Opinión

La “Chureca” y otras basuras


Estamos siendo testigos y, como pueblo, protagonistas de un hecho sólo posible de ver, pero imposible de admirar, en los países más atrasados del orbe: una feroz disputa por la basura; disputa iniciada entre humanos y zopilotes, y ahora sólo entre humanos. Los zopilotes por su instinto natural, contribuyen a la salud humana con la limpieza de los desperdicios contaminantes mientras se alimentan, pero se espantan ante los humanos. Los humanos no se espantan ante nada con tal de alimentar su poder, sacan a flote su instinto animal en su riña entre sí, y contaminan el ambiente social con la acumulación de la basura por toneladas. ¡Qué humanos parecen los zopilotes!
Sobre este conflicto se ha informado y opinado a través de los medios de comunicación, de lo cual han surgido informes autorizados acerca de los peligros para la salud, sobre los negocios que personajes ocultos hacen con la basura. Las mezquindades políticas puestas en marcha por algunos elementos del gobierno para perjudicar al Alcalde Dionisio Marenco, también han salido a luz. Nicho se ha hecho un personaje confiable por su labor municipal, por su criterio independiente que contrasta con el borreguismo usado en el actual Frente Sandinista y, en consecuencia, el único de entre sus filas perfilándose como un candidato presidencial.
Grave para Marenco. Ha despertado celos políticos en sus “compañeros”, los que buscan preventivamente --¡demasiado preventivamente!-- cómo desdibujar su imagen, deshacerse de él como un posible rival de su presidente Ortega, quien como se sabe, es un perpetuo pretendiente a la reelección. Pero no voy a insistir en este tema, por ahora.
En esta disputa median otros tipos de mezquindades --y no sorprendería que resultaran peores--. Hay aristas evidenciadas desde el comienzo del conflicto que, sin embargo, son dejadas al margen quizá por ser consideradas sin importancia. Y es cierto, lo son, pero sólo en relación al enorme problema político, económico y social que ha emanado en torno a la basura municipal de Managua. Hubo declaraciones del multilíder y burócrata estatal Gustavo Porras, quien estableció con su autoridad de agitador oficialista, que el conflicto entre la Alcaldía y el sindicato de los churequeros era una expresión de la lucha de clases.
Es natural que haya diferencias clasistas, por el hecho que los funcionarios edilicios y los recogedores de la basura no disfrutan de las mismas condiciones de vida, pues unos poseen recursos materiales que los recogedores de basura están infinitamente lejos de poseer. Pero esas son diferencias económico-sociales que no llegan a tener la categoría --ni por el concepto ni por la práctica-- de una auténtica lucha de clases. Puntualicemos las razones por las cuales no existe este tipo de lucha en torno al problema de la basura:

* En la municipalidad de Managua ni el Alcalde ni otros funcionarios son propietarios de la basura; tampoco ésta es recogida y botada por una empresa capitalista privada, sino como un servicio público de la institución municipal para beneficio de la sociedad capitalina.
* Los recogedores de la basura, por desgracia, son trabajadores cesanteados o marginados de los centros productivos; por eso, en esta actividad ya no son obreros ni proletarios al servicio de un patrón determinado, sino que venden los desechos reciclables que encuentran en la basura a comerciantes, por lo tanto, no media entre ellos nada parecido a un contrato de trabajo entre obrero y patrón.
* La forma de organización de los recogedores de basura puede ser una asociación cooperativa o de otro tipo, pero no una organización sindical. Es elemental: se organizan en sindicatos los trabajadores, obreros o proletarios de un taller, empresa o fábrica, de donde nacen los intereses comunes que deben defender frente al o los propietarios del taller, empresa o fábrica, a quienes les venden su fuerza de trabajo en las condiciones establecidas en un contrato individual o colectivo, y a veces sólo mediante un contrato de trabajo verbal o de hecho. Este no es el caso de los recogedores de basura, como está comprobado.
* No obstante, el multilíder Porras se jacta no sólo de tener organizados en sindicato a los recogedores de la basura, sino también a los trabajadores por cuenta propia, o sea, los vendedores ambulantes que por la misma desgraciada pauperización social en el país, cada vez más creciente, son los obreros, trabajadores o proletarios desplazados de los centros de producción nacionales. Tampoco a ellos les corresponde organizarse en sindicato, sino en otra forma de organización, porque su trabajo no tiene ninguna relación estable --ni siquiera temporal-- con quienes les compran los objetos o productos que venden por las calles o en los semáforos de la ciudad.

La Central Sindical Frente Nacional de Trabajadores (FNT), bastión operativo del diputado y líder “obrero”, médico y funcionario público, Gustavo Porras, se ufana de movilizar a estos dos sectores bajo las banderas del sindicalismo para librar su lucha de clases. Pero al mismo tiempo, descuida o no se atreve a organizar en sindicatos a los millares de proletarios de las innumerables fábricas maquiladoras de las zonas francas que operan como enclaves coloniales en casi todo el país. Ni siquiera tiene organizados a todos los médicos, enfermeras y trabajadores de las clínicas y los hospitales privados, gremio que como todo el mundo sabe, ha sido su principal baluarte en su lucha sindical y política.
A simple vista, las razones que mueven al multilíder para tomar una y otra actitud, distintas respecto a la organización sindical, son de carácter político para la manipulación política y con objetivos oportunistas. Así como ha utilizado a Fetsalud en unas ocasiones para la estrategia de lucha de su partido, en otras ocasiones que a su partido le conviene, le disminuye su beligerancia con un “nuevo enfoque de lucha mediatizadora”, tal como Porras lo dejó patente en una carta recién conocida públicamente.
Ya vemos pues, entre el conflicto de la basura de Managua se puede encontrar de todo; desde una lata de cerveza reciclable, hasta un multilíder manipulador de un sindicalismo “reciclador”.