Opinión

Discursos del Presidente


Establece nuestra Constitución Política que el Presidente de la República es el Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Jefe Supremo del Ejército de Nicaragua; y entre las atribuciones que le confiere la misma Constitución Política me permito transcribir las siguientes: a) Cumplir con la Constitución Política y las leyes, y hacer que los funcionarios bajo su dependencia también las cumplan; b) Representar a la Nación; c) Organizar y dirigir el Gobierno; y d) Dirigir las relaciones internacionales de la República.
El Presidente de la República electo conforme el sufragio universal y dentro del marco jurídico interno, una vez en el ejercicio de su cargo por el período determinado, debe trabajar en beneficio de toda la población de forma integral, priorizando lógicamente los sectores más vulnerables, ya que precisamente dentro de sus labores está la de distribuir la riqueza social de una forma más equitativa. No debería realizar proselitismo político partidario en asuntos de la administración pública como si fueran actos de campaña y mucho menos poner de manifiesto la intención de apoyar proyectos políticos extranjeros que, ateniéndonos a la realidad objetiva de la nación nicaragüense, no constituyen la mejor forma de sacar al país adelante en su desarrollo.
Su gabinete de gobierno no debería ser un instrumento político-partidario de primer orden. No debería instrumentalizar a los empleados y funcionarios públicos en el sentido de convertirlos en una fuerza de avanzada, quienes en su mayoría, en aras de proteger y asegurar su puesto de trabajo participan en las actividades políticas partidarias del partido de gobierno.
El Presidente de la República es el rostro internacional de la Nación y debe hacer valer nuestra soberanía y no permitir que se menoscabe nuestra autodeterminación por ninguna corriente política extranjera. Debe buscar la armonía social, económica y política para la tranquilidad de todos los nicaragüenses. No somos una nación autosostenible, dependemos de la inversión y la cooperación extranjera y dentro del marco institucional debe garantizarse la transparencia en el actuar del gobierno, transparencia que se les exigió a los gobierno neoliberales, quienes aunque de forma tímida, respetaban la institucionalidad jurídica, ya que de forma pública no utilizaron las instituciones del Estado como bastión partidario, aunque por supuesto algunos de esos funcionarios fueron depredadores del erario y deben ser castigados por la justicia.
Todos debemos actuar en pro de la nación, sin embargo, en la vida diaria vemos que la democracia que gozamos no es conciliadora, no es armoniosa, no nos une, sino que los discursos y comparecencias públicas son incisorios, y antagónicos. No debemos vivir del pasado en este presente porque se acentúa aún más la terrible pobreza que nos caracteriza.
Los nicaragüenses no debemos dividirnos en sandinistas y no sandinistas para la gobernabilidad del país. El gobierno no debería enfocarse en plantear todos los días el odio de clases sociales y sus adversarios políticos deben actuar de la misma forma. Es obligación del gobierno denunciar a quienes perjudicaron los recursos del Estado y deben ser procesados y castigados de ser culpables. El ambiente social que vivimos los nicaragüenses no es tan tranquilo y se ha perdido el respeto a la ley cuando se violentan los derechos de un sector de la población que no secunda la política del gobierno. Al final somos nicaragüenses y todos queremos a esta Patria y todos tenemos los mismos deberes y derechos.
Un proyecto político no debe fundarse en actos temerarios, querer mantener a una sociedad bajo un constante asedio y temor, es el reflejo de la debilidad del sistema gobernante. Hay que romper esa práctica para el propio bienestar del sistema político nacional. Los discursos del Presidente deben ser conciliadores y educativos, y no enfocarse en una constante referencia negativa al imperio norteamericano y europeo, so pretexto de la defensa de la soberanía nacional. Eso ya parece un asunto personal y no de nación. La historia vale pero en sentido positivo y constructivo, y no debe olvidarse.
Nicaragua necesita de todos, y muchos hombres y mujeres, hoy mayores, que vivimos la revolución en los años ochenta y que de una u otra forma participamos en ella, esperábamos de este gobierno paz, unidad y reconciliación de todas y todos los nicaragüenses.
La época de arengas políticas y demagógicas estériles no debe resurgir. Al final de cuentas los ciudadanos comunes y corrientes simpatizantes o no del gobierno sufriremos las consecuencias de una mala conducción política actual. Estamos a tiempo para mejorar y sobre todo no debe dividirse a la sociedad y a la familia por asuntos políticos. El pueblo de las bases pone los heridos y muertos, y en cambio los dirigentes políticos están en un hotel, en el plenario o en reuniones departiendo felizmente sus temas y agendas personales para afianzar su propio futuro. Mientras nuestros dirigentes políticos no retomen la visión de nación con sinceridad y patriotismo, siempre seguiremos oscilantes y a la deriva.

*Abogado y Notario.