vuelve algo aún más especial, sobre todo para los niños y jóvenes de Nicaragua. Rubén Darío ronda por donde pasan los desfiles escolares: “Los claros clarines de pronto levantan sus sones,/ su canto sonoro,/ su cálido coro,/ que envuelve en un trueno de oro/ la augusta soberbia de los pabellones.” El corazón se hace chiquito para albergar esperanzas, y el del General se siente pletórico de buenas intenciones que decide compartir con su pueblo. Pero me parece que el General se equivoca, talvez no en general pero sí en lo primordial, a la hora de sus análisis y consejos que tuvo a bien hacer públicos. Toca con guante de seda el tema de la reelección de su hermano, y es el caso que esa reelección no se está fraguando en un estado abstracto y con candidatos democráticos y probos. Es en Nicaragua, donde la historia de las reelecciones es la historia de los dictadores, sus dinastías, las guerras para derrocarlos y sus finales sangrientos. Esto lo sabe muy bien el ex señor de la guerra, que hoy tiene el gran mérito de aborrecerla. La reelección que se está planteando en Nicaragua no es únicamente de Daniel, sino que de Daniel, la Rosario y su estirpe. No seamos ingenuos hablando, en las actuales circunstancias, de la necesidad “de vida democrática real más profunda”, cuando la aspiración de los monarcas es toda una vida antidemocrática real más profunda. Ésta monarquía no puede dejar de ser intolerante, porque para ella la intolerancia es táctica y estratégica, rodeada como está de parásitos y cortesanos corruptos que de no ser por la reelección, y lo saben muy bien, en un escenario democrático no tendrían futuro político ni económico. La polarización para los caudillos no es un mal que hay que erradicar, sino una situación que hay que fomentar pues es imprescindible para sus esquemas de sobrevivencia dentro de la corrupción.
“y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal,/ ¡saludan con voces de bronce las tropas de guerra que tocan la marcha triunfal!...” Este mes de la patria me trae recuerdos que habiendo podido ser gratos, hoy se visten de luto. “ Las trompas guerreras resuenan; de voces los aires se llenan…” Recuerdos de personas que en el transcurso del tiempo fueron cambiando hasta el punto de traicionarse a sí mismas. ¿Daniel y la Rosario, habrán sido siempre como son ahora, y yo me engañé por haberlos idealizado y querido? ¿O es que aquellos que yo recuerdo nunca fueron y éstos de hoy sí son lo que siempre han sido? Si Daniel y la Rosario, cuando eran buenos, fueran como hoy nosotros ciudadanos comunes y corrientes de un país gobernado por un Daniel y una Rosario ahora que son malos, quiero pensar que aquellos buenos que fueron estarían luchando junto a nosotros contra estos malos que son. Quizás a Daniel le herviría la sangre al verse en esa pareja entronizada, despótica y preparando la sucesión dinástica. A lo mejor reaccionaría indignado al ver cómo los ideales por los que luchó fueron convertidos en rastreras ambiciones por los falsificadores de sus personalidades. Ambos, la Rosario y él, se enardecerían al oír la palabra “reelección”, y la autora de “Gualtayán” volvería sobre sus pasos formando el grupo “Gradas”, para repudiar este presente intolerable y enfrentar la amenaza cíclica de la dictadura reflejada en éstos ellos de hoy. No en tribunas enfloradas y con aires acondicionados, sino en los atrios de las iglesias haría oír su protesta, junto con canciones de Carlos Mejía Godoy y poemas de Ernesto Cardenal. “-A aquellas antiguas espadas,/ a aquellos ilustres aceros,/ que encarnan las glorias pasadas…”
En estos días, 14 y 15 de septiembre, las bandas de guerra de los colegios estremecen pueblos y ciudades con el redoblar de sus tambores y los sones de sus claros clarines “que el paso acompasan con ritmos marciales”. En aquel “cortejo de paladines” de pantalones y faldas azules, camisas blancas, veo desfilar el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Estamos conmemorando la Independencia y la Guerra Nacional, pero como Walker regresó una vez más, el General Augusto C. Sandino se encargó de derrotarlo, una vez más, y de expulsarlo de nuestro territorio. No siento que nos hayamos independizado. Aún vivimos colonizados por nuestros demonios interiores, porque aún no hemos logrado exorcizar la permanente amenaza de que, una vez más, se tiña con sangre de hermanos nuestro glorioso pendón bicolor. Desfilan muchachos y muchachas que le están diciendo un NO a la muerte y un inocente SI a la vida. Ahí van Emanuel Mongalo, Andrés Castro y una ibérica palillona nica que pareciera ser Rafaela Herrera. Desde San Jacinto y El Chipote, los generales Sandino, José Dolores Estrada y Benjamín Zeledón, ven desfilar a la juventud de Nicaragua y no pueden evitar conmoverse. Marchan los colegios. Truenan los tambores y resuenan los claros clarines contra la reelección. Marcan el paso los estudiantes, sudados pero con una fresca sonrisa juvenil que proclama que son el futuro de la patria.

luisrochaurtecho@yahoo.com