Opinión

¿Y si Obama fuera africano?


Los africanos se regocijaron con la victoria de Obama. Yo fui uno de ellos. Después de pasar una noche en vela, en la irrealidad de la penumbra de la madrugada, las lágrimas me corrían por las mejillas cuando pronunció su discurso de vencedor. En ese momento, yo también era un vencedor. La misma felicidad me atravesó cuando Nelson Mandela fue liberado y electo nuevo presidente sudafricano, consolidando así un camino digno para África.
La noche del 5 de noviembre, el nuevo presidente norteamericano no era solamente un hombre que hablaba. Era la sofocada voz de la esperanza que se erguía, se liberaba dentro de nosotros. Mi corazón también había votado, mismo sin permiso: habituado a pedir poco, festejaba una victoria sin dimensiones. Al salir a la calle, mi ciudad [Maputo] se había desbocado para Chicago, negros y blancos comulgábamos la misma sorpresa feliz. Porque la victoria de Obama no fue la de una raza sobre otra: sin la participación masiva de los americanos de todas las razas (incluyendo la mayoría blanca), los Estados Unidos de América, no nos habrían dado motivo para festejar.
En los días siguientes fui recogiendo las reacciones eufóricas de los rincones más diversos de nuestro continente. Personas anónimas, ciudadanos comunes querían testimoniar su felicidad. Al mismo tiempo fui tomando nota, con algunas reservas, de los mensajes solidarios de los dirigentes africanos. Casi todos llamaban a Obama de “nuestro hermano’’. Y pensé: ¿estarían todos esos dirigentes siendo sinceros? ¿Será que Barack Obama está emparentado con gente tan diversa políticamente? Tengo dudas de ellos. En el apuro por ver prejuicios solamente en los otros, no somos capaces de ver nuestro propio racismo y xenofobia. En el apuro por condenar el mundo occidental, nos olvidamos de aceptar las lecciones que nos llegan desde el otro lado del mundo.
Fue entonces que me llegó a las manos un texto de un escritor camerunés, Patrice Nganang, titulado ¿Y si Obama fuera camerunés? Las preguntas que hacía mi colega de Camerún me sugerían otras preguntas diversas, formuladas ahora alrededor de la siguiente hipótesis: ¿Y si Obama fuera africano y se postulara a la presidencia de un país africano? Son éstas precisamente las interrogantes que me gustaría explorar en este texto.

¿Y si Obama fuera africano, candidato a una presidencia africana?

1. Si Obama fuera africano, su contrincante (un George Bush africano cualquiera) inventaría cambios en la constitución para prolongar su mandato más allá de lo establecido. Y así nuestro Obama tendría que esperar unos años más para volver a candidatarse. La espera podría ser larga, si tomamos en cuenta la lista de permanencia de un mismo presidente en África: 41 años en Gabón, 39 en Libia, 28 en Zimbabwe, 28 en Guinea Ecuatorial, 28 en Angola, 27 en Egipto, 26 en Camerún. Y por ahí también hay una docena de presidentes que gobiernan por más de 20 años consecutivos en el continente. Mugabe tendrá 90 años cuando termine su mandato para lo cual se impuso sobre el veredicto popular.
2. Si Obama fuera africano, lo más probable sería que siendo un candidato del partido de oposición, no tendría espacios abiertos para su campaña. Le pasaría lo que en Zimbabwe o en Camerún: sería agredido físicamente, lo echarían preso consecutivamente, le quitarían el pasaporte. Los Bush africanos no toleran opositores, no toleran la democracia.

3. Si Obama fuera africano, no sería siquiera elegible en la mayor parte de los países africanos porque las elites de poder inventarían restricciones que cerraran las puertas de la presidencia a los hijos de los extranjeros y descendientes de inmigrantes. El nacionalista zambiano Kenneth Kaunda está siendo cuestionado, en su propio país, como hijo de malawianos. Convenientemente descubrieron que el hombre que condujo a Zambia a la independencia y que gobernó por más de 25 años era, al final, hijo de malawianos y que durante todo ese tiempo estuvo gobernando “ilegalmente”. Preso por supuestas intenciones golpistas, nuestro Kenneth Kaunda (que da el nombre a una de las avenidas más ilustres de Maputo) está prohibido de hacer política y así el régimen vigente se librará de un opositor.
4. Seamos claros: Obama es negro en los Estados Unidos. En África es mulato. Si Obama fuera africano vería su raza arremetida contra su propio rostro. No es que el color de la piel sea importante para los pueblos que esperan de sus líderes competencia y trabajo serio; sin embargo, las elites depredadoras harían campaña contra alguien que designarían como “un africano no auténtico”. El mismo hermano negro que hoy es saludado como nuevo presidente americano sería vilipendiado en casa por ser representante de “otros”, los de otra raza, otra bandera (¿o ninguna bandera?).
5. Si fuera africano, nuestro “hermano” tendría que dar muchas explicaciones a los moralistas cuando pensase incluir en su discurso de agradecimiento el apoyo recibido de los homosexuales. Eso sería pecado mortal para los abogados de la llamada “pureza africana”. Para estos moralistas -tantas veces en el poder, tantas veces con poder- la homosexualidad es un vicio mortal inaceptable que es foráneo a África y a los africanos.
6. Si ganara las elecciones, Obama tendría probablemente que sentarse a la mesa de negociaciones y compartir el poder con el derrotado, en un proceso de negociaciones degradante que muestra que, en ciertos países africanos, el perdedor puede negociar aquello que parece sagrado: la voluntad del pueblo expresada en los votos. Barack Obama estaría a estas alturas sentado a la mesa con un Bush cualquiera en infinitas rondas de negociación con mediadores africanos que enseñan que nos debemos contentar con las migajas de los procesos electorales que no resultan a favor de los dictadores.

Conclusiones inconclusas
Que quede claro: existen excepciones en este cuadro generalizador. Todos sabemos de qué excepciones estamos hablando y nosotros mismos, los mozambicanos, somos capaces de construir una de esas condiciones.
Que quede igualmente claro: todas estas trabas al Obama africano no serían impuestas por el pueblo, sino por los dueños del poder, por las elites que hacen del gobierno una fuente de enriquecimiento sin escrúpulos.
La verdad es que Obama no es africano. Y la verdad es que los africanos --las personas simples y los trabajadores anónimos-- festejan con el alma la victoria americana de Obama. No creo que los dictadores y los corruptos de África tengan derecho a ser invitados a esta fiesta. La alegría que millones de africanos experimentaron el día 5 de noviembre de 2008 nacía de invertir en Obama exactamente lo opuesto a su experiencia con sus propios dirigentes. Por mucho que nos cueste admitir, apenas una minoría de estados africanos conoce o conoció dirigentes preocupados con el bienestar público.
El mismo día en que Obama confirmaba su condición de vencedor, los noticieros internacionales llenaban los espacios con noticias terribles sobre África. El mismo día de la victoria de la mayoría norteamericana, África continuaba siendo derrotada por guerras, mala gestión, ambición desmesurada de políticos gananciosos. Después de darle muerte a la democracia, esos políticos continúan matando la propia política. En algunos casos solo queda la guerra. En otros, la renuncia y el cinismo.
Si hay una verdadera forma de celebrar el triunfo de Obama en los países africanos es luchando para que más banderas de esperanza puedan nacer aquí, en nuestro continente. Y también, luchando para que los Obamas africanos puedan vencer. Y nosotros, africanos de todas las etnias y razas, podamos triunfar con esos Obamas y celebrar en nuestra propia casa aquello que ahora festejamos en casa ajena.

*Mia Couto es un reconocido escritor y poeta mozambicano galardonado con numerosos premios internacionales.
Traducción del artículo ¿E Se Obama Fosse Africano? publicado en noviembre de 2008 en el periódico Savana de la ciudad de Maputo, Mozambique, por Milagros Terán, poeta y traductora nicaragüense. Premio de poesía Mariana Sansón 2007. Reside actualmente en Maputo, Mozambique.